* Artículos en prensa y revistas

40 años de ‘Descripción de la mentira’ / “Palomas en el desván”, por Ernesto Escapa

Antonio Gamoneda en 30 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), México, en noviembre de 2016. © Foto: EFE/Ulises Ruiz Basurto.

EL TERRITORIO DEL NÓMADA

Palomas en el desván

Este diciembre acoge el cumplimiento de los 40 años de la publicación de “Descripción de la mentira”, del Cervantes Antonio Gamoneda (1931), uno de los hitos literarios de la Transición, que brotó a lo largo de 1976 en la Vega de Boñar… divergente

Por ERNESTO ESCAPA
Publicado en el suplemento El Filandón de Diario de León, el 10/12/2017

El propio poeta contó, en el preámbulo a su antología Sólo luz (2000), cómo en un paseo de cavilación por el soto de Boñar, se le aparecieron «unas pocas palabras de timbre musical». Tenía entonces una casa conventual alquilada en La Vega, a la vera del Porma, hasta la que se acercaba los fines de semana con la familia en el tren de vía estrecha. En aquel lugar de sosiego, un Gamoneda severamente abatido por la perplejidad compuso Descripción de la mentira, que inaugura una poética singular y distinta en la lírica grupal española. No es una poesía de circunstancias, a pesar de su testimonio moral de la posguerra, porque no es figurativa ni tributaria de la realidad, sino que directamente la crea: sus versículos traducen la conciencia del autor en un largo poema trenzado en espiral con resonancias de salmodia. El conjunto, formado por 21 secuencias distribuidas entre hiatos de silencio, engarza el pálpito desolado de la memoria ante la perspectiva callada de la muerte. La conciencia del poeta se convierte en lenguaje, donde cristaliza su visión del mundo, de la experiencia individual y colectiva. El conjunto se organiza en movimientos que representan el vaivén de los recuerdos, encaminados hacia el sosiego de la muerte, que se representa como depositaria del resplandor y de la luz: «Sólo vi luz en las habitaciones de la muerte». Con ella dialoga «en los establos olorosos, hasta que lame dulcemente mis labios».

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“Gamoneda vuelve a la guerra”, un artículo de Javier Rodríguez Marcos en El País (2009)

Caricatura de Antonio Gamoneda, por SCIAMMARELLA.

Gamoneda vuelve a la guerra

Una película y varios libros repasan la trayectoria del poeta y premio Cervantes

Por JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Publicado en el diario El País / Sevilla / 7 MAR 2009

“He aprendido que los poemas se escriben en cualquier parte, en los trenes, en los aeropuertos, en los hoteles…”. Lo dice Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) en un hotel, precisamente. En Sevilla. Ha pasado allí toda la semana, en un congreso titulado Factor humano en el que el premio Cervantes de 2006 dio una conferencia titulada El mundo del poeta. Todavía tardará en volver a León. El lunes estará en el Círculo de Bellas Artes de Madrid presentando Antonio Gamoneda. Escritura y alquimia, una coproducción hispano-argentina impulsada por el cineasta rioplatense Tristan Bauer –que en 1994 realizó un documental ya clásico sobre Julio Cortázar– y dirigida por Enrique Corti y César Rendueles.

El estreno del filme coincide además con la aparición de Extravío en la luz (Casariego), una edición de seis poemas inéditos con grabados de Juan Carlos Mestre, y con Iluminaciones. Antonio Gamoneda (RD Editores), un descarnado retrato del poeta y del León de la Guerra Civil firmado por el novelista Andrés Sorel.

La película se rodó en 2007 en los escenarios cotidianos de Gamoneda, sobre todo en su casa, pero también en los bosques por los que solía pasear antes de que un accidente –lo atropelló una furgoneta– le dejara “las tabas maltrechas”. “Un día, en el rodaje, pasé dos horas con los pies en la nieve”, recuerda el autor de Libro del frío, que considera que sale “demasiado” en su propio documental. “Otro fuimos a la casa en la que viví de niño, en el Crucero, el barrio obrero de León”.

