* Artículos en prensa y revistas

Gamoneda, en la biblioteca de Leonardo Padrón

Entrevista publicada en El Universal de Venezuela el 22-1-2023. Haz un click para leerla entera…

(…)
-Veo al fondo su biblioteca.

-La biblioteca que ves es pequeña. Mi biblioteca en Caracas tiene más de cuatro mil libros. En una ciudad como Miami que tiene pocas librerías, y menos libros en español, he ido construyéndola de nuevo en mis viajes a Ciudad de México y Madrid, y por supuesto Amazon. En la Feria del Libro de Madrid volví a comprar Poeta en Nueva York de Federico García Lorca, El oficio de vivir de Cesare Pavese, la poesía de Emily Dickinson y Antonio Gamoneda. Son libros de consulta diaria, libros, como diría Laura Restrepo, a los que les rezo con devoción y necesitaba tenerlos de nuevo cerca. Es parte de la reconstrucción de la vida en ese territorio de incertidumbre y de neblina que es el exilio.
(…)

  • Tomado de una entrevista de Dulce María Ramos al escritor venezolano en el exilio Leonardo Padrón, publicada en El Universal de Caracas (Venezuela) el 22-1-2023.

«[El mundo se quedó en silencio…]» / Un poema del próximo libro de Gamoneda, en El Mundo

EL MUNDO / Los libros / Entrevista

Antonio Gamoneda:
«El poeta pobre no puede permitirse ser irónico»

La reedición del ‘Libro del frío’ es la excusa para que Gamoneda hable de literatura y vida. A sus 91 años, el Premio Cervantes sigue escribiendo cada noche, tanto en verso como en prosa

Gamoneda inédito:
«Escribo cada noche, pero el fracaso está a la orden del día»

El poeta, que ofrece al suplemento ‘La Lectura’ del diario El Mundo un poema inédito, avanza en un nuevo poemario, Cancionero de la indiferencia, y reescribe sus primeros libros que ahora encuentra «incompletos»

Por MANUEL LLORENTE
[Publicado en El Mundo-‘La Lectura’, el viernes, 13 enero 2023]

 

 

‘Libro del frío’, de Gamoneda, entre los 11 recomendados por El Placer de la Lectura (2023)

«Libro del frío», de Antonio Gamoneda, recientemente reeditado por Galaxia-Gutenberg, es uno de los 11 libros recomendados esta segunda semana de enero de 2023 por la revista El Placer de la Lectura.

«La poesía en los huesos», un homenaje de Violeta Serrano a Antonio Gamoneda en Cuadernos Hispanoamericanos (2023)

«Me pidieron homenajear a un maestro y elegí: Antonio Gamoneda«.

Aquí está ‘La poesía en los huesos’, un perfil íntimo del premio Cervantes, y un homenaje al poeta, publicado por la escritora leonesa Violeta Serrano en la revista (haz un click:) Cuadernos Hispanoamericanos.

«Gamoneda se mira en los ojos de la nueva generación» (Leonoticias.com 2023)

Haz un click para leer la noticia en Leonoticias.com

«El poeta pobre no puede permitirse ser irónico» / Una entrevista con Gamoneda, y un inédito de su próximo libro, en El Mundo

EL MUNDO / Los libros / Entrevista

Antonio Gamoneda:
«El poeta pobre no puede permitirse ser irónico»

La reedición del ‘Libro del frío’ es la excusa para que Gamoneda hable de literatura y vida. A sus 91 años, el Premio Cervantes sigue escribiendo cada noche, tanto en verso como en prosa

Gamoneda inédito:
«Escribo cada noche, pero el fracaso está a la orden del día»

El poeta, que ofrece a ‘La Lectura’ un poema inédito, avanza en un nuevo poemario y reescribe sus primeros libros que ahora encuentra «incompletos»

Por MANUEL LLORENTE
[Publicado en El Mundo-‘La Lectura’, el viernes, 13 enero 2023]

Gamoneda en Diario de León: «Reescribiré todo lo que pueda»

Por PACHO RODRÍGUEZ
Publicado en Diario de León el 20 de diciembre de 2022

Hay una reunión en León tan secreta que sus participantes, conscientes de ello, la hacen sin esconderse, a la vista de todos, de día y al calor del vino de la lucidez. Como un reincidente, se trata de ir con complejo de intruso, como aquella vez al Café Gijón a ver a Manuel Vicent tal cual se saluda a un delantero centro de la literatura. Pero esa es otra historia. ¿Quién no lo ha hecho cuando la magia de leer a alguien es un arrebato? Hay veces que sería pecado no pecar y hay que ir. Aquí, el delantero centro con olfato goleador y saboreador es el poeta Gamoneda. Controla y dispara con precisión. Se entra por la rendija de la generosidad de los demás participantes y se llega al lugar exacto. Ahí están Antonio Gamoneda y Alejandro Vargas. Solos o en compañía de otros.

Libro del frío cumple 30 años y Galaxia Gutenberg lo celebra con una reedición acompañada por un prólogo de Tomás Sánchez Santiago. Y ahí están los versos eternos de este libro clave en la trayectoria del poeta nacido en Oviedo en 1931. Deslumbrantes: Hubo un tiempo en que mis únicas pasiones eran la pobreza y la lluvia. / Ahora advierto la pureza de los límites y mi pasión no existiría si supiese su nombre.

Cumple años este libro en estos tiempos en los que si lo que ha pasado no ocurrió hace 30 es que pasó antes. Pero hay en Gamoneda algo que avanza desde el matiz. Presenta Galaxia la nueva publicación: Libro del frío. Y localiza el tiempo: 1986-1992, 1998, 2004 y 2016. Y surge entonces un Antonio Gamoneda que, ante la pregunta de cómo recordaba el libro, ayer mismo decía: «Yo no he sido de releerme. Pero ahora estoy empezando a releerme. Releerme para reescribirme», anuncia. «Y aunque no tenga ninguna prisa por irme, os voy a dejar un barullo…», remata. «Que casi no se sepa por dónde tirar», sentencia.

Como eche la vista (en este caso la lectura) atrás, hay material de tanta potencia que le resultará fácil acertar pero difícil elegir. Aún así, asegura Gamoneda que «reescribiré todo lo que pueda. Inédito, escrito y reescrito», añade, como si deseara ejercer una mirada panorámica en donde se intuye que más que un reordenar su obra se trata de alcanzar la coherencia del tiempo y el yo.

Porque cuestiona el autor de Edad, Sublevación Inmóvil o Blues castellano: «¿Qué tienes que ver con el que eras hace 35 años? ¿Por qué exigirle a tus obras lo que no eres capaz de sostener cuando el tiempo ha pasado?», se pregunta y, por supuesto, la respuesta queda en el viento de la propia intención de Antonio Gamoneda como cosa suya. Asunto suyo será: «Yo he dejado de ser yo y empezado a ser otro tantas veces…», asegura.

Tal vez, cuestionar el porvenir tenga en el pasado la mejor materia prima, pero en el caso del Antonio Gamoneda vital, el de ayer, la mejor fórmula está en el presente. Porque no olvidemos que esto era una reunión secreta a voces calmadas. Vega, Escobar, Amancio, Artigue… artífices también de esta fusión generacional. Un lugar privado para aprender cosas serias: «El orden es este: El vigilante de la nieve, la tortilla y el taxi». Será cuestión de poner en su lugar las prioridades para encontrar a día de hoy a un pletórico poeta Antonio Gamoneda en su edad. Presentarlo así con el optimismo de quien cultiva la curiosidad y la amistad. Un premio Cervantes, el más alto de las letras españolas, que aún prefiere la alfombra real de las calles de León.

:: En palabras de Sánchez Santiago

‘Esto era el destino: llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua’. Destino, borde, quietud… A la creciente perturbación de una lectura sostenida en un itinerario de dolorosa vehemencia se une, seguramente sin sospecharlo el poeta, una de difícil serenidad que también ha de empañar a quien ha sentido mientras leía una de esas experiencias que nos revelan a la vez nuestra fragilidad insoportable y la fortaleza que pasa por aceptarnos irremediablemente como criaturas intermedias, suspendidas entre el absoluto de dos vacíos sin nombre. Así volví a sentirme treinta años después, restregado el corazón de nuevo contra este relato nebuloso y atroz y de erizada hermosura que es ‘Libro del frío’. En él, alguien sigue avanzando con sigilo hacia una luz final sin desprenderse de aquello que en la vida le salió al paso y aún continúa resonando con interior estrépito incesante.

