* Biografía

¡Muchísimas FELICIDADES a Antonio Gamoneda en su 89 cumpleaños!

Este sábado 30 de mayo de 2020,
el poeta Antonio Gamoneda cumple 89 años.

La mariposa ochenta y nueve (Diaethria marchalii). Foto: Juan Carlos Noreña Tobón (Risaralda, Colombia).

Gamoneda abre el documental “Paredes de azúcar”, del artista leonés Jonathan Notario

El artista leonés Jonathan Notario ha finalizado su documental (audiovisual de animación) “Paredes de azúcar” —proyecto que obtuvo una beca de creación artística de la Fundación Villalar—, con el que busca rescatar una memoria emocional de la antigua Azucarera Santa Elvira (ubicada en la avenida Doctor Fléming, a las afueras de León capital). Y ya se puede ver un trailer, que arranca con la imagen del poeta Antonio Gamoneda leyendo un fragmento de sus memorias…

Para este documental, además de aportar su trabajo plástico (fantásticas maquetas, fotos tratadas, recortables…), Notario ha recopilado testimonios y recuerdos de la vieja Azucarera Santa Elvira —de la que apenas queda en pie su esqueleto arquitectónico— vividos y narrados por sus protagonistas. Uno de ellos es el poeta Antonio Gamoneda, quien desde pequeño vivió muchos años en el barrio leonés del Crucero, y en el arranque de este documental lee un fragmento de su primer libro de memorias, “Un armario lleno de sombra”, en el que recuerda a los “boyeros parameses” que pasaban con sus carros repletos de remolacha bajo los balcones de su casa —esos balcones desde los que el niño Gamoneda también veía pasar las “cuerdas de prisioneros”— rumbo a la Azucarera, y cómo los muchachos del barrio se las ingeniaban para, en aquella época de hambre, hacerse con algún tubérculo.

“La remolacha se troceaba y hervía hasta obtener un líquido espeso y oscuro que se añadía, con resultado repugnante, a lo poco que había que endulzar; con frecuencia, se constituía en la ‘mermelada’ que enriquecía alguna excepcional rebanada de pan”, se puede leer en la página 162 de “Un armario lleno de sombra” (Galaxia Gutenberg, 2009).

De momento, Jonathan Notario ha hecho público en Vimeo y en sus redes sociales un trailer del documental que esperaba poder presentar al público esta primavera, acompañado por una exposición con sus maquetas y todo el material plástico elaborado para realizarlo, algo que deberá posponerse por las medidas tomadas ante la pandemia provocada por el coronavirus (Covid-19).

Enlaces relacionados:

Entrevista con Gamoneda en El Comercio (2020)

Haz un click…

El diario asturiano El Comercio publica una entrevista con Antonio Gamoneda, realizada por Azahara Villacorta, con motivo de la publicación de ‘La pobreza’, el segundo tomo de memorias del poeta. La foto es de Paloma Ucha.

Gamoneda en dos fotografías, una de Mar Astiárraga (2020), otra de Pepe Núñez (1965)

Antonio Gamoneda en su estudio (noviembre, 2019). Fotografía: Mar Astiárraga / El Cuaderno.

Sobre estas líneas, una fotografía de Antonio Gamoneda realizada por Mar Astiárraga para una entrevista de CÉSAR IGLESIAS en
(haz un click:) El Cuaderno

Debajo, Gamoneda (hacia 1965), en una imagen del fotógrafo salmantino José Núñez Larraz (Pepe Núñez, padre del poeta Aníbal Núñez), que también aparece publicada en la misma entrevista:

Antonio Gamoneda (hacia 1965). Fotografía: José Núñez Larraz (Pepe Núñez).

Entrevista con Gamoneda, sobre “La pobreza”, en los vídeos de El País

Entrevista con Antonio Gamoneda, sobre la edición de “La pobreza”, segundo tomo de sus memorias / Videos El País / 8 Feb 2020

“Esta postguerra”, una columna de Pedro García Trapiello

Haz un click para leer la columna entera…

Esta postguerra

Una columna de PEDRO GARCÍA TRAPIELLO en la última página de Diario de León (17-Feb-2020)

“Literatura del yo…”, un artículo de Carlos Pardo en ‘Babelia’ (2020)

Literatura del yo: un problema que tiene mi edad

Es ahora cuando se puede calibrar el riesgo y el acierto de la apuesta de una generación de escritores con pulsión biográfica

