Carta de ANTONIO GAMONEDA a LUIS MIGUEL RABANAL (Leída en agosto de 1998 en Olleir…)

El poeta Luis Miguel Rabanal.

El poeta Luis Miguel Rabanal.

Aprovechando que este viernes 19 de agosto de 2016 el poeta Luis Miguel Rabanal será distinguido con el premio Omañés del Año, en un acto que comenzará a las 19.30 horas en la Casa de Cultura de Riello, aprovechamos para reproducir esta carta que el poeta Antonio Gamoneda le escribió hace ya 18 años, en agosto de 1998, para ser leída en un acto que entonces tuvo lugar también en Riello.

Al homenaje a Luis Miguel Rabanal que tendrá lugar este viernes 19 agosto de 2016, concebido como un recital poético-musical, está previsto que acudan escritores como Antonio Gamoneda, Rafael Saravia, Alberto R. Torices, Toño Morala, Luis Luna, Felipe J. Piñeiro, Lourdes de Abajo, Miguel Ángel Contreras, Azarías D’Leyre, Antonio Manilla, Carmen Busmayor… así como el cantautor Alfonso Salas. El diploma lo recogerá su hijo, dado que la salud del prolífico autor omañés le impide desplazarse desde Avilés, donde reside desde hace años.

Calle del Poeta Luis Miguel Rabanal, en Riello (León).

Calle del Poeta Luis Miguel Rabanal, en Riello (León).

CARTA DE ANTONIO GAMONEDA A LUIS MIGUEL RABANAL

León, agosto 1998

Querido Luis Miguel Rabanal:

Hoy es un día de las gentes más tuyas, las que te sintieron cercano antes, incluso, de que les dieses motivos para tenerte de manera especial en su corazón; antes de entristecerse por la traición de tu propio cuerpo o de sentirse crecidos en su orgullo por tu talento de poeta.

Puede parecerte que no tiene mucho sentido esto que digo, que, contrariamente, el día es tuyo porque en ti está centrado y tú eres la causa de una reunión emocionante, pero yo, que tiendo a buscar la verdad oculta sin despreciar la que está en primer término (quizá en esto nos parezcamos cuantos nos hemos perdido en el extraño territorio de la poesía), me voy a permitir, con pocos derechos, esta es la verdad, indagar un poco en esa propiedad colectiva de la circunstancia.

Luis Miguel: Riello, La Omaña, son un espacio que se busca a sí mismo (y se defiende cuando ha menester, y esto bien lo sabes tú), y este buscarse a sí mismo supone, lógicamente, la voluntad de encontrarse; encontrarse, sí, en las tradiciones y en la memoria colectiva, pero, sobre todo, en las causas vivas, en los intereses comunes, en los afectos presenciales, en lo que está ahí y es reconocido como propio y necesario. Y se da la circunstancia de que tú, con tu poderosa subjetividad, creador de un universo poético que pudiera ser entendido como rigurosamente privado, te has convertido en todos y cada uno de los hombres y mujeres de esa colectividad. Diré por qué.

No porque hayas escrito una docena, quizá larga, de libros que tienen una importancia y una gravedad indiscutibles en la poesía española, por mucho que tú rehuyas la notoriedad; no porque hayas obtenido premios con los que otros ya se sentirían sólidamente instalados en la historia de la literatura. Es por algo más sutil y más serio.

Yo me he dado cuenta de que tú, por razones de vigor intelectual, moral y emocional, has venido a ser algo así como ‘la conciencia’ de Omaña. No quiero decir, quede claro, el gestor que asume los problemas prácticos, aunque alguna vez no te hayas desentendido de ellos, sino otra cosa más infrecuente y difícil: algo así como la concentración espiritual, el “lugar” (¿te habían llamado alguna vez “lugar”?) de la capacidad de resistencia, de sentido de lo justo y lo injusto, de indignación, incluso, y, finalmente, de solidaridad y amor a la vida, a esa misma vida que es injusta con los pueblos de La Omaña, con los hombres y mujeres de La Omaña y, en especial, contigo.

¿Voy haciéndome entender? Muchos, todos, piensan para sí mismos: “Luis Miguel: éste sí que sabe hasta qué punto es dura la realidad”. Y, simultáneamente, piensan también que tu dura realidad la has vivido siempre sin deponer la amistad o el amor.

Por esto tú eres su conciencia, es decir, por esto tú eres ellos, y por esto el día de hoy es de ellos: su día: su día en ti.

Yo, que no tengo conmigo el honor de ser omañés de naturaleza, pero que algo tiene que tocarme de todo esto aunque no sea más que por el respeto fraternal que te tengo; yo, que me he sentido expresado también por ti en muchas líneas de tu bella y temible escritura, me atrevo a decirte estas verdades en una carta que ha de ser pública porque no es solamente para ti.

Alguien (no sé quién, pero sí sé que será alguien que te quiere) leerá esta carta en alta voz. Aprovecho el préstamo oral para decir a todos: Omañeses: porque algo me toca en todo este asunto, ¡gracias! No puedo estar con vosotros, pero estoy poniendo todo mi corazón en este recado. Esto no es un escrito protocolario; es una carta de amistad. Y de agradecimiento.

Y a ti, Luis Miguel, más allá de la admiración y la solidaridad, un abrazo que vale para hoy y para siempre.

   Tuyo, vuestro

                      Antonio Gamoneda

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