La poesía como forma de resistencia, un artículo en El Asombrario (2022)

Haz un click para leer el artículo entero…

Por JAVIER MORALES

La poesía como un acto de resistencia, de rebeldía, de amor… Hoy ‘Área de descanso’ se detiene a recomendar a varios poetas que, desde sus versos, nos ayudan a mirar de otra manera el mundo. Desde los enormes Antonio Gamoneda y César Vallejo a Valeria Correa Fiz, María Jesús Mena, Viky Frías, Eduardo Kahane, Daniel Romero Campoy…

Como asegura Jorge Riechmann en su último libro de poemas, no creo que la poesía sea un arma cargada de futuro, aunque sí una forma de resistencia. Algo así le contó al periodista (y poeta) Javier Rodríguez Marcos el gran Juan Gelman cuando vino a España a recoger el Premio Leteo. En el acto de entrega le acompañaba otro enorme poeta, Antonio Gamoneda, ambos premios Cervantes. Para Gamoneda, la poesía ni siquiera sería un género literario, tiene que ver más con una manera de mirar al mundo, sería algo más espiritual y no un producto pensado para ser consumido.

Tanto Gelman como Gamoneda beben de la palabra de uno de los grandes poetas de todos los tiempos, el peruano César Vallejo. (…)

Un artículo sobre Gamoneda de Jaime Federico Rollán Ortiz (2005)

Referencia bibliográfica:

Rollán Ortiz, Jaime Federico. “Acercamiento a la ontología del morir de Antonio Gamoneda”. RevistaTierras De León, Vol. XLIII, n.º 120-121, Instituto Leonés de Cultura, 2005, pp. 1-24. Impreso.

Se puede descargar entero (24 págs.) en pdf:

Fuente: Bibliografía de Estudios Leoneses

Poesía y pobreza en la obra de Miguel Hernández y Antonio Gamoneda, por José Ángel Leyva


Por JOSÉ ÁNGEL LEYVA
[Publicado en La Semanal, suplemento del diario mexicano La Jornada, el 21 de agosto de 2022]

Poesía y pobreza, esa relación compleja y profunda que nos toca y conmueve en la obra de Miguel Hernández (Orihuela, 1910-Alicante, 1942) y de Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) a quien se convoca aquí, entre otros poetas y pensadores, para tratar de responder la pregunta: “¿cómo se puede vencer la estrechez, las carencias y, en muchos casos, la miseria para alcanzar tales niveles de expresión lírica?”.

No es lo mismo hablar de la pobreza o escribir de la pobreza que hacerlo desde la pobreza. Miguel Hernández escribió desde la carencia y desde la cárcel, la guerra y la derrota. Su poesía y su biografía se amasan desde la más absoluta orfandad social y desde la rebeldía, desde una vocación casi natural por las palabras que alteran la realidad y la convierten en fundamentos estéticos y en sustancia humana por consecuencia. Alguna vez, conversando con Antonio Gamoneda, años antes de que escribiera y publicara su segundo volumen autobiográfico titulado justamente así, La pobreza, me comentaba su deseo de reflexionar más acerca de esa relación entre la pobreza y la poesía escrita desde la experiencia del desheredado y sus penurias. Para él, César Vallejo y Miguel Hernández representan dos referentes insoslayables del tema y, seguramente, dos figuras de la poesía universal. Cervantes sería en su perspectiva el tercer referente español que escribió desde y en la pobreza. La pregunta que surge es: ¿cómo se puede vencer la estrechez, las carencias y, en muchos casos, la miseria para alcanzar tales niveles de expresión lírica?

Gamoneda piensa, con Marx, que la conciencia de la pobreza es revolucionaria. Vallejo, Hernández y Gamoneda son sujetos con conciencia social, de clase. Los tres pertenecen a un momento donde la violencia se enseñorea y la destrucción arrasa con millones de vidas, se cocinan genocidios de proporciones inconcebibles y la esperanza de humanización abre paso al escepticismo. Pero no es el caso de estos tres poetas que ven en sus vidas y en sus escrituras un camino hacia la libertad y el amor entre los hombres. La conciencia de la pobreza alimenta e impulsa la rebelión contra esa condición de injusticia de quienes nada tienen contra quienes se apropian de su fuerza de trabajo.

:: Conciencia lingüística, estética y de clase

Cito unas palabras del discurso de recepción del Premio Cervantes, año 2006, en el que Gamoneda hace referencia al tema en cuestión: “En nosotros, ‘los de la pobreza’ […] los que nos hemos acercado al conocimiento de forma principalmente intuitiva y solitaria (prefiero no decir ‘autodidacta’, una palabra que me parece imprecisa), la subjetivación radical y el patetismo resultarán naturales, y nuestro lenguaje no estará ‘normalizado’ porque (en sí mismo y por sí mismo) será un lenguaje poética y semánticamente subversivo. El sufrimiento de causa social es nuestro sufrimiento y penetra […] nuestra conciencia (estética y) lingüística.”

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«Lo que queda», una reseña de ‘Esta luz’, por Juan Manuel Díaz de Guereñu (2005)

Haz un click en la imagen para leer entera la reseña de Juan Manuel Díaz de Guereñu del libro «Esta luz. Poesía reunida 1947-2004», de Antonio Gamoneda, publicada en Revista de Libros el 1 de julio de 2005.

«La escritura del cuerpo», un artículo de Ildefonso Rodríguez dedicado a Gamoneda en el nº 2 de ‘Un ángel más’

La revista «Un ángel más» (Casa Revilla, Fundación Municipal de Cultura, Valladolid), que dirigieron Gustavo Martín Garzo, Carlos Ortega y Miguel Suárez, dedicó en su Nº 2, publicado en otoño 1987, un amplio dossier al poeta Antonio Gamoneda, que coordinó Miguel Casado.

En ese dossier apareció originalmente este texto, que se publica ahora de nuevo, tal cual era entonces, por gentileza del autor (que ha tenido la generosidad de transcribirlo):

LA ESCRITURA DEL CUERPO

Por ILDEFONSO RODRÍGUEZ

Ildefonso Rodríguez. Foto: Eloísa Otero.

Lo que ahora muestro es solo mi actividad de lector: un conjunto de estampas, de postales extraídas de unos textos para mi gusto y claridad. Elaboré, con rachas de pasión, un panorama, un aparato semejante a un estereoscopio antiguo y me asomé a él una y otra vez. Mucho quedó fuera, pero yo tuve que elegir. Es seguro que todo, en la poesía de Antonio Gamoneda, pueda verse desde puntos invertidos y contrarios a la visión que yo me representé, pues incluso esta para mí es ocasional (basta que yo vuelva a su lectura para que ya aparezca otra y muy diferente, y ahí reside uno de los valores altos de esta poesía, en ser irreducible como pocas).

Si mi elección fue ajustada, si tuve buen o mal gusto al escoger, es algo, obviamente, ajeno a los textos. La que allí quedó, extendido sobre aquel mostrador, es mucho más, hasta la cara oculta de esa escritura, la que yo nunca llegué a ver. Pero eso es lo que traje conmigo y ahora lo expongo desde la amistad con tal poesía, amparándome en una forma de confianza que, con todo, no deja de intimidarme.

La escritura poética de Gamoneda gana a sus lectores por el despliegue de una energía poco común, una atracción en la que el propio lector obtiene la experiencia continuada y muy específica de su acto de lectura. Es como si, al leer, se le representase de un modo nada virtual y en cambio muy corpóreo, vívido, una naturaleza que le pertenece y a la que él mismo pertenece; se le ofrece un organismo que roza y se comunica con sus propios sentidos, con la sensibilidad absoluta (no parcial, no ideal o figurada) de su cuerpo. El lector pone en suspensión su hábito común de mirar un texto, de pensarlo y entenderlo. Abre los ojos sobre la escritura y obtiene sensaciones de tacto, de paladeo, de audición, advierte un bullir de movimientos en su interior. Crecen en él materias y sustancias que desconocía y las incorpora, de un modo natural, a su repertorio, ilimitado ya, de experiencias en lo que entiende por mundo. Ve también nuevos objetos que, le parece, podría pesar con la mano o bajo cuyas sombras sería capaz de reposar.

