* Artículos en prensa y revistas

“Descripción de la mentira”, por Mario Alberto Medrano González

Por MARIO ALBERTO MEDRANO GONZÁLEZ
[Articulo publicado en el diario mexicano Excelsior, el 9 de junio de 2017]

En 1977, después de 17 años de silencio editorial —en 1960 apareció Sublevación inmóvil—, Antonio Gamoneda volvía a las librerías con una nueva obra: Descripción de la mentira. En 2007, a treinta años del surgimiento poético, yo lo leía por primera vez. Este 2017, el poemario de Gamoneda cumple cuarenta años de vida. La fecha sólo es un pretexto para volver a hablar sobre el poeta español.

Leer Descripción de la mentira es mirar un oleaje. Me explico. Este extenso poema es una arquitectura de versos largos, la mayoría de ellos llenos de imágenes, metáforas y un lenguaje de sintaxis quebrada, incluso difícil; por otro lado, el poeta construye versos largos, mas no versículos, con afirmaciones y sentencias: es en estos donde se encuentra cifrada la parte social y de denuncia y reflexión de este poema, y al mismo tiempo son los más emotivos.

Esta marea poemática es una alusión al hastío: “Yo sí supe qué fue la destrucción y me alimenté con yerbas escondidas y mastiqué mi nombre y conviví con las apariciones”. El yo poético es una constante, nunca se esconde, está de frente y recibiendo. Y su palabra ha logrado que nos apartemos de la indiferencia y, de alguna manera, del olvido. A pesar de que “el olvido es mi patria vigilada”. De Descripción de la mentira no sólo se puede elogiar su construcción rítmica y de pensamiento. El flujo mental tiene una ingeniería lingüística y retórica exquisita.

Por los versículos de Gamoneda pasan la hipálage, la sinestesia, la deixis temporal y espacial, como se ve en las preguntas finales del poema —”¿Qué lugar es éste, qué lugar es éste? ¿Cómo estás aún en mi corazón?” y  “¿Qué  hora es ésta, qué yerba crece en nuestra juventud?”—, la repetición, las aliteraciones y la constante pregunta poético-retórica que lanza el poeta para un tú, ése que no existe ante sus ojos.

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“Descripción de la mentira”, por Noemí Sabugal

Descripción de la mentira

Por NOEMÍ SABUGAL
[Columna de opinión publicada en La Nueva Crónica de León el 3 de junio de 2017]

Noemí Sabugal.

Pocos libros tienen un título tan poderoso y evocador como el de Descripción de la mentira, de Antonio Gamoneda. Y pocos libros tienen además un contenido tan igualmente poderoso y evocador como el de este poemario, que cumple cuatro décadas desde su publicación.

Este cumpleaños poético será central en el Encuentro de Traductores que se celebrará el próximo mes de julio en Castrillo de los Polvazares, donde habrá traductores de la obra al francés, al alemán, al italiano y al portugués, entre otras lenguas.

La oportuna celebración de este poemario que arañaba en las mentiras de un país que acababa de salir de la dictadura, pero también en las mentiras individuales y cotidianas, supone una actualización de la mentira en estos tiempos en los que la quieren llamar posverdad. Un perro con el mismo collar cuyo nombre creo que se perderá en un par de años mientras que el de nuestra conocida mentira permanecerá a nuestro lado como un chucho fiel.

Hay muchos tipos de mentiras, igual que de personas. Mentiras altas y bajas, simpáticas y muy desagradables, feas o bonitas (como cuando se responde: «bien, bien» a la pregunta de qué tal estás, aunque hayas tenido una semana de pena). Hay mentirijillas infantiles y trolas gordísimas. Está la patraña y la calumnia, la bola y el engaño. Cada una se ajusta a su objetivo como las mallas de Decathlon al trasero.

«Yo en tu lugar mentiría más dulcemente», dice –o aconseja, no se sabe– Gamoneda en el poemario cuarentón. «Ah, la mentira en el corazón vaciado por un cuchillo invisible», exclama Gamoneda. Y yo pienso en lo que nos ocurre por dentro cuando mentimos.

La mentira nunca pasará de moda, no hay ni que decirlo. Hoy es Trump con sus rollos de grandeza nacional y mañana será otro con historias parecidas. La mentira ha creado hasta sus propios antídotos, como Wikileaks; o ha conseguido refuerzos, como la viralidad en redes sociales que pueden llegar a alcanzar algunos embustes. Y a todo el mundo le gusta la mentira cuando se le ve el culo, cuando se queda en pelotas, a no ser que sea la nuestra.