Un artículo de CARLOS PARDO en Babelia / El País (15-Feb-2020)

(…) Más allá del debate sobre la ausencia, por motivos religiosos, de una tradición autobiográfica española, debemos a la generación del medio siglo el esfuerzo más serio por inventarla: epistolarios, diarios, memorias. No son los inventores de una literatura del yo, pero desde mediados de los años setenta se suceden con periodicidad obras que ensanchan nuestra manera de leer: memorias de Carlos Barral, Alberto Oliart y Jaime Salinas. El prodigioso diario de Jaime Gil de BiedmaPretérito imperfecto de Castilla del PinoLa novela de la memoria de José Manuel Caballero Bonald, el recientísimo La pobreza de Antonio Gamoneda

No sólo están entre lo mejor de sus autores; quizá son la tradición más viva, por menos explorada, de la literatura española. Combinan una franqueza absoluta, sin exhibicionismo, con el análisis de un país en sus momentos de formación, la incipiente apertura de la cultura española de los años cincuenta, la extinción de la memoria popular durante el franquismo… No sólo son autobiografías, como decía Hermann Broch, sino “análisis de un problema que tiene mi edad”. (…)

Adiós a Miguel Cordero del Campillo, científico humanista y defensor de las libertades

Folio 1 de 7. Miguel Cordero del Campillo y Antonio Gamoneda, entre los firmantes.

Miguel Cordero del Campillo.

En la madrugada del miércoles 12 de febrero de 2020 falleció, a los 95 años, el ex rector de la Universidad de León Miguel Cordero del Campillo (Vegamián 1925 – León 2020), veterinario de formación, pero también científico, humanista, profesor, ensayista y político independiente. Además de una eminencia en el campo de la parasitología animal, como ciudadano Cordero del Campillo fue un luchador por las libertades y una bellísima persona, con la que Antonio Gamoneda compartió correspondencia y amistad.

Carlos Pérez Alfaro, uno de los fundadores de la revista de poesía FAKE, le ha recordado, en las redes sociales, con el folio que se puede ver sobre estas líneas (el primero de siete folios de firmas) y estas palabras: “En 1970, siendo Miguel Cordero del Campillo decano de la Facultad de Veterinaria, firmó, junto a 151 personas más, una petición dirigida a la Capitanía General de la VII Región Militar para que mis camaradas y yo, presos políticos, fuéramos puestos en libertad condicional. Todos los firmantes fueron visitados por la Brigada de Investigación Político-Social. Agradecido”.

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‘La pobreza’, segundo volumen de memorias de Antonio Gamoneda, llegará a las librerías el 12 de febrero de 2020

La pobreza
ANTONIO GAMONEDA
Galaxia Gutenberg, febrero 2020.

El nuevo libro de Antonio Gamoneda, La pobreza, segundo volumen de sus memorias después de Un armario lleno de sombra, ya se encuentra en preventa en algunas librerías por internet, aunque en el momento de escribir estas líneas todavía no aparezca en la web de la editorial Galaxia-Gutenberg (sí en su perfil de Twitter). El libro llegará a las librerías el 12 de febrero de 2020; ese mismo día la editorial presentará el libro a los medios de comunicación en Madrid.

Sinopsis de La pobreza, según la nota editorial:

En 1945, con apenas catorce años, Antonio Gamoneda entra a trabajar como meritorio en el Banco Mercantil de León. De la noche a la mañana deja atrás su infancia y sus estudios para ganarse el sustento y contribuir a la economía familiar. Su ingreso prematuro en la edad adulta le permite conocer de primera mano la realidad laboral de la posguerra en el ambiente rancio de una ciudad de provincias dominada por la policía del régimen, la iglesia y los sectores más reaccionarios de la vida local. Así arranca La pobreza, segundo volumen de las memorias del poeta, que es a la vez un autorretrato del artista como anciano y un fresco vivísimo de una sociedad atenazada por la miseria moral y material del primer franquismo y sus prolongaciones. Gracias a esta mirada retrospectiva sobre una etapa oscura de nuestra historia reciente, una mirada en la que siguen latiendo la pasión crítica y el deseo de justicia, somos testigos del aprendizaje vital y literario de su autor, así como de sus primeras amistades en el mundo del arte y la poesía, su activismo político y su firme voluntad de resistencia. Novela de aprendizaje a la vez que crónica de posguerra, La pobreza esconde también un diario en el que se incluyen reflexiones sobre poesía y poética, episodios oníricos y vislumbres –a veces humorísticos– del acontecer social, del trabajo y hasta de sus viajes… El resultado confirma a su autor como uno de nuestros grandes prosistas, capaz de ensayar con igual maestría el autorretrato irónico, la viñeta costumbrista o el apunte reflexivo. La pobreza es la culminación de la obra de Antonio Gamoneda y está llamado a ser un clásico del género memorialístico.

