José Enrique Martínez reseña “La prisión transparente”

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LA PRISIÓN TRANSPARENTE
Antonio Gamoneda
Ed. Vaso Roto, 2016. 

Por JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
Publicado en el suplento Filandón de Diario de León, el 29 de enero de 2017

Portada del libro.

Portada del libro.

Piensa Gamoneda que el portugués Helder es, probablemente, el mayor poeta contemporáneo de Europa. Yo vierto tal afirmación sobre el propio Gamoneda eliminando el «probablemente». Desde un rincón de nuestra ciudad lanza la luz de su palabra abriendo brechas en la oscuridad del mundo, de su propia alma y de la nuestra.

La prisión transparente es su nuevo libro; mejor dicho, el título de portada para tres poemas-libro: el primero lleva el mismo título del volumen; el segundo, No sé; y el tercero Mudanzas, precedidos de un prólogo del mismo Gamoneda cuajado de Confidencias y avisos, como lo titula. Rescato una idea inicial: la escritura le sirve para liberar su pensamiento y surge como «obediencia a un impulso» de carácter rítmico. «Estoy cansado» comienza La prisión transparente, para terminar: «Yo era, /yo soy / la prisión transparente. / Estoy / muy cansado».

El poeta nos hace entrar en esa prisión que es él mismo, su cuerpo, su ser, su pensamiento atosigante o acuciante. Imposible leerlo con serenidad. Su palabra impele, fuerza y mueve. Entre el saber y el no saber, su escritura en zigzag, con incisos, avances y retornos, da cuenta de un pensamiento poético e inquisitivo que conmina (o se conmina a sí mismo) con el imperativo reiterado: «reflexionemos», signo de ese proceso de indagación de un yo que, «reo de lucidez», se bate entre afirmaciones y negaciones, dudas más que certezas, saber y no saber, excepto en uno de sus «extravíos»: «Yo amo. No / lo comprendo y / no necesito / comprenderlo: / sucede».

El estribillo de dos palabras «lapidarias, negativas, denotativas y hasta interrogativas» dan título al segundo poema-libro: No sé, escrito desde los «venenosos líquidos» de la edad, sumando términos alusivos a la extinción temporal, a «los ángulos rectos de la vejez» y «la gramática fría de los epitafios». Acaso el amor sirva de nuevo de salvación ante tanta angustiosa opresión: «No sé, pero sí, amor, tu torturada espalda, sí, amor, tu despiadada ternura».

En Mudanzas parte Gamoneda de poemas ajenos para escribir otro poema. Poemas de Tralk, Nezahualcóyotl, Mallarmé y Helder; y de Plinio, Dioscórides y otros para explotar las posibilidades de un lenguaje que fue científico hace siglos y hoy puede ser poético merced al tiempo que todo lo muda «por no hacer mudanza en su costumbre».

La prisión transparente es un libro formidable y conmovedor, es decir, perturbador, que mueve el ánimo fuertemente y con eficacia estética.

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