Pero toda esa sustancialidad, esa corpulencia en la que se amplifica el lector, no es más que palabras, vocablos que él mismo reconoce, después, como semejantes e idénticos a los de su habla común. Y vuelve al texto y otra vez esas palabras se le transmutan por efecto de una combinatoria en apariencia muy evidente, se recubren, generan un cuerpo inesperado, pero también reconocible desde el sensorio del lector. No solo los nombres y los adjetivos portadores de color o sinestesia poseen tal vivacidad, pues hasta las partículas, los adverbios, se comportan de modo semejante, se espesan, forman grumos, les crecen pestañas vibrátiles. Y en cuanto a los propios textos, tanto da si son dilatados (un conjunto casi absoluto como la Descripción de la mentira) o bien son prosas, iluminaciones fragmentarias y formas muy breves como las que se componen en las Lápidas. Siempre el lector asiste al mismo fenómeno: una poesía que le cubre y se deja cubrir, que espumea, que desborda sus límites (aun en el caso de que alguna poesía los tenga).

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«Barcarola centenaria», por Juan Bravo

Por JUAN BRAVO
Publicado en La Tribuna de Ciudad Real el 20 de junio de 2022

Con la aparición del número 100 de Barcarola esta última semana se cierra un sueño cultural iniciado con la democracia y seguido puntualmente durante 43 años hasta hoy. Una aventura iniciada en provincias y que, en un principio, parecía llamada a la común y triste suerte de este tipo de empresas, por azares del destino ha acabado convirtiéndose en una de las revistas literarias decanas del panorama español.

Y, acompañando al dossier, las habituales secciones, con un aluvión de textos y aportaciones inéditas, tanto de poesía, como de narrativa, o ensayística, de incuestionable valor, con nombres como Michel Houellebecq, Jaime Siles, José María Álvarez, Luis Alberto de Cuenca, Antonio Colinas, Fernando Arrabal, Jesús Ferrero, Clara Janés, César Antonio Molina, Javier Lostalé, Antonio Muñoz Molina, Marcos Ricardo Barnatán, Ángela Vallvey (reciente medalla de oro de Castilla-La Mancha), Corredor-Matheos, y un larguísimo etcétera.

No se pueden entender los 50 últimos años de la literatura española, y aún europea, sin el concurso de Barcarola, nacida en 1979, en Albacete, en el seno de un grupo de profesores entusiastas, y que, merced a una serie de apoyos, fue ampliando su círculo mágico hasta convertirse en lo que es hoy: una auténtica joya, con dossiers consagrados a autores esenciales (los últimos, concretamente, a Julio Cortázar, Muñoz Molina, Apollinaire, Ángel Crespo y Enrique Vila-Matas), que nos han permitido acceder a las grandes Universidades, Bibliotecas y colegios del mundo entero.

El primer apoyo, decisivo, fue el del Ayuntamiento y la Diputación  de Albacete, que con su ayuda financiera aseguraron su subsistencia, así como la del Premio Internacional de Poesía y Narrativa (32 ediciones). Cabe decir, en honor suyo y en el nuestro, que todos los alcaldes y presidentes de Diputación de Albacete, han venido apoyando esta iniciativa, independientemente del color político. Lo cual da idea de lo que se puede  hacer y adónde es posible llegar con confianza, honestidad y, por supuesto, capacidad.

Tras el apoyo financiero, el de personas entusiastas, como Vicente Aleixandre, Alonso Zamora Vicente, Juan Benet, Antonio Martínez Sarrión, Antonio Beneyto, Fernando Arrabal, José Hierro, Buero Vallejo, y un larguísimo etcétera, que con su ejemplo, con su ánimo y sus textos nos fueron indicando el camino. Especial relevancia tuvieron José Manuel Caballero Bonald y nuestro entrañable Félix Grande, y, en la actualidad, Luis Alberto de Cuenca. Ellos, y otros muchos, fueron, han sido y son nuestros mentores. Aunque si de algo puede presumir Barcarola es de haber conformado en torno a sí una gran familia de entusiastas de las letras (por encima de los tres mil autores), y de haber acogido nombres, como el de Blanca Andreu y Ángel Antonio Herrera, (por poner un par de ejemplos), altamente considerados en España, o el de haber llevado la inquietud literaria, y especialmente poética, a un par de generaciones, en la que figuran cuatro premios Adonais.

Cien números y cuarenta y tres años de quehacer literario e ilustrativo (pensemos en el trabajo artístico de nuestros diseñadores, los hermanos García Jiménez, que lograron hacer de la revista un objeto precioso), que, para orgullo de Albacete y de Castilla-La Mancha, han convertido a Barcarola en un referente imprescindible en el ámbito de las letras hispano-americanas.

«Bilocación de Gamoneda», por Fulgencio Fernández

Bilocación de Gamoneda

POESÍA / Madrid y Albacete acogerán el mismo día y a la misma hora (este martes [21 de junio de 2022], a las siete de la tarde) dos actos literarios en los que el protagonista es el autor leonés Antonio Gamoneda: la presentación del libro ‘Vertigo y luz’ y la del número 100 de la revista Barcarola, un monográfico sobre el poeta.

Por FULGENCIO FERNÁNDEZ
Publicado en La Nueva Crónica de León, el 19 de junio 2022

Es habitual en Antonio Gamoneda que pase de largos silencios a épocas de intensa actividad. El próximo martes vivirá el poeta leonés una curiosa bilocación —pues él no estará en ninguno de los dos escenarios— siendo el protagonista de dos actos literarios, a la misma hora y a muchos kilómetros de distancia. Será concretamente en la Residencia de Estudiantes de Madrid y en el Museo Municipal de Albacete.

En la legendaria residencia de estudiantes se realizará la presentación del libro Vértigo y luz. Sublimidad y sinestesia en el ciclo de senectud de Antonio Gamoneda, de la que es autor Rubén Pujante Corbalán; ensayo que se alzó en 2021 con el XXI Premio Internacional Gerardo Diego de Investigación Literaria. Y en el Museo de Albacete se realizará la presentación del número 100 de la revista Barcarola, que incluye un amplio dosier de más de cien páginas dedicado al poeta leonés y que ha sido coordinado por el autor del ensayo que se presenta en Madrid, Pujante Corbalán.

El autor del libro que se presenta en la Residencia de Estudiantes señala sobre su ensayo que «este libro aborda la escritura de Antonio Gamoneda desde una óptica complementaria a las numerosas aproximaciones que existen sobre el poeta, circunscribiendo el estudio a un corpus que se corresponde con la llamada edad de la vejez o ciclo de senectud. Se parte así de la premisa de que los periodos creativos finales poseen unas características propias y diferenciales con respecto a las edades anteriores, al tiempo que se afianza y acrecienta la estela crítica generada en torno a las obras concebidas desde las postrimerías».

Se muestra convencido Pujante de que el lector encontrará en este ensayo una visión que se articula, en particular, «sobre la idea de una creación entendida como música de la memoria, siendo este enunciado la variante de una de las divisas más reconocibles del autor: que la poesía es un ‘arte de la memoria'».

Y desde esa óptica que apunta el autor del estudio sobre esta etapa creativa y vital de Gamoneda, nacido en 1932, explica Pujante que «se propone la reflexión y análisis exhaustivo de dos mecanismos rítmico-semánticos del lenguaje poético de Gamoneda: de una parte, la fascinante vinculación con la sublimidad y las distintas formas de lo sublime; de otra, la presencia y reiteración de las transposiciones sensoriales o imágenes sinestésicas. Entre los dos rasgos parecen producirse, de hecho, implicaciones que refuerzan la impronta y horizonte estético compartido de esta específica música de la memoria gamonediana».

En el acto de Madrid el autor estará acompañado por Francisco Javier Díez de Revenga.

Centenaria Barcarola

El ‘artífice’ de los dos actos, Rubén Pujante Corbalán, es licenciado en Filología Hispánica y Máster en Formación del Profesorado de Educación Secundaria por la Universidad de Murcia. En Francia ha cursado los estudios del Máster 2 ETILA (Études Ibériques et Latino-Américaines), en la Université Rennes 2.

Realizó su tesis doctoral sobre la poesía de Antonio Gamoneda, y también ha publicado numerosas entrevistas y ensayos sobre el Premio Cervantes y el Princesa Sofía de Poesía Iberoamericana, entre otros muchos reconocimientos en los últimos años.