XII Encuentro de Traductores de Castrillo / Antonio Gamoneda, en cinco idiomas

El poeta Antonio Gamoneda en una foto tomada en Zamora. Fotografía: Mariam A. Montesinos/EFE.

Antonio Gamoneda, en cinco idiomas

El XII Encuentro de Traductores de Castrillo de los Polvazares (del 24 al 26 de julio) girará en torno a los 40 años del libro ‘Descripción de la mentira’

Se revisarán las ediciones en italiano, francés, alemán, portugués y neerlandés

Por E. GANCEDO
Publicado en Diario de León, el 2-6-2017

Ha pasado tiempo desde que Castrillo de los Polvazares, el más que simbólico pueblo maragato, fuera elegido como centro de una serie de reuniones profesionales en torno al arte y oficio de la traducción. Once años después, y tras muchas sesiones, debates, análisis y también discusiones —en muy diversos idiomas—, el Encuentro de Traductores de Castrillo ha alcanzado notable relevancia internacional, como se puso de manifiesto en la presentación de su edición número doce.

Una nueva cita que se celebrará del 24 al 26 de julio en el habitual escenario de la hostería Cuca la Vaina —en concreto, en su flamante Salón del Traductor—, y cuyo eje principal será el libro Descripción de la mentira, de Antonio Gamoneda, de cuya primera edición se cumplen cuatro décadas este año. «El libro marcó un reset en la poesía española por su mirada al pasado inmediato. Nuestra idea, ahora, es reunir a traductores de ese y de otros poemarios de Gamoneda para contrastarlos», aseguraba al Diario el responsable de los encuentros, Javier Gómez-Montero, catedrático de lenguas románicas en la universidad alemana de Kiel.

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“Gamoneda: transparencia y elogio de la sombra”, por José Ángel Leyva

Antonio Gamoneda:
transparencia y elogio de la sombra

Por JOSÉ ÁNGEL LEYVA
Artículo publicado en el periódico mexicano La Jornada el 28 mayo 2017

Días después de colocar La prisión transparente en el estante y revisitar mentalmente algunos de los poemas de esta edición posterior a Canción errónea, donde Antonio Gamoneda conduce su poesía a un laconismo que semeja la agonía, el estertor de la luz y el movimiento, me encuentro con una obra que me sugiere la presente nota: Elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki. Sentí que, desde las primeras páginas escritas por el japonés, un doble juego, una paradoja, me sumergía con avidez entre sus páginas. Poco a poco y al final de su lectura, en el reposo de las ideas, vino hasta mí la voz castiza de Gamoneda a mostrarme las correspondencias conceptuales de su Prisión transparente (Vaso roto, España, 2016).

Nada más alejado del libro de Tanizaki que la poesía de Gamoneda, pero también nada más íntimo con los valores que el primero otorga a la oscuridad. El Premio Cervantes (2006) hace su propio elogio en Un armario lleno de sombra (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Madrid, 2009), ese extraordinario testimonio autobiográfico en que el poeta descubre y confirma el lado umbrío de la humanidad y la palabra, la dualidad y la paradoja de la existencia, la esencia misma del pensamiento entre la lucidez y la confusión, entre el deseo y la desesperanza. El japonés, por su parte, destaca con delicada prosa el sortilegio de la penumbra, su capacidad reveladora y sublimante ante una modernidad occidental que exalta todo lo que brilla, lo que deslumbra, lo que aparenta luz y enceguece. Tanizaki opone la discreción oriental de su cultura, el espacio arquitectónico que considera el ámbito reposado de la penumbra y el valor del uso de la cosas, la mancha del tiempo y el desgaste. De algún modo nos coloca en la profundidad no sólo de la memoria, sino, y sobre todo, del olvido. El arte de vivir y permanecer, de recordar y resignificar el vacío.

