Gamoneda, tras ser galardonado con el Cervantes 2006: «Mi pasión está en la hoja en blanco»

Antonio Gamoneda, acompañado de su hija Amelia, atiende a los medios en la Biblioteca de la Fundación Sierra Pambley, en León, el 2 de diciembre de 2006.

[Recuperamos la transcripción íntegra, en forma de preguntas y respuestas, de la insólita y multitudinaria «rueda de prensa» que Antonio Gamoneda ofreció en León, el 2 de diciembre de 2006, tras conocerse que había sido galardonado con el Premio Cervantes 2006]

ANTONIO GAMONEDA:

“Mi pasión no son los premios, ni siquiera las críticas, aunque sean muy elogiosas. Mi pasión está en la hoja en blanco”

Por ELOÍSA OTERO

Un poco agobiado por la avalancha mediática que se le venía encima, a su regreso a León, tras ser galardonado con el Premio Cervantes justo el mismo día (30 de noviembre de 2006) en que recogía en Madrid el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el poeta Antonio Gamoneda recurrió a un ardid: convocar un encuentro con todos los periodistas interesados y resolver de un plumazo las numerosas peticiones de entrevistas y declaraciones para los distintos medios de prensa, radio, televisión e internet. La insólita y multitudinaria “rueda de prensa” tuvo lugar el sábado, 2 de diciembre, a las 12 de la mañana, en la vieja y entrañable Biblioteca de Azcárate (Fundación Sierra Pambley), un lugar que para el poeta era como su segunda casa.

Allí, acompañado de su hija Amelia –coautora, junto con Fernando R. de la Flor, de la edición de la antología ‘Sílabas Negras’ que acaba de publicar la Universidad de Salamanca, con motivo del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana–, Antonio Gamoneda respondió a todas las preguntas que se le plantearon, sin eludir ningún tema.

Ésta es la transcripción, íntegra, del encuentro entre los periodistas y el poeta leonés:

Hay quien dice que ya era hora de que se reconociera la labor de un poeta con el Premio Cervantes…
Bueno, hay varios poetas españoles con el Cervantes, yo creo que son tres. No, no, son más, quizá cinco… Pero esa nómina de españoles y de iberoamericanos a mí me parece que me sobrepasa. Es decir, que este premio me pone en una altura un poco vertiginosa, vaya.

Todavía es muy pronto, pero ¿tiene pensado sobre qué va a hablar en su discurso, cuando recoja el Cervantes?
No, claro. Me parece que es el día 23 de abril… No sé, voy a contestar con una obviedad: voy a hablar de la vida y de los trances históricos españoles –pienso que andaré por ahí, no estoy muy seguro…–, en cuanto que de ellos depende la aparición de la poesía que, desde mi punto de vista, es una emanación de la vida. La poesía no tiene nada que ver con la ficción, que la ficción en la literatura es una creación grandiosa. La novelística, por ejemplo. Pero si bien es cierto que la poesía puede estar en cualquiera de los géneros académicamente codificados que existen, pues esa poesía, proceda del género que proceda, no solamente del orden poemático… yo digo a veces que no es literatura, que es, como decía, una emanación de la vida.

De usted se dice que era el eterno finalista para muchos premios. ¿Qué se le pasó por la cabeza cuando le comunicaron que había ganado el Cervantes?
Pues que me habían destituido como finalista… (risas). Me lo tomé con bastante tranquilidad, creo que sí.

¿Y qué diferencia hay entre este premio y otros que ya tiene? ¿Son todos los premios iguales, son diferentes?
Bueno, a éste le llaman, con un poco de hipérbole, el Nobel de las Letras españolas. Entonces, parece ser que es al que se da más importancia en la lengua española, dado que, como sabéis, es casi una ley no escrita que un año se de a un escritor iberoamericano y otro año a un español. En fin, el premio, como tal premio, es muy importante para mí. Ya lo era el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, y como la vida está llena de coincidencias, pues ocurrió que el día que iba a recoger el Reina Sofía pues resulta que era el día en que se fallaba el Cervantes.