Con Bernardo Sanjurjo y Olvido García Valdés en el CBA (2010)

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Carta de Gamoneda a Agustín Ibarrola (2000)

Publicado en La Crónica – El Mundo (Suplemento de cultura LA CAJA CHINA, viernes 12 de mayo de 2000, pág. 71), con motivo de una exposición de Agustín Ibarrola en León.

DESPUÉS DE TANTOS AÑOS

Querido Agustín:

Es verdad, han pasado muchos años desde nuestros días leoneses. Si no son cincuenta, no serán muchos menos. Hicimos amistad trenzando la juventud, la capacidad de estar alegres en la incertidumbre y la pobreza, una pizca de bohemia y esa otra causa común que aún colea: el pensamiento —y el amor— de la resistencia, la negatividad (desamparada y peligrosa casi siempre, bien lo sabes tú) ante la injusticia y la crueldad, distribuidas entonces por las potencias policiales de la dictadura y ahora (insisto: bien lo sabes tú) por los repartidores de violencias y fraudes que, con otros disfraces, vienen a ser herederos naturales de los que administraban el sufrimiento en aquellos días. En fin, que España no termina de parecerse a como la veíamos en nuestra esperanza. En cualquier caso y casi como entonces, aquí estamos.

Y aquí estás tú, otra vez en León. Me gustaría tener tiempo y ánimo para poner en esta carta recuerdos abundantes que te hicieran sonreír, que las ocurrencias jocosas no faltaron, pero no estoy en vena, y, además, podríamos entrar en indiscreción. Con todo, no me voy a dejar en el tintero algún apunte de tus fatigas financieras leonesas. Eras el tesorero de la terna de vascos. Había que verte, inquieto, casi lívido, cuando, sin saber por dónde ni para qué, Blas desaparecía del grupo (para quien no lo sepa: hablo de Blas de Otero, el poeta grande e imprevisible que venía contigo y con… ¿cómo se llamaba el otro pintor amigo, que se me ha escapado el nombre?), porque la desaparición de Blas significaba que podía reaparecer con un paquete de golosinas en la mano diciendo: ‘Agustín, pasa a pagar’. ¡Qué tiempos! Por cierto: ¿recuerdas tú si logramos vender en León alguna de aquellas láminas en las que, junto a poemas de Blas, había, enteros y verdaderos, fenomenales dibujos tuyos? Andabas entonces, si no recuerdo mal, en línea expresivista.

El tiempo, el tiempo. ¡Cómo se ama lo que se pierde! Merece la pena, a pesar de todo.

Otros días de encuentro tuvimos y no sé si ha habido alguno más. En Madrid, en la que llamasteis ‘Sala Negra’. Por entonces, con el Equipo 57, hacías —hacíais, que la creación era tirando a colectiva— un muy razonable y bello arte normativo, cargado de optimismo histórico. Había niños que trabajaban muy seriamente con vosotros en la misma onda. Me parece estar viendo a Néstor Basterrechea jugando en solitario con una pelota trotando incansable arriba y abajo de la ‘Sala Negra’.

Pero lo más que he sabido de ti en todo este tiempo ha sido por amigos interpuestos y por los papeles. Sé que has tenido que estar ‘a las duras y a las maduras’, y sé, sobre todo, que has sacado adelante una gran obra. Me da la sensación de que, sobre todo en los últimos diez años, tu trabajo va más allá de los géneros y que no es significativo hablar de escultura, de pintura, de…, que todo es uno y lo mismo en la sensibilidad y en su relación con la naturaleza, con el espacio ciudadano, con el producto industrial, con…: una propuesta incesante de conciliación estética y moral, un diálogo en y con la realidad que, en su energía, sigue comportando una forma de resistencia y esperanza. Bueno, pues lo dicho: una obra grande a favor de la vida: Gracias, Agustín, y bienvenida sea la muestra que traes a León.

Espero que los trabajos y los días (ahora estoy pensando en los próximos, en los que de nuevo vas a andar por aquí) no nos juegen malas pasadas; espero que no vengan las fechas armando desencuentros, que tengo ganas de darte un abrazo; un abrazo de los de verdad, no de esos que se ponen al final de las cartas que no sabe uno cómo terminar.

 

Dossier sobre Gamoneda en el Nº 2 de la revista «Un ángel más» (1987)

La revista «Un ángel más», que dirigieron Gustavo Martín Garzo, Carlos Ortega y Miguel Suárez en Valladolid, dedicó en su Nº 2, publicado en 1987, un amplio dossier al poeta Antonio Gamoneda, que coordinó Miguel Casado.

Gamoneda: «La poesía no se explica, su realidad sólo la nombran sus propias palabras» (2018)

Antonio Gamoneda, en el edificio histórico de la Universidad, antes de su conferencia en la cátedra Alarcos. (2008). Foto: IRMA COLLÍN – La Nueva España.

· El poeta ofreció una lección magistral sobre poética y ritmo en la Cátedra Emilio Alarcos de la Universidad de Oviedo, y leyó emocionado sonetos de su admirado amigo

Por CHUS NEIRA
[Publicado en La Nueva España, el 17·05·18]

Parafraseando a Ángela Figuera, Antonio Gamoneda podría haber recitado desde el aula magna del caserón de San Francisco que no le hacían falta los libros de Alarcos porque sus versos se los cantaban las propias paredes del edificio histórico de la Universidad de Oviedo. Y algo de evocación del maestro tuvo su conferencia sobre poética, con momentos de mucho emoción, sobrecogido, pero el premio Cervantes sí recurrió a las páginas del poemario de Emilio Alarcos para recitar algunos de sus mejores sonetos, una lira, y acompañarlos de una reflexión sincera sobre la esencia profunda de la poesía. Su explicación de los versos del lingüista fue, en realidad, una antiexplicación. «La poesía», contó a modo de advertencia inicial, «no se explica; las realidades poético-intelectuales que la poesía nombra existen sólo por las palabras que las nombran, y ninguna otra palabra puede decirlas».

Esa idea, que refrendó con cita a Eliot («la poesía es más sensible que inteligible») y ejemplificó en versos de Alarcos como «la campanada roja de los jarros», la acompañó de otras dos reflexiones esenciales en su conferencia dentro de la Cátedra Emilio Alarcos. Una es que la poesía fue durante mucho tiempo y sigue siendo fundamentalmente oralidad, ritmo en terminología aristotélica, palabra en el tiempo en la machadiana. «La poesía es oral, es fónica y auditiva». Y esa condición la relacionó con una confesión que le hizo una vez Alarcos en un bar ovetense y que Gamoneda dejó grabada en su memoria. «Yo soy un fonólogo». «Emilio Alarcos no lo dijo por casualidad; fue un gran lingüista pero por dentro era pasionalmente un fonólogo. Y la pasión por la fonología y la poesía, ambas centradas en la fonación humana venían a ser la misma pasión. ¿Era fonólogo por ser poeta o poeta por ser fonólogo?», apuntó.

Más allá de que la poesía es ritmo, y que incluso el verso libre ha de tenerlo por mucho que algunos jóvenes, lamentó, piensen que se trata sólo de poner un verso debajo de otro por la «influencia maligna de las traducciones arrítmicas de grandes poetas», más allá de esa idea, Gamoneda aportó en sus conclusiones otra idea vertebradora del hecho poético: «La poesía es liberadora, en incluso cuando canta al sufrimiento, cambia el sufrimiento por otra cosa, y esa otra cosa es liberadora». Lo dijo a cuento de otros versos nostálgicos y algo tristes, «no demasiado», con los que cerró su lectura alarquiana. Pero por muy triste o sobrecogedor que resulten las palabras de un poema, Gamoneda asegura que siempre hay gozo, placer y lo opuesto al dolor. Lo resume, dijo, el refrán: «‘Quien canta su mal espanta’, es totalmente verdadero, y en el acto de cantar, incluso si la música es triste, el sufrimiento se transforma en placer». «Los neurólogos», bromeó, «podrían tratar de averiguar por qué».

