Luis Marigómez reseña «La pobreza» de Gamoneda en El Norte de Castilla

[El suplemento semanal ‘La sombra del ciprés’, del diario vallisoletano El Norte de Castilla, publica este viernes 29 de mayo de 2020, a toda página, una reseña de «La pobreza», el segundo tomo de memorias de Antonio Gamoneda, firmada por el poeta y narrador Luis Marigómez. Reproducimos aquí la reseña con el permiso de su autor:]

Confesión

En ‘La pobreza’, Gamoneda escribe, en parte al menos, como catarsis, se expone con una crudeza que es difícil encontrar en cualquiera que escriba sobre sí

Por LUIS MARIGÓMEZ

A los 13 años, en 1944, Antonio Gamoneda deja de ir al colegio de los agustinos, en León. A pesar de estar escolarizado como alumno gratuito, no tiene dinero para comprar los libros de texto, y el profesor de Francés lo tiene en pie toda la clase, delante de los demás, para que se sepa. No puede ni comprar zapatos, y pasa el invierno con unos usados, de mujer, a los que han rebajado el tacón. «No fue el sadismo ni los diversos aspectos y grados de la pederastia frailuna lo que me echó de los agustinos y acrecentó mi maldad; fue la vergüenza de ser publicado pobre.» En cuanto cumple los 14 años, entra a trabajar, recomendado, en el Banco Mercantil, como recadero y meritorio, a doble jornada, entre setenta y ochenta horas semanales. Estos hechos, revelados en su primer libro de memorias, ‘Un armario lleno de sombra’ (2009), quizá explican el título de su segundo tomo, ‘Pobreza’.

Unas memorias pueden ser un ajuste de cuentas, una exhibición de heroicidades, un manto de olvido, una novela de aventuras, un recuento de vergüenzas… María Zambrano, en ‘La confesión: género literario’ dice: «Precisamente cuando el hombre ha sido demasiado humillado, cuando se ha cerrado en el rencor, cuando solo siente sobre sí «el peso de la existencia», necesita entonces que su propia vida se le revele. Y para lograrlo, ejecuta el doble movimiento propio de la confesión: el de la huida de sí, y el de buscar algo que le sostenga y aclare.» Las primeras 124 páginas de ‘La pobreza’ tienen un título específico, ‘La escritura’. Gamoneda podría haber seguido sin más el relato donde lo dejó al final del primer tomo, pero para y piensa en lo que debe escribir y cómo hacerlo. No queda satisfecho sin más con lo logrado, ese texto tremendo y tremendista. ¿Cómo debe contar los años en el banco, su paso por la Diputación de León, sus clandestinidades bajo la dictadura? ¿Desde dónde? «Yo no me he puesto a escribir para redactar; escribo para «respirar» mi relato, para escribirlo en realidad. La realidad ha de estar en el cuerpo de las palabras y manifestarse en el temblor de sus límites.» Jugar con los límites del lenguaje es la tarea de la poesía, esa forma de expresión que está más allá de la literatura, según dice Gamoneda cada vez que tiene ocasión. ‘La pobreza’ también tiene el propósito de situarse aparte de la literatura, aunque sus ritmos y los fluidos que alimentan su cuerpo sean distintos de los del poema. El autor, bien entrado en los ochenta y tantos años, trata de hacer balance de su vida. «Tengo dicho y dudado de varias maneras que la razón de este escrito es levantar mi pasado, encontrarme en él, pensarme, entenderme en mis hechos y conocer algo que olvido o desconozco, un vacío o una pérdida que me daña.» Si en ‘Un armario…’ se refiere a su maldad, aquí habla de vacíos y pérdidas, de daños. Escribe, en parte al menos, como catarsis, se expone con una crudeza que es difícil encontrar en cualquiera que escriba sobre sí. Hay una relación directa con su poesía, pero las maneras son mucho más explícitas, hirientes. La pobreza de la que habla no es solo material, sino de espíritu. Hay miseria, a veces poco soportable, en los personajes y aconteceres del libro.

Opone su pasado de privaciones y angustias, sobre todo en la larguísima postguerra, a su presente de poeta laureado, con el cuerpo quejumbroso, con los achaques de la edad, esa palabra que da título a su primera recopilación de poemas, en 1987. La ausencia de privaciones materiales actual se compensa con el malestar de su adentro, con la carga que el poeta lleva sobre sí, de su pasado. Es una de las razones de su escritura.

De su vida laboral en el banco quedan las vergüenzas del sistema de la época, llevadas a cabo por los vencedores de la guerra y sufridas con desigual suerte por sus empleados. Gamoneda consigue, con mucho esfuerzo, subir en el escalafón hasta oficial de primera y abandona la nave cuando le van a nombrar interventor. Es entonces, al final de los años 60, cuando funda los Servicios culturales de la Diputación de León. Otro aspecto que cubren estas memorias es su militancia comunista, narrada sin el menor afán heroico, pero haciendo patentes las dificultades, las angustias, los miedos y los fracasos que van apareciendo. La poesía se entrevera, por momentos de manera chusca, con su participación, a veces mediante persona interpuesta, en concursos con un propósito fundamentalmente económico. No hay relato de su vida sentimental ni familiar, aunque sí sombras eróticas muy eficaces. Hace recuento de poetas de la época, algunos conocidos, (Leopoldo Panero, Blas de Otero, Eugenio de Nora, Victoriano Crémer…), otros olvidados. Cita algunos versos y establece juicios contundentes. Hay anécdotas sabrosas y aparecen personajes fundamentales en su vida, como Jorge, un andaluz, pintor y grabador de vidrios al ácido, compañero en el Partido, su amigo, un a modo de hermano mayor que le falló suicidándose y a quien el poeta considera que traicionó. «Su lucidez parecía también anterior al pensamiento y de ella no se desprendían solo juicios: la posesión de estos juicios era a su vez una pasión.» Es la figura que articula ‘El vigilante de la nieve’, un apartado del ‘Libro del frío’ (1992). Encarna el conflicto más hondo que aparece en el libro, quizá en la vida, de Gamoneda.

La narración no es lineal, se pasa de un tema a otro y los tiempos se cruzan. Están sus largos periodos depresivos, nunca tratados con eficacia; muchísimos personajes, de la más variada calaña, casi todos ya fallecidos. Describe un laberinto sucio, oscuro, lleno de pringue, sin salida posible, en el que se sobrevivía con muchas dificultades, manchándose. «Lo que un hombre tiene que confesar no es lo que hizo o dejó de hacer, sino lo que lleva a lo largo de su vida entre pecho y espalda», dice Rosa Chacel en ‘La confesión’.

En 1977, ya muerto Franco, todavía muy vivo su legado, tras más de diez años de silencio y de abandono de la poesía, después de la prohibición por la censura de ‘Blues castellano’, publica ‘Descripción de la mentira’, el libro que encauzó su obra hacia lo que es hoy, el que lanza al poeta a ser figura indispensable de las letras españolas. Cuenta una jugosa historia sobre el origen inmediato del texto.

‘La pobreza’, unido a ‘Un armario lleno de sombra’ es un a modo de otra cara de la poesía de Gamoneda, una manera de entenderla y sentirla mejor, con más referencias, a menudo con parecida intensidad, y también el relato de un tiempo negro. «He escrito lo que sé y lo que desconozco, y lo uno y lo otro es lo mismo.»

Luis Marigómez.

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