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Archivo familiar / Una foto de juventud de Gamoneda / “Caigo sobre una silla”

Un jovencísimo Antonio Gamoneda. Fotografía del archivo familiar de Gamoneda.

CAIGO SOBRE UNA SILLA

Cuando yo caigo sobre una silla
y mi cabeza roza la muerte;
cuando cojo con mis manos la tiniebla
de las cazuelas, o cuando contemplo
los documentos representativos
de la tristeza, es
la amistad quien me sostiene.

(Del libro Blues castellano, 1961-1966)

Archivo familiar de Antonio Gamoneda / “Blues del nacimiento”

angelines-amelia-ana-angeles

Mª Ángeles Lanza, esposa del poeta Antonio Gamoneda, con sus hijas Ana, Ángeles y Amelia (hacia 1978). / Fotografía del archivo familiar de Gamoneda.

BLUES DEL NACIMIENTO

Nació mi hija con el rostro ensangrentado
y no me la dejaron ver despacio.
Nació mi hija con el rostro ensangrentado
pero me la quitaron de las manos. 

Mi hija ahora ya va a hacer tres años
y habla conmigo y ella ve mi rostro.
Mi hija ahora ya va a hacer tres años
y canta y piensa pero ve mi rostro.

Yo ahora ya no me pregunto
por qué se ama a un rostro ensangrentado.

(Del libro Blues castellano, 1961-1966)

 

Una desoladora anécdota de las memorias de Gamoneda en un artículo de Martínez de Pisón

El optimismo

Por IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN
Artículo publicado en La Vanguardia, el 30/08/2019

Una de las anécdotas más desoladoras que conozco la encontré en Un armario lleno de sombra, las memorias de infancia del poeta Antonio Gamoneda. Su padre había muerto en 1931, y su madre y él, que entonces era un niño de meses, se habían instalado en León. En 1945 los restos del padre, enterrado en el cementerio de Oviedo, iban a ser arrojados a la fosa común. La madre, que había ahorrado lo suficiente para comprar un modesto nicho, envió al jovencísimo Antonio para que supervisara la operación y, de paso, rescatara las prótesis de oro de la dentadura del muerto. Cuando los trabajadores del cementerio llevaban ya un rato cavando y sacaban restos humanos mezclados con tierra, el chico observó que algunas paladas iban a parar a un montoncito aparte. Una vez vacía la fosa, se armó de valor y echó de allí a los dos hombres. Ellos protestaron, pero Antonio se mantuvo firme. Luego se agachó junto al montón pequeño y fue desmenuzando los terrones hasta dar con unos trozos de dentadura. Tal como sospechaba, los obreros los habían apartado disimuladamente para arrancarles más tarde las piezas de oro. Lo envolvió todo en su pañuelo, regresó a León y se lo entregó a su madre, que se estaba quedando sin dientes por culpa de la piorrea y necesitaba ese oro para su propia prótesis.

Todo en esta brutal anécdota parece aludir a tiempos remotos, inmemoriales, y sin embargo es una historia de ayer mismo, como quien dice. Esa España, la del hambre, era la de la generación de mis padres. La España de mi generación fue la del desarrollismo y la transición. La de mis hijos, nacidos en los años noventa, es la de la democracia plena y la ciudadanía europea. ­Sólo dos saltos generacionales separan a los jóvenes de ahora de ese mundo de extrema miseria, dentaduras podridas y sepultureros sin escrúpulos. Salta a la ­vista que los actuales veinteañeros han sabido escoger mucho mejor que sus padres y sus abuelos el momento de venir al mundo: en Es­paña, ningún tiempo pasado fue mejor. (…)

  • Sigue leyendo el artículo completo AQUÍ

Se cumple un siglo desde la publicación de “Otra más alta vida” (1919), el libro del padre de Gamoneda

Antonio Gamoneda
Otra más alta vida.
Madrid, Imprenta Helénica, 1919.
Primera edición.