Juan Carlos Mestre y Antonio Gamoneda

[Entresacamos algunos fragmentos de esta entrevista con Juan Carlos Mestre publicada en La Voz de Galicia el 26 de enero de 2016:]

Por RODRI GARCÍA

El hijo del panadero cambió el pan por la poesía. «Para amasar había que madrugar mucho», bromeaba ayer Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, 1957). El ganador del Premio Nacional de Poesía del 2009, con el poemario La casa roja, tiene claro que los causantes de su cambio fueron dos poetas, los dos Antonios: Gamoneda y Pereira. (…)

—¿Se lee poca poesía?

—La poesía no está ahí para ser consumida como algo más, como un producto. La poesía ni tan siquiera es literatura; es, como dice el maestro Gamoneda, un proyecto espiritual, una manera de estar en el mundo. Y, dialécticamente, se opone a ser consumida.

—Dice en uno de sus poemas: «Los poetas consumen su vida alrededor de viejas palabras».

—Sí, claro, las viejas palabras que siguen nombrando los grandes desafíos. No creo que haya ninguna otra aspiración más común al género humano que la aspiración a la felicidad… La poesía es una aliada en la construcción utópica del porvenir, por eso su alianza está con las viejas palabras que siguen recordando tres principios: igualdad, inocencia y felicidad.

—¿Está con el grupo de escritores leoneses o con otros como Neruda, ya que estuvo en Chile?

—Conocí desde niño a dos poetas con los que me he formado literaria, espiritual y emocionalmente. Uno de ellos es Antonio Pereira y el otro es Antonio Gamoneda. Los traté desde los siete u ocho años y es posible que si no me hubiera encontrado con ellos me hubiera dedicado al destino natural que tenía en mi casa: hijo de un panadero, pues repartir panecillos por las calles del pueblo. Aunque mi poesía posiblemente no tenga una proximidad estética ni a la de Antonio Gamoneda, ni a la de Antonio Pereira, es deudora de su gran vocación moral, del concebir la poesía como un acto de construcción del lenguaje y no como un artefacto decorativo que anima los festejos del habla. (…)

—Gamoneda es un afectado por las inspecciones de Hacienda a escritores, ¿qué le parece eso?

—A mí no me sorprende. Hace muchos años Walter Benjamin, el gran pensador alemán, escribió un ensayo, para mí, sobrecogedor. En momentos como este uno entiende la profecía de Benjamin cuando dijo: el gran botín de los amos ya no son las plusvalías, el gran botín de los amos es la cultura. Hemos llegado al tiempo en que no son los dinerillos lo que nos quieren quitar, es la conciencia de lo que la poesía aporta al mundo: pero no podrán callar la capacidad de rebelión que tiene la poesía. Me parece un acto de Estado vergonzante.

El filósofo José Luis Pardo, sobre Gamoneda (2006)

La vigilia de Gamoneda

Por JOSÉ LUIS PARDO
[Publicado el 1 de Diciembre de 2006 en El País]

«Cuando yo tenía catorce años, me hacían trabajar hasta muy tarde». Yo me imagino aún a Antonio Gamoneda trabajando hasta muy tarde. Rehaciendo constantemente sus poemas con la misma inseguridad y la misma obstinación que cuando entraba de madrugada en la oficina a los catorce años. Con una diferencia. «… Cuando me pongo / los pantalones, / me quito / la / libertad», decía entonces. Ahora, cuando se pone los pantalones de escribir no se quita la libertad sino que la gasta escribiendo. Y no sólo eso. No es sólo lo que sus versos tienen de trabajo, de versos trabajados una y otra vez, de fruto del esfuerzo interminable de quien pone cada día a prueba su libertad renunciando a ella. Es la propia naturaleza la que en sus versos trabaja sin descanso, la que no es jamás un simple objeto de contemplación sin ser al mismo tiempo sujeto de una acción inconsciente, involuntaria pero incesante, sin reposo ni domingo. No solamente los campos de sus versos son a menudo huertos y polígonos agrarios. No solamente el lino es algo más que lino para ser tocado o visto, pues en su tacto y en su vista se adivinan los nudos del trenzado, y en las trenzas las manos blancas que lo trabajaron. Es el esfuerzo que nos hace a todos y a todo lo demás, un trabajo anónimo que no se detiene ni cuando la industria para: las máquinas, entonces, lloran. De nada sirve fingir dormir: el sueño sigue trabajando bajo los párpados. De nada sirve dejar a la sangre circular por las venas, incluso vaciarse. En las venas siguen trabajando los cordeles, los cordones, las cuerdas. De nada sirve llorar, los insectos trabajan libando el llanto, haciendo círculos sobre las tazas inmóviles. De nada sirve cerrar los ojos, porque dentro de los ojos trabajan los caballos. De nada sirve dejar de llorar, porque los caballos que habitan dentro de los ojos han aprendido a llorar. De nada sirve ni siquiera dormir, porque hay uno que vigila, que permanece despierto en nosotros mientras dormimos. La vigilia de Gamoneda, su estar aún trabajando hasta tan tarde y atravesar las ortigas en busca de un árbol prometido que no es precisamente aquel del que se alimentan los mordaces, obedece al conocimiento de que hay cosas (y seguramente son las más importantes) que sólo se pueden ganar perdiéndolas, que en rigor no se pueden poseer si de verdad se aman –la lengua es una de ellas–, hay frutos que sólo pueden degustarse si se aprende a fracasar en el esfuerzo por apoderarse de ellos. Y cuando volvemos a casa con las manos vacías sólo nos queda lo que no hemos podido recoger: las huellas de unos labradores enviados a un país sin nombre, el silbido de los trenes que pasan por la tarde llevándose lejos a esos mismos hombres o a otros, el hormigueo de los caballos que lloran bajo los párpados y de los insectos que liban el llanto en las tazas vacías. Pero el poeta, aunque él no quiera saberlo, no sólo ha alcanzado el gran árbol prometido de dulcísimos frutos de la única y amarga manera en que puede alcanzarse, en los pedernales y en las sombras, sino que además ha conseguido alimentarnos con él a los demás.

«El arte en los tiempos del sobre», por Noemí G. Sabugal (2013)

El arte en los tiempos del sobre

Gamoneda pide una economía basada «en su realidad, no en su irrealidad» en la apertura en el Auditorio de una exposición del fotógrafo Robés inspirada en su poesía

Por NOEMÍ G. SABUGAL
Artículo publicado en Diario de León, en febrero 2013

La utilidad del arte y la utilidad de la prima de riesgo. Hum. El frío de unos versos y el frío de la cola del paro. Ejem. De todo esto y más se habló ayer durante la inauguración en el Auditorio de León de la exposición El vigilante de la nieve, una muestra de once fotografías en blanco y negro del fotógrafo villafranquino José Antonio Robés basada en el poema del mismo título del poeta y premio Cervantes Antonio Gamoneda.

«Se trata de configurar una economía basada en su realidad, no en su irrealidad. El dinero y sus desequilibrios internos son los que determinan la crisis», afirmó Gamoneda. Fue tras la consabida pregunta sobre la crisis y los últimos escándalos políticos, que el concejal de Cultura del Ayuntamiento de León, Juan Pablo García Valadés, tuvo que repetirle porque, ironizó el poeta, «si como poeta soy mediano como sordo soy perfecto». «Los sobres y eso», reseñó Valadés.

Gamoneda lamentó que esta crisis económica, en la que estamos «dolorosamente sumergidos» será superada pero supondrá, no sólo en España sino en el mundo, «una enorme transformación histórica del sistema económico». «No es creíble que exista una crisis económica cuando sobre la superficie de la tierra existe la misma riqueza potencial que en los años que no eran de crisis», añadió Gamoneda.

Robés también habló del momento en que nace esta exposición y afirmó que lo hace «en pleno azote de una tormenta de crisis, desahucios, medias verdades, enteras mentiras, sobres, colas del paro, prima de riesgo, eres y un frío helador». El mismo frío que recogen sus fotografías, que Gamoneda significó que establecen un diálogo creativo con sus versos y que muestran, encima de la nieve que todo lo cubre, «una gran soledad». «Vamos a habitar esta hermosa soledad que nos propone Robés», animó Gamoneda.

El fotógrafo villafranquino subrayó que el principio de este proyecto surgió en los 80, cuando empezó a trabajar la temática de la nieve y después se fue aproximando a los poemas de Gamoneda.

Estas fotografías formaron parte de una tirada limitada que se regaló a los Reyes en su última visita a la provincia, pero es la primera vez que se exponen. La muestra estará abierta al público hasta el próximo 8 de marzo.

