«El once ensangrentado», un poema de Antonio Gamoneda

El poema de Gamoneda, en una página de El Mundo / La Crónica de León.

[Este poema de Antonio Gamoneda apareció publicado en la edición nacional del diario El Mundo, y en sus distintas ediciones locales y regionales, el domingo 14 de marzo de 2004, tres días después de que diez bombas estallaran de forma casi simultánea, pasadas las 7:30 horas de la mañana, en cuatro trenes de la red de Cercanías de Madrid, en un atentado devastador llevado a cabo por una célula yihadista (como revelaron las posteriores investigaciones) que dejó 191 muertos y unos 2.000 heridos.] 

EL ONCE ENSANGRENTADO

…un río de sangre tierna.
Un río que viene cantando
por los dormitorios de los arrabales,
y es plata, cemento o brisa
en el alba mentida de Nueva York.
Federico García Lorca

A las siete de la mañana, en Alcalá de Henares,
Miguel de Cervantes, olvidando que está muerto,
se levanta y se arranca los ojos
para no ver salir los trenes de la sangre.

En Nasiriyya son las nueve. Faik,
mi buen amigo y vendedor de luz,
olvidando que ha muerto en Nueva York,
entra llorando en un pozo de sangre.

En Washington son las once. El señor Bush
va a acostarse. Le da gracias a Dios
porque de un país lejano y petrolífero
salen barcos llenos de sangre.

En Madrid, el presidente del Gobierno
piensa que hoy será un día trabajoso
y que podría ser mucho más cómodo
estar desayunando en las Azores.

La dinamita incendia la mañana
y el corazón cansado de Ramón
muere noventa veces en Atocha
y en Santa Eugenia y en el Tío Raimundo,
y arden y se consumen para siempre,
cien veces más, los pechos de Paloma
y se cubren de sangre los caminos de hierro.

Tal como están las cosas, desde ahora,
digo yo, desde ahora en adelante,
no va a ser posible, en Madrid y en España,
pensar seriamente en el desayuno.

En Washington, al parecer, el señor Bush
no ha descansado bien. Le pide a Dios
que bendiga a Paloma y a Ramón
tantas veces como se haga necesario,
dado que España es un gran país
lleno de sangre.

Y el presidente de ese gran país,
preocupado, seriamente preocupado,
añorando su desayuno, dicta
una declaración institucional
sobre los inconvenientes de la sangre.

Señor Presidente: ¿sabe lo que le digo?
Le digo de una vez y para siempre que,
sea usted quien sea y se llame como se llame,
no vuelva más a las Azores.

ANTONIO GAMONEDA

Página de El Mundo / La Crónica de León con el poema de Gamoneda.

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