Usted ha aludido a ciertas “campañitas” en su contra por parte de ciertos medios de comunicación. Incluso algunos dijeron que usted es el poeta de ZP. ¿Qué le parece esa vinculación con el presidente del Gobierno?
Sí, no solamente eso. Hay un grupo de poetas españoles, con una tendencia, al parecer, propia, coincidente en todos, de una forma de hacer poesía, que tenían su candidato, lo cual me parece muy bien, que pujasen a un amigo y a alguien a quien consideran un poeta importante. Me parece espléndido. No me parecía tan espléndido, aunque tampoco me produjo nerviosismo ni disgusto ninguno, el hecho de que, por ejemplo, en un mismo periódico o en un mismo suplemento, se dedicasen unas cuantas páginas favorables a ese candidato y reservasen una a tratar de ponerme en ridículo a mí, por ejemplo en relación con un prólogo que yo había hecho, diciendo que no se entendía nada. ¡Claro, cómo se iba a entender! Cortaban las frases, las sacaban de contexto… y aquello era ininteligible. Pero sí, había una intención en ese sentido. Y también han aparecido insinuaciones, y más que insinuaciones, casi afirmaciones periodísticas, en el orden de que claro, que yo soy amigo del presidente del Gobierno. ¡Claro que soy amigo!. ¡Poco menos que lo vi nacer!. Pero el presidente del Gobierno yo creo que tiene cosas mucho más importantes que hacer que ocuparse de un premio, aunque sea de esta especie. Creo que tiene cosas mucho más importantes que hacer y además pienso en él como una persona que no solamente en ese orden, sino en todos, no puede haber hecho nada que pueda ser calificado de inoportuno. Por otra parte, yo en mi vida he hablado con ZP en relación con premios de ninguna especie. Nunca.

¿Sigue creyendo en la literatura, en la poesía con compromiso?
La poesía lleva siempre un compromiso consigo, que no tiene por qué ser ideológico, ni político, exactamente. Porque se da la circunstancia de que para eso existen otras formas de manifestación que están en vuestras manos, precisamente, y que son las que tienen que hablar del compromiso ideológico y político. Pero la poesía tiene un compromiso más amplio. Y esa amplitud consiste, como decía antes, en dar cuenta de cómo avanzamos hacia la muerte. Ojalá que ese avance sea para todos los poetas un transcurso feliz… Ese es el compromiso real. En una palabra: si un poeta –me parece que no es mi caso– se dedica a meter en un poema las copas que se tomó la noche anterior, o lo bien que lo pasó con una chica o con un chico o lo que sea, está relatando cómo avanza hacia la muerte. Avanza de una manera gozosa. Bien. Entonces, ése es el compromiso de la poesía, el que decía yo antes, el corresponderse con la vida y ser una manifestación de la vida individual, aunque esta individualidad se dé lógicamente en un contexto histórico. Ese es el compromiso fuerte. Dicho de otra manera, el compromiso consiste en apartarse de la ficción.

Decía Antonio Pereira que este premio le va a servir para dejar de ser un escritor de culto, y para dejar de estar oculto. ¿A usted le apetece que eso ocurra?
Bueno, a mí lo que realmente me gusta es vivir lo más tranquilo posible, y la tranquilidad –vosotros lo sabéis por vosotros mismos– no se produce muy fácilmente. Es decir, que si bien acepto y doy por descontado que una circunstancia de este tipo levanta la notoriedad del interesado, en este caso el mío, eso me parece importante pero secundario. A mí lo que me interesa es el propio hecho de la escritura, mi pasión está en la escritura. Suelo decir que mi pasión no son los premios, ni siquiera las críticas, aunque sean muy elogiosas. Mi pasión está en la hoja en blanco.

Hay quien sostiene que su libro ‘Descripción de la mentira’ refleja muy bien lo que fue la vida durante el franquismo…
El libro ‘Descripción de la mentira’… quizá no es coincidencia el que se escribiese dentro del año 76, inmediatamente con la desaparición del dictador Franco. Es cierto, es cierto, que en el desarrollo poemático de ese libro existen referencias al curso del franquismo. Se trata, sin embargo, de referencias que no están perfectamente claras, porque yo entiendo que la poesía no es un lenguaje normalizado, sino un lenguaje que se corresponde con un pensamiento que aparece en el momento precisamente en que, por decirlo de alguna manera, se disuelve la normativa común del pensar. Bien, la poesía no es informativa. Ahora sí, tienes razón en una cosa: el libro está cargado de referencias al trance histórico del franquismo, que fue bastante largo, por cierto, y yo lo viví íntegramente desde 1936. Pero esto se dice ahora. En su momento nadie dio en pensar… –bueno, nadie no, sí, hubo críticos que sí lo vieron, un par de ellos, no más– que era un relato histórico, autobiográfico y simultáneamente histórico. Más bien pues… solían decir que era una acumulación de poesía surrealista, sin orden… Ciertamente no tiene orden en el sentido que tendría que tenerlo un relato informativo. Y ahora, desde hace unos años, sí, ese libro empieza a verse tal y como tú has dicho.