Jorge Pedrero.

El poema El vigilante de la nieve, cuyos versos acompañan a las imágenes de Robés, tiene su origen en una anécdota con un amigo de Gamoneda [Jorge Pedrero, «obrero del vidrio, pintor y suicida»] que vivía al lado de la carretera de Alfageme y al que, en un día especialmente frío, el poeta le preguntó qué hacía allí fuera. «¿No te das cuenta de que estoy cuidando de la nieve?», le dijo.

Esa actitud vigilante es la misma que debe tener el artista, afirmó Robés. «Todos los que tenemos el oficio de mirar tenemos un compromiso, el compromiso de ser vigilantes. Definitivamente hay que vigilar para poder decir basta ya». Y además expuso la pregunta de para qué sirve el arte, «¿Y la utilidad del arte? La respuesta está clara: el arte no sirve para ganarse la vida, sirve para ganarse el alma». Sí, y tal vez para tener un poco menos de frío.

Fotografía de José Antonio Robés para «El vigilante de la nieve» de Antonio Gamoneda.

«Antonio Gamoneda», por Alberto Pérez Ruiz (1993)

Alberto Pérez Ruiz (Logroño, 1935 – León, 2014) fue presidente de la Diputación de León desde 1984 a 1991.

DESDE COYANZA

«ANTONIO GAMONEDA»

Por ALBERTO PEREZ RUIZ
Artículo publicado en el diario La Crónica de León, en diciembre de 1993

Considerando las cosas objetivamente, creo que es difícil que se pueda dar en otro momento histórico la circunstancia que se da en el presente: que una provincia española pueda presumir de haber dado a la lengua castellana tantos escritores de primera línea en activo como son hoy los escritores leoneses. Sin pretender que sea exhaustiva, hagamos una enumeración de esta nómina que abarca los más variados géneros literarios como son la poesía y la prosa, y, dentro de ésta narrativa, el cuento, el ensayo y hasta la investigación en varios campos: Victoriano Crémer, Antonio Pereira, reciente ganador del premio de cuentos “Torrente Ballester”, Juan Pedro Aparicio, José María Merino, Luis Mateo Diez, Julio Llamazares, Agustín Delgado, Florentino Agustín Díez, Luis Alonso Luengo, Ramón Carnicer, Antonio Castro, Luis López Álvarez, Valentín García Yebra, Gaspar Moisés Gómez, Luis López Álvarez, todos ellos entre los que considero amigos. Y Andrés Trapiello, José Antonio Llamas, Ángel Fierro, Juan Carlos Mestre, Antonio Colinas, Ildefonso Rodríguez, Jesús Torbado, Elena Santiago, César Aller y Josefina Rodríguez Aldecoa, entre los que admiro pero no he tenido la suerte de tratar.

Estoy seguro de que todos ellos van a comprender que, puesto a rendirles un humilde homenaje, haya elegido como título y paradigma de la primera entrega, puesto que dudo si podré agotar hoy todo cuanto quiero decir sobre el tema, al que es para mí, si no me atrevo a decir el mejor, sí desde luego el más querido y admirado. No en vano he convivido con él ocho años y durante ellos he tenido la inmensa suerte no ya sólo de conocerle sino de aprender de él en varias facetas de su destacada personalidad: he conocido y he aprendido de Gamoneda poeta, de Gamoneda prosista, de Gamoneda crítico y experto en varias artes que van desde las pictóricas hasta las gráficas, y principalmente de Gamoneda persona y amigo.

Hay más motivos para personalizar de alguna manera en él este comentario sobre los escritos leoneses. Es el más desconocido de todos, al menos si se toma como referencia el conocimiento y admiración de que goza fuera de nuestras fronteras provinciales y nacionales. Seguramente muchos de los que le han llamado y siguen llamando para recitar poemas, dar lecciones magistrales o participar activamente en cursos universitarios en León, Oviedo, Santander, Madrid, Sevilla, Zaragoza, Barcelona, Lima, Cuzco, Illinois, Colonia, Bonn, Zurich o Berna, no se podían imaginar que su trabajo diario discurría en una pequeña oficina del edificio Fierro de su León, en la que se dedicaba a recoger y seleccionar originales de la revista Tierras de León de la que ha sido el alma durante años, o a seleccionar, dirigir la edición y corregir pruebas de las distintas publicaciones de la Diputación o a ayudar a un presidente de esta institución a superar las dificultades que encontraba para expresarse en un buen castellano. No sólo hizo eso Gamoneda. En el periodo en que hemos colaborado, este hombre que se ha autotitulado «extra académico» dejando un poco en entredicho a la «academia» ha hecho muchas más cosas de las que fui testigo. Por ejemplo, dio el impulso inicial a un ambicioso plan de recuperación del acervo cultural leonés, plan que abarcó desde varios monumentos arquitectónicos comenzando por Carracedo, hasta la indumentaria y la arquitectura popular pasando por los yacimientos arqueológicos, las canciones, los romances y los cuentos. Todo este proyecto se realizó a satisfacción aunque quedase sin hacer una parte a pesar de la ilusión y el repetido esfuerzo que ambos compartimos y que se estrellaron con una serie de impedimentos coincidentes. Se trataba de lo que es hoy todavía una asignatura pendiente: el catálogo monumental de la provincia, lo que los dos conocíamos por el «nuevo Gómez Moreno».

¿Hacen falta más razones para justificar mi elección o mi predilección por este poeta con el que comparto un leonesismo militante aunque sea de adopción? Pues recordemos los premios y galardones que ha recibido y principalmente los dos que más le honran y enorgullecen: el de Castilla y León de las Letras en 1985 y el Nacional de Literatura de 1988 por su libro Edad. Entre sus obras solo cito las dos que escribió en nuestros tiempos de convivencia, esto es la anterior y El libro del frío, que vio la luz ya en 1992. Y en la lista de justificaciones no podemos dejar de mencionar el hecho de que acaba de dejar su actividad profesional. Y lo ha hecho con un silencio tal que, si bien a él le honra y está en consonancia con su vida, a otros nos pesaba como una losa y nos exigía algún grito que lo rompiese al menos simbólicamente. Y este grito debe de incluir la esperanza y el deseo de que esta circunstancia le permita disponer de mucho tiempo y mucha tranquilidad para dedicarlos a la creación artística.

Sé muy bien que, cambiando las circunstancias personales, el canto o intento de canto de alabanza que acabo de hacer de Antonio Gamoneda podría hacerse de todos los que enumeramos al principio y de otros que no he citado. Esa es precisamente la importancia del hecho que hoy quería destacar y que demuestra mi tesis inicial. No aspiro a decir de ellos lo que se merecen sino lo que soy capaz en este que he llamado humilde homenaje y que voy a concluir con una reflexión a mitad de camino entre la seriedad y la broma: ¿Imaginamos lo que ocurriría en otras provincias o regiones de este país si contasen con una pléyade de escritores como la que nos sirve a nosotros de orgullo? No debemos caer en los errores en que otros posiblemente caerían pero tampoco podemos ni debemos ignorar la realidad.

Y como se acercan las fiestas navideñas, tiempo de lectura y de regalos, me apetece terminar con un consejo a modo de consigna: lea usted un libro de autor leonés, regale usted un libro de autor leonés. Y no sólo ni principalmente por defender y promocionar lo nuestro, sino porque son los mejores.

Nota de despedida. Cuando ya estaba redactado este artículo me llamó el director del periódico para anunciarme la remodelación de esta sección. Decidí entonces publicarlo sin ninguna modificación y añadir al final dos reflexiones: primera, que debo dar las gracias a La Crónica 16 por haberme ofrecido generosamente esta tribuna durante 87 semanas y en particular a Lolo por su genial colaboración durante las 22 últimas. Y en segundo lugar, que pienso que no ha podido elegir la casualidad mejor oportunidad para finalizar esta mi primera experiencia de columnista semanal. Y es que esta columna última ha salido, quizás como ninguna otra, del cariño que siento hacia León y sus gentes.

