Entrevista con Gamoneda en La voz de Asturias (2008)

Página de la entrevista.

Página de la entrevista.

 Rescatamos una entrevista publicada con Antonio Gamoneda publicada en el diario LA VOZ DE ASTURIAS, el 7 de marzo de 2008:

ANTONIO GAMONEDA:

“Ángel estaba enfermo de soledad, y que
dijera que le utilizaban les ha enfurecido”

Por GEORGINA FERNÁNDEZ

Está en Oviedo y es noticia. Su desencuentro con el entorno de Ángel González, tras la muerte del poeta asturiano ha desatado una tormenta. Primero Almudena Grandes y Joaquín Sabina; y muchos otros detrás, le han crucificado. Así que hablamos un poco de todo, de la poesía, de Clarín, de esas memorias en las que hablará de su infancia… Pero los dos sabemos que, finalmente, habrá que tocar ese espinoso asunto.

Viene usted a hablar a la Universidad y alguien de ella, Emilio Alarcos, creo que fue quien le animó a escribir tras aquella pausa de varios años
Exactamente. Fue el año 1975, y sin decirme nada. Un buen día recibí de la Fundación Juan March la concesión de una beca que me obligaba a escribir un libro en un año. El entonces era consejero de la Fundación y sé que fue quien hizo la operación.

¿Es la poesía un vicio necesario y solitario?
No es un vicio. En todo caso es una necesidad para algunos y, desde luego, es un hecho eminentemente solitario. Lo importante es la soledad; el silencio y un folio en blanco Necesario? Quizás sí, aunque tiene una proyección minoritaria.

¿Sigue habiendo dos Españas?
Sí. Estamos asistiendo al espectáculo de dos Españas enfrentadas.

¿Tanto como en su niñez?
No tanto como en los años 30, pero vamos camino de ello.

¿Vio el debate Zapatero-Rajoy?
El segundo.

¿Qué le pareció?
Zapatero hace política pensando en los intereses sociales y Rajoy, pensando en los poderes económicos. El discurso político es en ambos lados muy generoso, prometiendo la felicidad, la justicia…

¿Qué le parece la niña de Rajoy?
Una anécdota sin significación. No veo muy acertado el invento.

¿Hay camarillas en la poesía?
Siempre las ha habido. Por lo menos, desde hace 500 años; y actualmente, también; y yo, precisamente por provinciano, y por mi carácter, no tengo conciencia de estar en ninguna.

¿Eso le ha perjudicado?
No lo sé. Yo pienso que a la poesía, que hemos dicho que es una actividad solitaria, eso no la perjudica; a la presencia mediática, puede que sí. Eso no me hace sufrir.

¿Qué le parece el poeta asturiano José Luis García Martín como crítico?
Tiene la visión de la poesía que él cree que le conviene tener; y de otra parte, no es muy respetuoso con las verdades. Las verdades personales incluidas.

Para referirse a una mujer que se dedica a la poesía ¿prefiere la palabra poeta, o la de poetisa?
Poeta. Poetisa es un arcaismo en estos momentos. El sexo no tiene por qué diferenciar en eso.

Usted reivindica las voces de algunas poetas como Olvido García Valdés o Blanca Varela.
Por razones culturales de mucha antigüedad las poetas son menores en número, pero la calidad no tienen nada que ver con eso.

¿Conoce a algún poeta asturiano que prometa, que sea relevante?
Prometer no es lo mismo que ser relevante. Prometen poetas jóvenes. La relevancia es algo que se obtiene en la madurez. Con sinceridad, hay varios poetas jóvenes que prometen, pero ese poeta maduro y relevante; quizás por ignorancia mía, no le veo.

Prepara sus memorias. ¿Ese ‘Armario lleno de sombras’ existió realmente?
Existió y existe en mi casa de León. Lo conocí siempre y lo abrí dos años después de morir mi madre. Aparte de las sombras, encontré ropas, objetos, documentos, fotos…que, de alguna manera, me ayudaron a reconstruir mi pasado, e incluso la vida familiar anterior a mi vida.

Su padre era un poeta modernista. Escribió ‘Otra más alta vida’, un libro muy importante para usted, creo.
Exactamente. En 1936, cuando yo tenía 5 años y quería aprender a leer. Las escuelas, en virtud de la seria depuración y represión de los enseñantes, estaban más cerradas que abiertas. Trabajosamente, aprendí a leer en ese libro y me marcó, en el sentido de que fue muy importante descubrir la escritura y la existencia de un lenguaje que tenía algún tipo de música; el lenguaje de la poesía.

Y hay un episodio en su infancia con un caballo disecado que tiene que ver con fusilamientos.
Tenía 7 años; no había terminado la guerra. Me llevaron a ver ese caballo, que estaba en el penal de San Marcos y el niño que yo era; casual y desgraciadamente pudo ver cómo limpiaban la sangre de un patio.

Todo eso saldrá en sus memorias, supongo.
Sí, ése y otros hechos estarán en ellas.

¿Cuándo podremos leerlas?
Las he grapado y las tengo puestas a enfriar para leerlas dentro de dos o tres meses. Ahora no hago más que viajar.