¿Cómo ve el futuro de la poesía y qué poetas actuales o más jóvenes le gustan?
Bueno, supongo que no va a parecer muy bien el que diga que la poesía… –naturalmente conmigo dentro, yo incluido– … que la poesía española no está en un buen momento. La poesía española, cualitativamente –si se pudiera sacar una media aritmética de la calidad–, estaría por debajo por ejemplo de la de Portugal. O de la poesía que se escribe actualmente en gallego. Entonces se da otra circunstancia complementaria, y es que yo, sí, recibo muchos libros… pero no tengo sin embargo establecido un escalafón de preferencias en relación con la poesía joven. Yo lo que espero de la poesía joven es que se dé cuenta de que estar en la tradición de la poesía no consiste en regresar a fórmulas realistas que tenían mucho sentido en la Edad Media, porque en la Edad Media la poesía era el único elemento mediático: con él se denostaba o se alababa al poderoso, se transmitían creencias, etc. Pero claro, hace 500 años empieza la tipografía y lentamente llegamos a los medios de comunicación y de información que vosotros conocéis mucho mejor que yo. Porque yo, por ejemplo, no me he asomado todavía nunca a una página de Internet, no sé lo que es eso. Entonces, si la información y el pensamiento normalizado, y el compromiso, pueden y deben canalizarse por medios tecnificados tan potentes como son esos que conocéis: la prensa, la tv, el internet (que desconozco)… la poesía ¿es que tiene que hacer lo mismo? Yo pienso que no. Pienso que hace 500 años, en España, en el momento de Garcilaso, coincidente con el de la aparición de la tipografía, se dio una inflexión muy radical en el pensamiento poético, y éste pasó de ser un pensamiento discursivo, y posteriormente lenguaje informativo, pasó de eso a ser lenguaje de búsqueda de lo oculto, de creación pero, dado que se trata de búsqueda de lo oculto, también de revelación. ¡Ojo!, no estoy hablando de revelación en relación con las trascendencias y las divinidades, sino con lo oculto. Esto no es ninguna novedad. San Juan de la Cruz creía que estaba hablando de su experiencia mística. Bueno, sí, estaría hablando de su experiencia mística. Pero simultáneamente de lo que estaba hablando era de la naturaleza de la poesía, y decía que se trataba de “un no saber sabiendo”, de un “entender no entendido”… Y bueno, pues yo, claro, nunca en las alturas de San Juan de la Cruz, pero sí me doy cuenta de que a veces yo no sé lo que sé. O dicho de otra manera, no soy consciente de mi pensamiento hasta que no me lo dicen mis propias palabras ya escritas. Entonces, esto viene a ser bastante cercano a la poderosa afirmación de Juan de Yepes, de San Juan de la Cruz, de que la poesía consiste en “un no saber sabiendo”.

A usted siempre se le ha considerado ajeno a familias, a grupos y a generaciones. ¿Cree que eso precisamente es lo que ha retardado de alguna forma el que lleguen estos reconocimientos que ahora le han venido tan seguidos? Ese camino en libertad, ese camino independiente como poeta…
Bueno, no lo he pensado demasiado nunca, pero es posible que sí. Quien está dentro de un grupo, si ese grupo es muy activo, está mucho en los medios, tiene –por decirlo así– sus jefes de fila, y trata de ponerlos en valor… Me parece que eso, en términos de “tejemaneje” –no lo digo con mala intención– social de la poesía puede “acelerar” –por decirlo así– la notoriedad y los reconocimientos de un poeta. Pero, yo por ejemplo, estoy mucho mejor en León que en Madrid. No he estado nunca en grupos, aunque he tenido serias amistades con gente que sí componía grupo. Y tengo alguna sensación, no sé si acertaré, de que esa relativa soledad haya podido favorecer lo que a mí más me interesa: no los reconocimientos, sino el propio hecho de mi escritura. Lo otro, yo no sé, tendría que ser vuestra opinión la que dijese si esa especie de ausencia mía de tendencias y de grupo ha podido retrasar algo los reconocimientos. No lo he pensado demasiado nunca.

Casi nos pone en bandeja la siguiente pregunta: ¿Qué matices cree que le ha dado pasar toda su vida aquí en León? ¿Qué hubiera pasado si se hubiera instalado en Madrid o Barcelona, por decir algo? ¿Qué cree que ha aportado eso de vivir en León a su obra?
Claro, si yo hace 40 años, por ejemplo –digo 40 años porque viene a ser la época en que tiraron de mí mucho para que fuera a dirigir la editorial Taurus a Madrid–, me hubiera ido de aquí… pues mi vida hubiera sido otra. Hubiera sido más parecida, aunque no llegase a duque, a la que fue la de la persona que sí aceptó esa dirección de Taurus, que era Jesús Aguirre, el fallecido marido de la duquesa de Alba. Vivir en un puro cóctel para mí no es nada atractivo. Entonces, aunque la tranquilidad plena no se alcanza nunca, un poco de silencio, sobre todo a las cuatro o las cinco de la mañana o así, un poco de serenidad y una ausencia de agitación social es más realizable, más factible en León que en un Madrid por ejemplo. Ya dije antes que ese poco de serenidad, ese poco de posibilidad de silencio para interiorizar las cosas, que es la única manera de hacer poesía, puede haberme favorecido en el orden de la escritura, aunque me haya desfavorecido en el otro, en el de la notoriedad.