‘Descripción de la mentira’ / «Pequeñas cosas sobre un libro grande», por Antonio Pereira (1978)

PEQUEÑAS NOTICIAS SOBRE UN LIBRO GRANDE

Por ANTONIO PEREIRA
(Artículo publicado en el diario La Hora Leonesa, el 15 de marzo de 1978)

Hace ya varias semanas que el último (por ahora) poemario de Gamoneda, ha alcanzado ese gozo del alumbramiento que es –que sigue siéndolo, por encima de cualquier otro modo de divulgación– su salida de las máquinas de imprimir. Yo he tenido en las manos el fruto palpable, lo tengo ahora mismo con esa sensualidad que nos transfieren siempre las páginas nuevas, todavía olorosas al oficio que más ha hecho por la comunicación entre los hombres. Pero no olvido otras gratificaciones previas: la de haber conocido, no diré que por azar, puesto que las amistades profundas dejan escaso margen a la casualidad, las holandesas manuscritas o mecanografiadas que el poeta iba produciendo como resultado de una necesidad implacable, y el acto de coser, grapar las hojas sueltas e inéditas, uno de los instantes más temblorosos –y que no recuerdo haber visto glosado por nadie– del largo y desasistido proceso de la creación literaria…

Como no podía ser menos, las primeras resonancias han comenzado a levantarse en León y fuera de León. Merece retenerse la de quien ha escrito en su comentario periodístico que sí, que está muy bien remover las aguas de la poesía, nunca aquietadas del todo; pero que justamente la salida de un libro como «Descripción de la mentira» debiera aceptarse como ocasión obligatoria para estudios con vocación de hondura y permanencia. También a mí, el largo y tendido poema de Gamoneda (rectifico aquí lo de poemario) me parece materia suficiente e incluso generosa para el análisis. Su estructura y su aliento, la profundidad de sus vetas y la sugestión del lenguaje, las plurales posibilidades de lectura… todo deja sospechar que nos encontramos ante uno de esos textos que en la brevedad de su extensión contienen la llamada a elucidaciones mucho más amplias que ellos mismos.

Pero ya me urge decir una cosa: que yo no voy a ensayar esa tarea. O menos irreversiblemente, que no voy a acometerla ahora. León está presenciando en estos momentos una atención profesoral y estudiosa hacia su propia literatura, gracias a gente especializada en una crítica moderna. Lo mío, en cambio, lo que a mí me ocupa es dejar constancia de una adhesión personal y poética, trazada mayormente sobre la anécdota: que en negocios de amistad, me parece apenas separable de la categoría…

El 11 de junio de 1976 –por ejemplo–, viernes, larguísima sobremesa en Los Candiles. Antonio sabe escuchar, escucha pudorosamente recatado detrás del humo de su pipa. Hay que declararse con sinceridad, de siempre y en común nos hemos prohibido la medicina complaciente. Yo le reconozco desde luego a su manuscrito, una fascinación y una potencia verbal (dentro de la contención) que casi, de tanta hermosura, se hacen sospechosas. Y como lector un recelo de que se nos esté intentando «embaucar» con la palabra. (Bueno, ahí está Borges que asevera: «Todo escritor es un embaucador»). Una dificultad para penetrar a primera sangre en sus zonas oscuras, que se presentan al hilo de cualquier fragmento… Pero también, y como colofón, el dar a la caza alcance en la final claridad de «Descripción de la mentira» –para mí es la declaración agónica de una deserción temporal, de la que el poeta regresa gracias a un ejercicio de reencuentro consigo mismo, y en él se reconcilia…–, que todavía no se llamaba «Descripción de la mentira».

El lunes 20 de diciembre de 1976, en el Palomo. (Son las ventajas de mi diario maniático, minucioso). El libro iba a llamarse, se llamaba ya en su existencia intrauterina y secreta: «Profundidad de la mentira», pero al autor lo desazonaba ese algo pretenciosamente trascendente a que remite profundidad… Había, las hay siempre, un abanico de posibilidades. Pero también, como siempre, el convencimiento de que sólo una de ellas es la buena.

Tratábamos de hablar de otras cosas pero era inútil, el poeta maquinaba en lo suyo, más espeso de cejas que nunca, apurando alejadamente el vino de la costumbre. De repente se dio una palmada en la frente: «¡Lo tengo!». Me hizo recordar que había él manejado «Profundidad de la mentira» y «Descripción del silencio»… Estaba claro: ¡DESCRIPCION DE LA MENTIRA! Levantamos los vasos alegremente, sin ceremonia. En paz.

Para terminar, y porque estas notas se escriben en León, podría subrayarse lo leonés del libro. Precisamente un libro que desde su planteamiento hasta su culminación se vuelve hacia lo universal de la poesía y del hombre. Arrancando del signo editorial de la colección «Provincia» para rematar en la datación en León y Boñar, señales respetables, pero en la condición de lo accesorio, el poema transcurre por caminos a cuyo reconocimiento basta una lectura atenta. (No una lectura denodada, como alguien pudiera pensar a primera vista). Árboles esbeltos, urces, sombra azul distribuida en sernas y el ganado de vientre pisando sobre la nieve. Pero también el paisaje urbano, con hombres de la ciudad en donde acaso podamos reconocernos. Por ejemplo, en estos claroscuros fragmentos:

Tu serenidad era la servidora del desprecio. Como a animales sosegados, hartos de indiferencia, nos conducías a la frecuentación de los notables y a las acacias inmóviles sobre la oscuridad del río.

Tu suavidad purpúrea y tu murmuración eran dóciles.
Te detenías bajo las lámparas y los insectos blancos aparecían sobre ti…

Con las inmensas libertades que el poeta recaba para la transmutación de la realidad cotidiana en pura sustancia poética: ¿Sería descabellado pensar –sentir– al fondo de los versículos la figura de Antonio de Lama?

«Testigo de A. G.», por Antonio Pereira (1988)

Antonio Gamoneda.

Testigo de A. G.

Por ANTONIO PEREIRA
(Artículo publicado en el suplemento «El Filandón», de Diario de León, en julio de 1988)

Ahora ya no sé cómo supe «lo de Gamoneda». La radio, la televisión, quizá la  imagen familiar del poeta, entre tierna y ceñuda, al desplegar el periódico de la mañana. Me prohibí la vehemencia del teléfono. Le escribí. Ahora me pongo a redactar estas líneas para unas páginas de homenaje y será escribirle a él y también a mí mismo, que me veo premiado como amigo viejo, partícipe de la aventura humana y literaria del poeta de Edad.

Y me voy a permitir un perdonable orgullo. Frente (o junto) a los críticos encopetados que en estos días declaran su sorpresa ante el «corpus» de la obra gamonediana, uno no resiste la tentación de exhibir la virtud del madrugador. Porque no es grano de anís, llevarles diez años de delantera. Abramos comillas: «La salida de un libro como Descripción de la mentira debiera aceptarse como ocasión obligatoria para estudios con vocación de hondura y permanencia (…). Su estructura y su aliento, la profundidad de sus vetas y la sugestión del lenguaje, las plurales posibilidades de lectura…, todo deja sospechar que nos encontramos ante uno de estos textos que en la brevedad de su extensión contiene la llamada a elocuciones mucho más amplias que ellos mismos». El abajo firmante lo firmaba entonces en este mismo periódico. El 15 de marzo de 1978, para los amigos de la precisión.

A Antonio Gamoneda le ha llegado el interés de los exégetas. Está bien, con tal de que se nos deje un sitio a los «testigos». Walt Whitman suministra una cita tópica, y no voy a estampar aquí que quien toca el libro de Gamoneda toca un hombre. Lo que el lector palpa y respira, desde luego, es la historia y la edad de un hombre. Y no solo su edad biológica y biográfica, sino también –ambigüedad feliz, la de la poesía–, esa otra edad que se define como época, período, tramo en la crónica general del mundo. Leer a Gamoneda es saber de él. Pero también es repasarnos a nosotros mismos.

Estamos, pues, en la hora de la justicia y de la verdad sobre el poeta leonés. En una revista literaria se decía «El año Gamoneda». Me gusta más la titulación de otra publicación, también del ramo: «Un poeta para el fin del siglo». Pero, ¿por qué poner límites tacaños a la providencia, si el siglo XXI está a las puertas y el creador justifica todas las esperanzas desde su plenitud?

Alegría por el premio nacional, por el poeta y por todos nosotros. A este viejo compañero de tantas tardes, elocuentes o cavilosas, le conforta pensar que nos aguardan nuevos y maduros frutos de Gamoneda. Y que no se han terminado las horas de las tabernas con Antonio: «Las tabernas amarillas» donde «cambiar el silencio exterior por una voz humana».

