‘Independencia y densidad’, una reseña de JUAN CARLOS SUÑÉN sobre la antología ‘Solo luz’

Antonio Gamoneda en una caricatura de Juan Carlos Suñén.

Antonio Gamoneda en una caricatura de Juan Carlos Suñén.

Antonio Gamoneda: Sólo luz

“INDEPENDENCIA Y DENSIDAD”

Por JUAN CARLOS SUÑÉN
[Publicado el 23 de junio de 2011 en CríticaDeLetras]

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Antonio Gamoneda: “Sólo luz”. Junta de Castilla y León. Valladolid, 2000. 175 páginas.

Una antología de Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), un poeta alejado de catalogaciones generacionales y de racimos profetizantes, anclado en su León de adopción por circunstancias que encubren, seguramente, una voluntad de alejamiento del centro (y de las pertenencias heredadas) nada ajena a las solicitudes de su escritura, era a estas alturas obligatoria, seguramente; aunque no sé si necesaria. Que ésta haya sido realizada por él mismo garantiza, al menos, una dirección de lectura si no más acertada que otras, sí al menos más autorizada que casi todas.

En cualquier caso no era (y no ha debido resultárselo tampoco a Gamoneda) tarea sencilla la de entresacar fragmentos de un obra que, especialmente a partir de Descripción de la mentira (León, 1977), pero ya apuntando intenciones con anterioridad, ha ido dejándonos libros “de poema” completos y cuya continuidad de un libro a otro parece apuntar con claridad a un poema único.

La antología, a pesar de los riesgos de descontextualización señalados (que el autor bandea mediante un prólogo mínimo pero esclarecedor), servirá también para dar a conocer aspectos de la labor poética de Gamoneda quizás eclipsados por la publicación de Edad (Madrid, 1987), libro que reunía su obra completa hasta el momento (reordenada, corregida, y completada en buena medida), con el que en 1988 ganaba el Premio Nacional de Literatura. Digo esto porque si es cierto que fue Edad el libro que popularizó su poesía, y que sigue siendo el libro a través del cual más lectores van encontrándosela aún, no serán pocos los que se hayan quedado en él sin preguntarse por una producción posterior tanto o más interesante.

La obra de Antonio Gamoneda posee (es una opinión) una bisagra clara: Descripción de la mentira, un libro (y me temo que esto sea otra) sobre lo que el novelista Rafael Chirbes llamaba en su día la “gran traición” de una transición hecha a espaldas de los trabajadores, pero en el que Gamoneda toma conciencia de un proyecto poético personal y ambicioso: el del relato subjetivo de una conciencia hacia la disolución en lo general y hacia la muerte en lo particular. Lo que no significa que antes no encontremos ya los síntomas de tan proyecto (una bisagra es eso que propicia un cierre o una apertura, pero que a la vez une dos piezas adjudicándoles un nuevo sentido). No es raro, en efecto, encontrar formulaciones en poemas muy anteriores que encajarían perfectamente en Lápidas (Madrid, 1987), o en Libro del frío (Madrid, 1992), con sólo reorganizar su versificación. Lo que me hace pensar que a partir de cierto momento la voz de Gamoneda experimenta una liberación, una interiorización de la música de la historia que ya no necesita apoyarse ni en ritmos tradicionales ni en melodías de moda, sino que ha aprendido a escuchar en su propia conciencia esa organización abierta de lo sucesivo que caracteriza su largo fraseo, ceremonioso y directo a la vez, brillante y profundo a un tiempo. Una búsqueda, seguramente, que no habría dado los mismos frutos de no haber sido por el paso del poeta a través de las formas musicales afroamericanas en Blues castellano (Gijón, 1982), un libro prohibido en su día (1966) por la censura en el que el poeta se cuestiona planteamientos anteriores y desnuda su fraseo de retóricas al uso. Blues: comunicación de un adulto a otro adulto sobre asuntos de intenso contenido emocional.

Tiene que lidiar el autor, por lo visto, con esa ya gastada discusión (exclusiva de este país) sobre las intenciones y deberes de la poesía actual, y matiza en su prólogo su posición al respecto. La vivencia poética de la experiencia no es, no puede ser, automáticamente verbalizada, sino que es necesario interrogar al lenguaje mismo, obligarle a configuraciones que nos ayuden a conocerla reconociendo en ella aquella intuición que la experiencia dejó en nosotros (y que fue la que nos movió a compartirla). El resultado es esa rarísima combinación de independencia y densidad que sólo los mejores saben imprimir a su escritura.

La de Gamoneda, en fin, es una de esas lecturas fundamentales para todo el que quiera saber algo sobre nuestra poesía de los últimos cincuenta años y también de los próximos (pues su influencia en los más jóvenes es evidente). Esta antología servirá a muchos para acercarse a ella, desde el criterio del propio autor además, pero eso sí (y he de insistir en ello), no exime de una lectura completa de cada libro. Porque aquí Gamoneda está y no está, es y no es, se entrega y se disfraza.

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