Esa casa es, además, fundamental en Un armario lleno de sombra, unas memorias de infancia “nada gloriosas” que Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores publicará esta misma primavera. En un balcón del número 4 de la carretera de Zamora pasó Antonio Gamoneda sus primeros años en León: “No se me olvida el sabor del hierro oxidado. Al morir mi padre, mi madre aguantó poco en Asturias. Era asmática y los médicos le dijeron que se fuera. El clima la estaba matando. Yo tenía tres años cuando nos instalamos en la casa de mi madrina, mujer de un ferroviario”.

Todavía hoy Gamoneda es capaz de calcularle a su interlocutor la mejor combinación para viajar en tren. “En aquella casa los trenes eran los reguladores del tiempo. ‘Ya viene el correo de Galicia. Ahí pasa otro’, decíamos. Me impresionaba cómo se perdían en la chopera, la desaparición”. Con la Guerra Civil –”de la que tengo recuerdos más precisos que de cosas de hace 15 días”–, los trenes empezaron a llegar cargados de republicanos camino de la cárcel instalada en el hostal de San Marcos. Para evitar que los presos pasaran por la zona noble de la ciudad, detenían los trenes antes de llegar a la estación y los conducían bajo el balcón de Gamoneda.

“Aquel barrio”, apunta, “fue de los que más represión sufrió. Se oían los gritos de las mujeres a las cuatro de la mañana. Frente a mi casa había una viuda loca que se paseaba desnuda y gritando por la noche”.

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“Antonio Gamoneda: Poética de la pobreza”, un artículo de Antonio Rey Hazas

Hay un click para leer el artículo entero…

“ANTONIO GAMONEDA: POÉTICA DE LA POBREZA”.  Así se titula un artículo de Antonio Rey Hazas publicado en “Tropelías. Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, 21 (2014)”. Su autor explica, en la primera nota a pie de página, que “estas páginas que siguen son apenas el esbozo de un proyecto mucho más ambicioso y extenso sobre la poética de la pobreza que, a mi entender, preside buena parte del quehacer lírico de Antonio Gamoneda, y para cuya realización cabal necesito más tiempo y, obvio es decirlo, la colaboración del poeta. En principio, por tanto, me limito a trazar algunas líneas maestras del trabajo, a la luz de Cervantes“.

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Gamoneda en Nápoles (recortes de prensa)

Antonio Gamoneda. Fotografía: Fernando Sanz-Santacruz.

El pasado 8 de noviembre de 2017, Antonio Gamoneda protagonizó en el auditorio del Instituto Cervantes de Nápoles (Italia) una clase magistral, en forma de conferencia, sobre la naturaleza de la poesía. Le acompañaron los hispanistas Augusto Guarino y Marco Ottalano.

Estas son algunas reseñas en diarios y otros medios italianos sobre la visita de Gamoneda a Nápoles:

Antonio Gamoneda, Hugo Mujica y Marco Antonio Campos en el diario El País

De izquierda a derecha: Hugo Mujica, Antonio Gamoneda y Marco antonio Campos. © Fotografía: JAIME VILLANUEVA / El País.

La poesía, puente trasatlántico

Antonio Gamoneda, Hugo Mujica y Marco Antonio Campos charlan sobre poesía y Latinoamérica en el Festival Internacional de Literatura Madrid 2017

Por JORGE MORLA
Publicado en el diario El País, el 20 de octubre de 2017

Tres cuerpos caminan por un salón antiguo y poco iluminado. Tres poetas. No hace frío ni calor: Marco Antonio Campos (Ciudad de México, 1949) no se quita su cazadora blanca. Hugo Mujica (Avellaneda, 1942), sacerdote además de poeta (quizá dos formas de encarar el mismo misterio) que vivió de los 19 a los 30 en la convulsa y artística Nueva York de los 60 junto a Allen Ginsberg antes de retirarse a un monasterio trapense y pasar siete años en silencio, se mueve con los brazos a la espalda.

Sentado, agarrado al bastón, espera Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931). El Premio Cervantes 2006 mantiene a sus 86 años una actividad literaria constante. Como muestra un botón: este agosto se desplazó a las montañas al norte de su León (casi) natal, a dar un recital en el minúsculo pueblo de Viñayo. El pueblo tiene 25 habitantes y al recital fueron 50 personas. Convengamos en que la poesía llega a lugares insospechados.