En este año 2019 se cumple un siglo exactamente, nada menos que cien años, de la publicación de “Otra más alta vida”, el libro de poesía que publicó en 1919 Antonio Gamoneda (1887-1932), padre del actual poeta homónimo (éste nacido en Oviedo en 1931, aunque desde 1936 reside en León).

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) realizó en 1993 una pequeña reedición del libro de su padre, prácticamente inencontrable, en Llibros del Pexe, Gijón (ISBN: 84-87259-46-4), “más que por su valor literario por su valor sentimental”. Se trata de un poemario con tintes modernistas, y durante años fue el único libro que hubo en casa de Gamoneda cuando éste era un niño y todavía no iba a la escuela: un único libro, de poemas, y firmado por su padre.

Pero éste fue el libro, precisamente, en el que aprendió a leer el pequeño Antonio, mientras su madre le hablaba de los títulos y autores que su padre había llegado a tener en su biblioteca. “Mi padre incluso tenía libros dedicados por Valle-Inclán y Rubén Darío, pero nunca pudimos recuperarlos”, recuerda, tras el traslado de Oviedo a León en 1936, el año en que estalló la guerra civil española. “Al haber aprendido a leer usando un libro de poesía, el de mi padre, quedé ‘condenado’ a ser poeta”, ha comentado Antonio Gamoneda en muchas ocasiones.

  • Aquí puedes leer “Humo”, un poema de “Otra más alta vida” (1919) de Antonio Gamoneda

Reedición de 1993.

Gamoneda y su primera lectura, a los 17 años, de “El proceso” de Kafka

“El proceso”; Losada, Buenos Aires, 1946.

KAFKA 1948*

Por ANTONIO GAMONEDA

Fue en 1948 cuando leí mi primer Proceso. Lo sé con seguridad por indicadores que aquí no importan. Aún conservo el ejemplar, muy deslucido por las relecturas. Es la segunda edición (1946) de la Editorial Losada, de Buenos Aires, que me procuró el cajón clandestino y amistoso de un librero “de los de antes”, de los de muy antes, Anastasio Jular, buen lector él mismo, furtivo distribuidor de libros prohibidos, que lo eran entonces prácticamente todos según una norma semilegislada que, con su carácter global, simplificaba seriamente la tarea de los encargados de nuestras conciencias.

Sesenta años hace y aún aquella primera lectura vuelve a veces a mí, sobreponiéndose a las posteriores. Yo creo que mi condición de lector aún bisoño me proporcionaba una poderosa inocencia en la que las percepciones sensibles (las representaciones mentales de las percepciones sensibles, quiero decir) se me deparaban despojadas de ficción, de manera que no se distinguían de las gravemente existenciales.

José K… se movía sin destino, en una constante semipenumbra, con una lentitud angustiosa. Angustiosa porque la lentitud llevaba consigo imposibles urgencias. El espacio también era incomprensible, y lo eran, a su vez, los ocasionales interlocutores y sus respuestas a la oscura ansiedad y las siempre improcedentes preguntas de José K…, reo ante una justicia desconocida en virtud de una culpa también desconocida que era absurdo intentar conocer. José K… era culpable bajo condiciones en las que conocimiento y explicaciones eran, obviamente, innecesarias. Era culpable. Nada más.

Si mi lectura hubiera sido más tardía, yo habría podido interpretar el caso K… y su atmósfera como una inmensa metáfora relativa a la existencia, y aliviado mi causa sonámbula en la advertencia de que aquello era literatura. Pero no. Yo viví la lectura de El proceso. Algo de aquella vivencia permanece en mí.

Hoja suelta sobre Kafka.

[* Nota de E. Otero: Esta hoja apareció hace unos días, entre papeles de Antonio Gamoneda, con un encabezado dirigido a C. R., redactor de El País. El poeta, a mis preguntas, dijo no recordar la fecha o el año en que lo envió por fax al periódico, y si se publicó o no. No hemos hallado referencia a este texto en la hemeroteca digital del periódico. Parece un pequeño apoyo preparado para acompañar, como un pequeño suelto, o junto a textos de distintos autores, una reseña más grande a propósito de alguna edición relacionada con Franz Kafka (1883-1924), tal vez publicada en papel en el Babelia. El folio firmado por Gamoneda lleva el número 294, por lo que quizá fuera reciclado, o entresacado de un original más grande. El nº de fax es indicativo de que este texto se envió cuando el correo electrónico o no existía o su uso no estaba normalizado.]