Nada más que le concedieron el Cervantes aseguró que el premio no cambiaba ni hacía mejor su poesía. Pero ¿es consciente de que el Cervantes sí le cambia de ser un desconocido a uno de los grandes?
Bueno, me parece natural. Todo procede de esa mayor notoriedad de la que venimos hablando. Habrá posiblemente más gente que se acerque a mi escritura, aunque ya sabéis que la poesía es absolutamente minoritaria, y no es malo que sea minoritaria. Por si os interesa, os diré por qué: si en la poesía existiese un cañamazo mercantil, un auténtico comercio, unas cifras económicas como las que maneja la narrativa, por ejemplo, o la pintura… la poesía dejaría de ser libre. Porque tendría de alguna manera, consciente o inconsciente, que obedecer a unas leyes de mercado. Es muy frecuente que a un novelista le digan: “Oye, sí, una novela, pero como la del año pasado ¿eh? No te vayas por otro sitio”. A mí nadie me ha dicho eso, ni me lo van a decir nunca. Y a otros poetas tampoco.

¿Cree que su poesía es la misma hace 40 años que ahora?
Los contenidos yo creo que están los mismos, no desde hace 40 sino desde hace casi 60 años. Claro, es una pequeña tontería lo que voy a decir, pero se trata –me parece que ya hablamos antes de ello– de que yo he entendido por mi experiencia biográfica…, yo he entendido, lo entendí muy niño, siendo todavía un niño, que la vida era el tránsito de la inexistencia a la inexistencia. Entonces, un poco más tarde, empecé a entender –esto ya os lo he dicho, no lo repitáis por favor, es para nuestra charla– que la poesía es el relato de cómo avanzamos hacia la muerte. En ese sentido, ha cambiado poco. Formalmente, en términos formales, sí, mi poesía, sobre todo a partir del libro ‘Descripción de la mentira’ que alguien citó antes aquí, ha venido dándose de una manera bastante distinta a las formas anteriores.

¿Existe una literatura leonesa?
Hay amigos leoneses que simultáneamente son estupendos escritores; otros, serán medianos escritores… Si existe una literatura leonesa, es destacable únicamente en el orden cuantitativo. Porque si es verdad que, quitando las grandes ciudades, como Madrid, Barcelona, Sevilla…. León quizá es la provincia que ha proporcionado más escritores por metro cuadrado, vaya. Pero una literatura leonesa formal o temáticamente diferenciada… creo que no existe. Creo que cada uno tiene su personalidad, aunque claro, sí puedan darse impregnaciones paisajísticas, por ejemplo, que pueden aparecer en unos y en otros. Pero eso no basta para decir que exista una escritura característicamente leonesa, vaya.

Después de estos dos premios tan seguidos, tan recientes, le queda el Príncipe de Asturias de las Letras. ¿Le gustaría que se lo dieran y cree que hay posibilidades, después de tanto reconocimiento? Al fin y al cabo también es su tierra primera…
Claro. Yo nací en Asturias (en 1931), aunque viva desde 1934 en León. Sí. Me gustaría el premio Príncipe de Asturias. Pero me parece que tengo muy pocas posibilidades, por dos razones. Primero porque en Asturias hay una o dos personas que forman parte del jurado que no me valoran, ni poco ni mucho. No me valoran nada. Y segundo porque el premio Príncipe de Asturias, desde hace ya bastantes años, ha adquirido una especie de vocación internacional que, claro, hace mucho más difícil que se llegue a él. No creo que en mi vida me de tiempo para que me llegue ese premio tan difícil, tan condicionado por unos sujetos previos.

¿Considera oportunista que las instituciones leonesas le quieran dar ahora sus máximas distinciones?
No sé. He leído el periódico de hoy y en algún sitio dice por ejemplo de la Diputación Provincial que esto estaba prácticamente pactado hace tiempo. Oportunista quizá sea una palabra excesiva. Yo creo que lo que ocurre es que hay cierta naturalidad y que no es malo para las corporaciones y sus componentes políticos el hacer coincidir una decisión de ese tipo con otro hecho que parece que la promueve, pero que a lo mejor no es el que la promueve. No sé, no estoy muy informado y no me atrevo a decir oportunista, aunque sí tengo la sensación de que entre los políticos existe una especie de voluntad de acercamiento a los hechos culturales como una forma de… no sé como diría, como una forma de ponerle un brillo de otra naturaleza a sus actuaciones. Pero… ¡eso ocurre en todos los sitios!.

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