Gamoneda viste camisa y americana y Mujica, la cabeza afeitada, lleva una camiseta granate y una sencilla sudadera. Frente a ellos tres copas con agua que no tocan. A su alrededor, uno de los imponentes salones de Casa de América, donde los tres (español, mexicano y argentino) charlan de poesía, actualidad y futuro en el marco del Festival Internacional de Literatura Madrid 2017, que terminó ayer y donde doce poetas hispanoamericanos recitaron sus versos.

Pregunta. La convocatoria de este evento habla de poetas hispanoamericanos en Madrid. ¿Qué entienden por esta palabra, Hispanoamérica? ¿Existe Hispanoamérica?

Marco Antonio Campos. Yo prefiero llamarlo Latinoamérica. Y me siento profundamente latinoamericano.

Hugo Mujica. Yo no me siento tan latinoamericano, quizá por mis años en Estados Unidos. Pero lo que me interesa de lo latinoamericano con respecto a España es que nosotros nos conocemos más triangulados por España que entre nosotros.

Antonio Gamoneda. En el orden de la lengua, de la intercomunicación, sí, existe Hispanoamérica. Pero ese no debería ser su nombre, pues existe a pesar de España. De la obra descubridora de España, que no es para aplaudir mucho.

P. ¿Sienten que esta unión se fomenta más desde la cultura que desde la política?

M.A.C. Uno tiene una relación de amor y rechazo con España. Por ejemplo me preocupa y apasiona la situación de la independencia catalana. Los catalanes están cometiendo un gran error. Uno quiere una sola España, y desde Latinoamérica hay un diálogo con lo mejor de España.

A.G. Querido Marco Antonio, con independencia de los impulsos nacionalistas, al final se hará lo que mande el dinero. Si lo conveniente es la no secesión, no habrá, tranquilo (ambos ríen).

H.M. Más allá de este hecho puntual, lo que tiene la cultura es una continuidad. Lo que tiene la política es, precisamente, vivir en conflicto y contraste. La política ahora es la administración de la economía, no podemos esperar que la economía aglutine. La debilidad de la Unión Europea fue crear una moneda común, y no un pensamiento común. La cultura tiene que ver con la vida, la política, con el funcionamiento.

(…sigue leyendo la entrevista en El País)

“La poesía nunca llega después”, un artículo sobre la poesía y la vejez de Mario Alberto Medrano

“Tanto Masoliver como Gamoneda, Tomás Segovia y Gelman
representan el gran potencial que la vejez
otorga a la voz de un poeta”

El viernes pasado tuve la oportunidad de platicar con el poeta Juan Antonio Masoliver Ródenas, el catalán experto en literatura mexicana y latinoamericana. El motivo central de la entrevista fue hablar de su nuevo libro de poesía, La negación de la luz. Pero la conversación no se quedó en los límites de esas páginas, sino que la llevamos a otro nivel, el de la creación misma. Masoliver fue tajante al decir que ésta era su primera obra de vejez, éste el momento único e inalterable en el que podía escribir de lo que ahora escribe: la conciencia de lo que vivió y de lo que ya no vivirá. En suma, la presencia de la muerte.

Por MARIO ALBERTO MEDRANO GONZÁLEZ
Artículo publicado en el diario mexicano Excelsior, el 15 de octubre de 2017

Esta reflexión se interna en el proceso de la creación, de una creación nunca tardía. Lo dicho por el autor de Paraísos a ciegas me llevó a pensar en aquellos escritores que han publicado su mejor obra llegados los últimos años de vida. Goethe, acaso el más representativo, el escritor mefistofélico, de personajes salvajes, lúdicos, perversos, sujetos llevados por la libido a una juventud inaplazable.

Uno de los creadores que mejor representa esta condición es el español Antonio Gamoneda. Lo más entrañable de su producción poética viene en su última edad. El Libro del frío, pieza capital entre su biblioteca personal, fue publicado cuando el poeta contaba con 61 años. Desde ese momento, Gamoneda volcó toda la inquietud lírica en la vejez: “Hay un anciano ante una senda vacía. Nadie regresa de la ciudad lejana; sólo el viento sobre las últimas huellas. Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento”.