Adiós a Pablo de la Varga, el amigo de infancia de Gamoneda

Pablo de la Varga en una fotografía de José Ramón Vega. Al fondo, los pintores José de León y Alejandro Vargas.

Pablo de la Varga Ferreras falleció en León, el día 3 de enero de 2019, a los 89 años de edad.

Te echaremos de menos. Te recordaremos siempre, amigo.

Por E. O.

“Al descubrir a Gamoneda, una fuerte campanada ha avisado a todo el mundo de que había palabras nuevas, de contenidos nobles, hondura humana y lucidez existencial”. Las palabras son de Pablo de la Varga, amigo incondicional de Antonio Gamoneda desde 1935, y fueron pronunciadas dentro del pequeño discurso que le dedicó, tras la concesión de Premio Cervantes 2006, con motivo de la inauguración de la exposición “Visión del frío” en la Casa de Botines (León).

Pablo me contó una vez que, cuando eran pequeños, decidieron compartir la escritura de un cuaderno que dieron en llamar “El libro de las cosas”, y que era como una especie enciclopedia en construcción, en el que los dos amigos apuntaban las cosas que iban descubriendo, conociendo, aprendiendo… “Un día Antonio me preguntó si sabía que había sido de ese cuaderno… Lo perdimos, una pena”.

En otra ocasión, allá por 2007, Pablo hablaba así de su amigo de infancia: “Para mí Antonio se ha convertido en uno de los hombres más ricos del mundo gracias a su poesía, y no porque posea riquezas ni dinero. Pero viaja por todo el mundo y le pagan por ello. Le reciben como a un príncipe, cuando habla todos se callan para escucharle… y, encima, ¡no necesita guardaespaldas!”.

Y unos años antes, allá por noviembre de 2003, cuando Antonio Gamoneda no pudo asistir a una entrega de premios por la gripe, recogió el galardón en su nombre su amigo Pablo de la Varga, que se refirió a él (según recogió el Diario de León) como “el poeta que insufla las palabras de aliento vital. Las palabras de siempre, cuando las toca él, ocurre un milagro y aparecen como niñas nuevas que estrenan ropita”, manifestó al tiempo que confesó sentirse abrumado por la responsabilidad que le había transmitido su amigo al pedir que le representara.

Sirvan estas palabras para recordarle y rendir homenaje a una amistad inquebrantable desde que por suerte y azar, cuando tenían cuatro o cinco años, Pablo y Antonio empezaron a jugar y a crecer juntos, siendo “la calle y la imaginación” su patrimonio más querido, como recordaba Pablo en otro pequeño discurso dedicado al poeta que nunca tuvo la oportunidad de leer en público, aunque sí se lo leyó en familia.

Los dos amigos seguían reuniéndose, todas las semanas, en una tertulia veterana fundada en los años sesenta por el escritor Victoriano Crémer y que también fue frecuentada por el escritor Antonio Pereira cuando vivía y estaba por León. El punto de encuentro fue primero la antigua cafetería Alaska, y de ahí pasaron a la de la plaza de Las Cortes, pero desde hace unos años se veían en el café Pasaje de la calle Alfonso V, todos sábados a partir de las doce de la mañana, junto a los artistas plásticos Alejandro Vargas, Modesto Llamas Gil, Amancio González, José de León, el médico José Cosamalón o el escritor Luis Artigue, entre otros amigos.

Alejandro Vargas, el médico José Cosamalón, Pablo de la Varga, Modesto Llamas y Amancio González. Foto: M. Cuevas.

“El óxido desprendido de la boca”, un artículo de Rogelio Blanco en la revista ‘Epicuro’ (2018)

Antonio Gamoneda en la revista Epicuro.

El óxido desprendido de la boca

Por ROGELIO BLANCO MARTÍNEZ

[Publicado en la revista Epicuro que dirige Aurelio Loureiro, el 15 de diciembre de 2018]

En 1931 nace Antonio Gamoneda en Oviedo. En 1934, huérfano de padre, se traslada a la ciudad de León.

Hijo único, llega junto a su madre a la capital leonesa para habitar con la necesidad material y la condición asmática de la madre, situación que se agrava en el clima de violencia prebélico del momento.