Antonio Pereira.

«De poetas provincianos» (diario El Sol, 1991)

Tres de los poetas provincianos citados (Antonio Pereira, Antonio Gamoneda, Eugenio De Nora), fueron investidos como doctores Honoris Causa por la Universidad de León en el año 2000.

De poetas provincianos

Por ANTONIO GAMONEDA
(Artículo publicado en el diario El Sol, en enero de 1991)

El primer poeta provinciano que conocí, sin llegar a verlo con mirada capaz de crear memoria, fue mi padre. Aprendí a leer en un libro suyo cuando no había libros ni escuela: «Rosas pedí en invierno al huerto mío; / bajo la blanca nieve nada había. /  Sólo encontré un rosal muerto de frío / bajo la nieve fría.»

El segundo fue Victoriano Crémer. Victoriano era —es— tierno y espinoso, tenía escoceduras carcelarias y andaba en cuestiones con Antonio González de Lama  (hombre bueno además de presbítero miserablemente beneficiado y de escritor perezoso) y con Eugenio de Nora, marxista practicante, lector en Berna y probable niña de los ojos de Dámaso Alonso. Las cuestiones eran a causa del dibujo que habría de ponerse en la orla fúnebre de ‘Espadaña’, la revista beligerante y pobre que agonizaba en León.

El tercer poeta provinciano que conocí fui yo mismo.

El cuarto fueron Antonio Pereira y Gaspar Moisés Gómez. Antonio es el inventor del erotismo diocesano, además de viajero por el Nepal, narrador afiladísimo y benefactor de la colegiata de Villafranca del Bierzo. Moisés, que lleva más de cuarenta años «dándole a la caza alcance», transita de las blancuras eucarísticas a los considerandos; de éstos a las elegías aplicables al burro de Asurio y al propio Asurio, y, finalmente, a melancolías que tienen que ver con bragas debidamente legitimadas.

El quinto poeta provinciano es innumerable y, a causa de su juventud, altamente benéfico. Practica, según quien sea el individuo, la diplomacia, la notoriedad metropolitana en el ramo narrativo, la saxofonía ecléctica, el suicidio  anunciado y otras dignísimas labores mercantiles o vocacionales.

Finalmente, el sexto y último poeta provinciano vuelvo a ser yo mismo.

Al segundo, tercero y cuarto nos convocaba el delegado Información y Turismo a los efectos de exaltar la primavera en el aula magna de la facultad de Veterinaria cada 21 de marzo de los años 40 y 50. No cobrábamos. Asistían las autoridades: civiles y militares.

También solíamos concurrir a juegos florales y no se nos daban mal. Hace unos treinta años, los pudientes empezaron a abstenerse. Yo me quedé a mitad de camino: escribía los poemas «alusivos» y un «negro» dotado de esmoquin y aceptable voz firmaba la plica. La gloria entera para él; el dinero, a medias. Otros, más pobres que yo, se tenían que joder y dar la cara.

Al hilo de estos naturales sucesos, algunos conspirábamos. Lo hacíamos con más miedo que gloria. Sin embargo, admitiendo que Franco se murió por sí mismo, yo creo que nuestro miedo hizo algo por España. Sin él, sin este miedo, quizá hubiera sido el Opus Dei quien nos hubiera metido en la OTAN.

Un buen día se me empezó a morir gente y comencé a sentir frío y una lucidez inútil. Ahora, gracias a Dios, vuelvo a disfrutar de una razonable confusión.

Sumando los olvidados, los emigrantes, los triunfadores, los suicidas, me he quedado casi sin poetas provincianos. Yo mismo empiezo ya a desaparecer. Ildefonso Rodríguez, que ni siquiera es cuarentón (lector poderoso y una autoridad en tangos), me viene a ver todos los viernes que no toca el saxofón en Vigo. Menos mal.

Gamoneda en el número de verano de la revista Librújula

Así se anuncia en las redes sociales el último número de la revista Librújula:

«Llena tu mochila de libros con Librújula. En nuestro número del verano te proponemos más de 50 lecturas, te llevamos al Japón literario y te traemos los libros de viaje de este siglo XXI.
Y no conformes con eso, te acercamos a Clara Sánchez, Víctor del Árbol, Javier Azpeitia, Almudena Sánchez, Fernando Clemot, Antonio Gamoneda, Gil de Biedma/Juan Marsé y Mr. Berlanga.
Con la portada de @pablo.caracol
¡Este verano lee Librújula!

Búscanos en las librerías y quioscos.»

«Gamoneda, 90», un artículo de Luis Algorri

Haz un CLICK en la imagen para leer el artículo…

GAMONEDA, 90

Por LUIS ALGORRI
(Artículo publicado en la sección de Opinión del diario vozpopuli.com, el 11-6-2021)

El premio Princesa de Asturias de las Letras, que tanto tiempo y tanto esfuerzo costó llenar del prestigio que ahora tiene, se lo han dado a Emmanuel Carrère y eso está muy bien, pero Antonio Gamoneda acaba de cumplir noventa años en plena lozanía, y eso son palabras mayores. (…)

  • Sigue leyendo el artículo AQUÍ

«Una patria es, amigos, un país CON justicia», un verso de Gamoneda bien y mal reproducido

Fragmento de la noticia de la agencia Ical, con el verso equivocado, en el diario La Razón. Haz click…

La noticia de la agencia ICAL (8-6-2021) sobre el homenaje a los presos franquistas que ha tenido lugar en el Parador de San Marcos (León), antaño campo de concentración franquista, contiene un ERROR que ha sido reproducido en todos los medios de comunicación que se han hecho eco de ella (ponemos como ejemplo al diario La Razón, sobre estas líneas, aunque hay más), ya que se cita mal un verso de Antonio Gamoneda puesto en boca del ex presidente José Luis Rodríguez Zapatero (que se sabe el poema de memoria como ha demostrado en ocasiones).

La agencia Ical ha cambiado una sola palabra, la preposición CON, por la preposición SIN, modificando sustancialmente el contenido del verso, cuyo original es este:

Los versos originales. Haz click…

El diario leonés La Nueva Crónica ha subsanado el error en su página web, nada más darse cuenta:

Antes:

Fragmento de la noticia sin corregir en La Nueva Crónica.

Después:

Fragmento de la noticia corregido en La Nueva Crónica. Haz click…

La explicación está en que los medios de comunicación no han podido cubrir directamente el acto «por motivos de seguridad y limitación de aforo» en el Parador de San Marcos. Y los medios de comunicación han recurrido al teletipo de las agencias, ante la imposibilidad de enviar periodistas propios al acto para dar fe de lo que allí ocurría y se decía. Y alguna agencia, en este caso Ical, no captó bien ese verso.

En el diario digital ileon.com esta noticia, que aparece firmada por el periodista C. J. Domínguez (comprometido en temas de memoria historia), reproduce el verso original, sin la equivocación:

Fragmento de la noticia en ileon.com. Haz un click…

El mismo periodista, C. J. Domínguez, firma la noticia en eldiario.es:

Fragmento de la noticia en eldiario.es / Haz un click…

En el Diario de León (donde la noticia no aparece firmada) se recoge el verso original:

Fragmento de la noticia en Diario de León. Haz un click…

En La Vanguardia el verso está bien reproducido y la noticia aparece firmada por la agencia Europa Press:

Fragmento en La Vanguardia / Europa Press. Haz un click…

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En el homenaje a los presos franquistas del campo de concentración de San Marcos también participó Antonio Gamoneda.

Antonio Gamoneda en el Faro de Vigo

Portada de El Faro de Vigo del 5-6-2021.

Página dedicada a Gamoneda en El Faro de Vigo del 5-6-2021.

El artículo de J. C. Iglesias publicado en La Nueva España, el pasado

El 90 cumpleaños de Gamoneda en la prensa

Haz un CLICK para leer la noticia en La Razón…

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Haz un CLICK para leer la entrevista en Diario de León…

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Haz un CLICK…

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Haz un CLICK en la imagen para leer la noticia en La Voz de Asturias…

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Haz un CLICK para ver el vídeo y leer la noticia en leonoticias.com

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Haz un CLICK en la imagen…

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Haz un CLICK para leer la noticia en La Nueva Crónica…

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Haz un CLICK para ir a La Nueva Crónica.