La constante alusión a la soledad y a la finitud hacen de Gamoneda uno de los máximos representantes de esa práctica poética. Una fórmula con venenos que no siempre dañan: “Vengo del metileno y el amor; tuve frío bajo los tubos de la muerte”. El nacido en Oviedo emprende una caminata parsimoniosa a la muerte. En Cecilia, publicado en 2004, ya con 73 años cumplidos, dedicado al nacimiento de su nieta, el español se maravilla de un descubrimiento trascendental: su nieta viene de la inexistencia, mientras que él va a parar hacia allá. Es precisamente la vejez, ese espacio temido por otros tantos, como Borges, por ejemplo, que Antonio Gamoneda puede escribir con tal control y conocimiento de su voz poética, de sus capacidades como ser humano y como escritor.

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“Antonio Gamoneda y León”, un artículo de Pérez Chencho

Pérez Chencho, en una foto de Diario de León.

Antonio Gamoneda y León

[Este artículo de opinión se publicó en Diario de León el 3 de diciembre de 2006, en “El balcón del pueblo”, la sección de opinión del periodista Juan F. Pérez Chencho (fallecido en marzo de 2008), con motivo de la concesión a Antonio Gamoneda del Premio Cervantes 2006.]

Por JUAN F. PÉREZ CHENCHO

EL BRILLO de los metales es más luminoso que nunca. Estos días parece que se ha escrito ya todo de Antonio Gamoneda, Premio Reina Sofía de poesía iberoamericana y Premio Cervantes, el más alto galardón de las letras españolas. Sin embargo, aún queda mucho por decir sobre Gamoneda y León. Porque Gamoneda comenzó su andadura literaria como el más joven colaborador de la revista Espadaña , cuyo bracero esencial era Victoriano Crémer, bajo la protección humanista y vigilante del cura Antonio González de Lama. Pero muy pronto se convirtió en lo que sigue siendo hoy: el principal agente cultural de León. Gamoneda y León son indisociables, como el mar y el cielo. Alentó y orientó en su juventud, allá por las últimas bocanadas del 60, a muchachos de entonces como Luis Mateo Díez y José María Merino, promotores de Claraboya . Otra generación con Julio Llamazares, Ildefonso Rodríguez y Ernesto Escapa en primera línea, también le reconocen como su primer maestro. E igualmente, la nueva generación de jovencísimos poetas, como Luis Artigue y los del Club Leteo, se han puesto bajo su protección y magisterio. Por el medio, Gamoneda también ha hecho otras cosas. Ya se sabe que el poeta es un hombre como todos los demás, y por añadidura, compone versos. En los primeros años de la década del 70 organizó las bienales de pintura de la Sala Provincia, que alcanzaron repercusión nacional. Y en esos mismos años aturdidos y aquietados promevió el premio de poesía «Provincia» o la revista Tierras de León.

Gamoneda situó a los servicios culturales de la Diputación en una altura que nunca han vuelto a alcanzar. En la actualidad es patrono de la Fundación Sierra-Pambley, que cumple una función indispensable en la vida cultural leonesa. En resumen: los últimos 40 años de la vida cultural leonesa no se entenderían sin la participación activa de Gamoneda. Y por eso, además de por su obra poética, León debe rendirle un sentido homenaje. Ya es «honoris causa» por nuestra Universidad; el Ayuntamiento va a nombrarle Hijo Adoptivo, y la Diputación a otorgarle la Medalla de Oro de la Provincia. Correcto. El brillo de los metales no va a ser cegador para Gamoneda. Lo merece. Y además tiene unas cejas que son como toldos para poner sombra en el escaparate. Sobre su obra también podría pensarse que está casi todo escrito. Pero aún hay novedades. Por ejemplo, el mejor estudio sobre la obra de Gamoneda es una tesis leída hace pocos meses en la Universidad de León por Carmen Palomo. Será publicada en fechas próximas. Antonio Gamoneda forma parte del paisaje urbano de León, especialmente en los alrededores de la Catedral, donde los angelotes de piedra se abrazan a las columnas. Pero sobre todo forma parte del paisaje espiritual e íntimo de todos los leoneses que durante estos años hemos tenido el placer y el privilegio de disfrutar de su amistad. Seguirá igual. El Gamoneda escéptico, profundo y universal no va a cambiar. Le llamé el viernes, cuando regresaba en tren a su ciudad. Una llamada de felicitación, sin más. Cuando le digo: «Un abrazo muy fuerte, Antonio», me respondió: «Gracias, Pérez Chencho; pero que el abrazo no sea muy fuerte, ya que tengo dos hernias discales». Es el Antonio de siempre.