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Carlos Olivares Baró reseña “Niñez” en el diario mexicano La Razón

“Niñez” / Antonio Gamoneda

Por CARLOS OLIVARES BARÓ
Reseña publicada en el diario mexicano La Razón el 28 de mayo de 2017

Caían granizos en el patio de la casa: deslizaban su furia sobre las tejas de zinc de la casona. Migas de escarchas se desparraman por todo el jardín de la abuela (dos matas de mangos, limones, albahacas, girasoles…). Crucifijos de ceniza. Oraciones. “¡No salgan afuera!”. Lloviznada total: arrogante alineación de nieve en mi mirada asustada. Cae el cielo sobre el techado. Se cae el mundo. Torva en mis ojos aturdidos. Mi madre pulsa el rosario. Se despeñaban los granizos: demolían el olor del cundiamor. Es mi infancia.

Niñez. Antología (Calambur, 2016), de Antonio Gamoneda (Oviedo, España, 1931): antología suscrita por Amelia Gamoneda en que el Premio Cervantes 2006 narra trances de su infancia. “Contar la infancia reconstruye hacia atrás el tiempo, echa el ancla en el pasado, en un cierto mundo físico, mental y afectivo. Pero, como todo mito, la niñez pervive más allá de su momento, impregna la vida entera, y contarla supone también un modo de hablar del presente”, escribe Amelia Gamoneda en la introducción de este cuaderno de nostálgicos bordones y espiritual alegoría. El pasado se aventaja en el presente: “Soy un fue, y un será, y un es cansado” (Quevedo).

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Fernando Aller entrevista a Antonio Gamoneda en el semanario El Día de León (2017)

El semanario El Día de León sale este 27 de mayo de 2017 con una larga entrevista con Antonio Gamoneda, realizada por el director del semanario, Fernando Aller.

En el titular de portada, una frase de Gamoneda: “Estaba en peligro en la dictadura, pero me protegía pasear con el cura González de Lama

Sobre Miguel Delibes: ‘Creación, muerte, recuerdos…’ (2010)

Miguel Delibes en una foto tomada en 1998.

Delibes: creación, muerte, recuerdos

Por ANTONIO GAMONEDA
Artículo publicado en EL NORTE DE CASTILLA el 16 de marzo de 2010

En estos días se han dicho muchas cosas de Miguel Delibes; del escritor vivo, grande y justamente celebrado, y se han sucedido, también numerosas, las lamentaciones derivadas de su desaparición. Creo que ahora mismo, hoy, es, y seguirá siéndolo durante algún tiempo, perfectamente ingenua la pretensión de aportar reflexiones o ponderaciones que puedan estimarse originales, profundas o novedosas. En tiempo venidero, no muy cercano, como ya tengo sugerido, se producirá el devenir de estimaciones y estudios abarcadores de una vida y una obra cumplidas en una razonable abundancia, sin perjuicio de que esta apreciación (la que se completa con la noción de «una razonable abundancia») sea difícilmente comprensible y aceptable ahora, desde la tristeza inmediata que la muerte proporciona.

Estas estimaciones y estudios se darán cuando contemos con una perspectiva menos sentimentalizada. Vendrán, incorporando objetividad, las caracterizaciones y juicios de valor que convienen a un creador que ya es historia. No estoy, no quiero estar, enredando hipótesis ni hipérboles, ni haciendo suposiciones extremadas. ¿Quién, cinco o quince días después del trance mortal, habría sido capaz de una visión y una interpretación totalizadoras en los casos -creo que non malos ejemplos- de Cervantes o de Juan de Yepes, llamado sea también, este segundo, por si el lector lo prefiere, San Juan de la Cruz?

Yo conocí a Delibes hace, pongamos, treinta y cinco o cuarenta años, cuando le invité a dar una conferencia en León. Cruzamos alguna carta y alguna llamada y dio la conferencia; una conferencia dispuesta con sencilla y, a la vez, refinada inteligencia, que tenía como fondo la diversidad paisajística de León provincia, y la tipología, también diversa, de sus pobladores, referidas, ambas diversidades, al espacio rural principalmente. Cenamos juntos, con otras dos o tres personas, y yo diría que fue en la cena cuando Delibes dictó la conferencia en profundidad, añadiendo pronunciamientos críticos –positivamente críticos, en su mayor parte aunque no en su totalidad–, denotativos de un más alto grado de comprensión geopolítica y humana que el que dispuso para la conferencia. Llaneza –incluso en las ya aludidas precisiones críticas–, cordialidad en todo momento y un «hasta pronto» o algo por el estilo, que, lamentablemente, no se logró en su prontitud.

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