¿Le influyeron los versos de su padre?
Me influyeron en el sentido de hacerme descubrir el lenguaje poético, pero la tonalidad, el sentido, la tendencia de mi padre, no.

¿A su madre le gustaba su poesía?
Ella encontraba emocionante que el hijo fuera poeta como el padre, pero no sé si mi madre tenía una visión crítica a favor o en contra.

Pero la poesía de su padre le gustaba. Fue el único libro que se llevó a León.
Pudo llevarlo también por razones puramente sentimentales, pero para ella, dentro de la tristeza, había un espacio de luminosidad emocionante en el hecho de que mi padre hubiera sido poeta.

Y ahora creo que tiene usted una hija poeta.
No lo sé. Sospecho que sí. A mi hija mayor –me entristece pero es así– le estorba la existencia del padre, en tanto poeta, aunque me adore, y yo a ella. Lo que ejerce con autoridad internacional es la crítica literaria, especialmente la relacionada con la literatura francesa. Tiene dos libros publicados, pero no de poemas porque ella los esconde.

¿Me equivoco si el de “la luna sangra en el río” es su poema preferido?
Lo dijo mi nieta Cecilia a los 7 años y yo pensé que se le había quedado de oír o leer algún poema de Lorca, pero he mirado Lorca, arriba y abajo, y nadie lo conoce. Es una ocurrencia de mi nieta, que no garantiza su futuro como poeta, pero que es tremendamente poética en la expresión, y hasta en términos métricos.

¿Ha conseguido ya la biografía de Clarín?
La tengo, con otros 200 libros que no he podido mirar desde hace más de un año.

El biógrafo de Clarín dice que merece una casa museo.
Si existe documentación de Clarín y es inconsultable, es un descuido muy serio de las instituciones a las que correspondería actuar.

El archivo de Aleixandre se vende.
Ojalá, pero si han dejado que su casa, poco menos que se venga abajo, no parece que estén muy preocupados por él. Ojalá me equivoque y se pongan en marcha, pero el de Clarín es, probablemente, más necesario e importante que el de Aleixandre, dicho con respeto para el poeta Vicente Aleixandre, un miembro más, y no el principal de la llamada Generación del 27. Clarín, desde mi punto de vista es el mejor novelista español del siglo XIX. Hay una diferencia cualitativa. Excelente poeta Aleixandre, pero Clarín es mucho Clarín.

Hay escritores, poetas, que prevén en vida qué pasará con sus legados.
Sí, hay algunos que se preocupan. Estoy pensando en Valente. Cuando supo que estaba seriamente enfermo preparó las cosas muy bien. La mayor parte de nosostros no nos preocupamos; no tenemos tiempo, o no tenemos ganas. Un caso lamentable es el del poeta Claudio Rodríguez. Han salido a la luz poemas que no quería sacar nunca y que tenía tirados.

¿No teme que pase lo mismo con su obra?
Lo temo, pero menos, por una simple razón: Me ocupo de destruir todo aquello que no merece la pena.

Ángel González dejó prevista una fundación para su legado.
Me alegro mucho y espero que se pongan los medios necesarios, no solamente para la conservación, sino para favorecer el conocimiento y el estudio de Ángel.

¿Qué pasó con usted y Angel González?
Qué está pasando todavía, porque hace cuatro días, se publicó en Oviedo un artículo contra mí. Yo pienso que hay un alejamiento de la verdad en la polémica, cuando un grupo de amigos de Ángel trabajan para crear la opinión de que yo he menospreciado a Ángel. Es el grupo de amigos que le acompañaban, lo cual en cierto modo sería de agradecer, porque yo creo que últimamente, Ángel estaba enfermo de soledad. El grupo le utilizaba porque necesitaban tener un fuera de serie de su línea y tendencia y decidieron consagrar a Ángel como tal. Eso ya es una forma de utilización. Y lo que ha provocado la irritación de esta gente es que yo dijera que utilizaban a Ángel y añadía que no ténía interés en decir los nombres. Que dijera que le utilizaban les ha enfurecido. Yo no dije nada contra ángel, salvo que como pasó con tantos poetas: con Guillén, con Dámaso Alonso, con Alberti, con Claudio Rodríguez… conmigo mismo, los últimos años de su vida, su poesía es declinante. Pero esto lo decía él mismo: “Escribo, pero no la veo. No la veo”.

Él decía que últimamente no le llegaba la musa.
Sí, es una manera de hablar.

Hay muchos desencuentros entre poetas. Valente, por ejemplo, tuvo muchos críticos.
Sí, decía lo que tenía que decir, pero lo decía con aspereza. En los últimos cuatro o cinco años de su vida conservó pocas amistades. La mía sí, pero muy pocas. Era muy áspero en la expresión y cuando murió, con ese sí que se ensañaron. No yo. Lo mío es un ensañamiento inventado, según mi conciencia.

También Clarín tuvo muchos enemigos por no morderse la lengua.
Clarín también era un hombre ajeno a las camarillas. Era un estudioso, un trabajador, y sabía que la escritura de creación es un hecho solitario y exigente con el que hay que luchar con la fuerza que uno tenga y las verdades que decía le crearon enemigos en una especie de cohorte posromántica, que era lo que predominaba entonces.

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