Con los escasos recursos disponibles más un libro, Una más alta vida, escrito por su padre y sobre el que el niño, “Toñín”, aprenderá a  descifrar y unir letras, a leer; la familia ocupará una vivienda en la Carretera de Zamora de la ciudad del Bernesga.

Con lo que aporta la madre, modista por cuenta propia, sobrevive la familia. Entre la necesidad y el miedo, entre la pobreza y la muerte “yo nací a la conciencia en 1936. Desde mis balcones podía verse la represión (…), los preparativos, los miedos, los gritos de los familiares, la sangre en la calle”. Tras el óxido de las barras protectoras del balcón del domicilio familiar observa las cuerdas de presos que con paso cadencioso,  cabizbajos, avanzan hacia la cárcel instalada en San Marcos y, muchos, al exterminio. El niño “Toñín” conoce la humedad del terror, el frío de la aniquilación en una España; en la que, al decir de Miguel Hernández, abundan más los ríos de sangre y las sementeras de cadáveres que las cosechas de trigo. Las cuerdas de hombres destilaban olor a grisú y a tierra estercolada, eran mineros y agricultores que caminaban como rebaño de corderos al ara del sacrificio. Su delito era, en la mayor parte de los casos, defender la libertad y una República legítima.

“Las lágrimas del cerebro discurren por el corazón”, nos dice Leonardo Da Vinci y será desde este espacio desde el que arranca la sensibilidad creadora de Antonio GamonedaLa memoria, la brega contra el olvido y el reconocimiento de que lo que no alcanza la tradición, es poesía, o  una manifestación inquietante que pregunta. Y toda pregunta reverbera una inquietud y la expresión de una intimidad. “Mi tipología de escritos –declara– ha de ser la que pueda darse en la suma de unos componentes históricos y biográficos que son, más o menos, los siguientes: la pobreza familiar, escasa escuela pública y contemplación inocente de la crueldad y la miseria moral de la guerra y de la posguerra militarizada (…) las lecturas nada selectas; trabajos desde la niñez en niveles inferiores. Estos son los niveles culturales primarios. A continuación, con la vocación poética ya descubierta, estudios accidentales y lecturas tirando a imprevisibles, nada de viajes educativos, y jornadas laborales de doce horas, menos los domingos que sólo hacíamos tres”.

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Verónica Viñas entrevista a Gamoneda con motivo de la publicación de “Un armario lleno de sombra” (2009)

ENTREVISTA | ANTONIO GAMONEDA | POETA Y PREMIO CERVANTES

“Escribí mis memorias para reencontrarme con el pequeño canalla que fui”

Gamoneda publica sus esperadas memorias, “Un armario lleno de sombra”, donde relata sin paliativos su infancia

Por VERÓNICA VIÑAS
(Entrevista publicada en Diario de León el 14 de mayo de 2009)

Dice Gamoneda que en el olvido están los recuerdos. Pero él no ha podido ni ha querido olvidar su infancia en León, una de las ciudades más castigadas por la represión franquista. Ásperas, amargas, pero sobre todo, sinceras; así ha querido Antonio Gamoneda que sean sus memorias, sin paliativos, pero sin crueldad ni exhibicionismo. Todo sucedió el día que el poeta se decidió a abrir el armario de su madre, fallecida tiempo antes. Los olores, los objetos… pudiera decirse que le tendieron una emboscada. A través de este armario Gamoneda se adentra en el pozo de los recuerdos, en el capítulo de una infancia quizá perdida, quizá ahogada por recuerdos demasiado dolorosos. A los 78 años el escritor ha podido afrontar el difícil ejercicio de contar sus primeros recuerdos en un León oscuro y terrible. Tras varios retrasos, fruto de su incansable obsesión por corregir cada palabra, llega a las librerías Un armario lleno de sombra ( Galaxia Gutenberg). Gamoneda no sabe aún si tendrá continuidad.

-Abrir el armario de su madre, tras su muerte, ¿fue como abrir ese trastero que todos tenemos en el cerebro y donde arrojamos aquello que queremos olvidar?

-No abrí el armario para encontrarme con algo que hubiera querido olvidar. Mi actitud era más bien la carencia de recuerdos, aunque tuviese los suficientes para configurar mis estados de ánimo.

-En los libros de texto de niños como su nieta la Guerra Civil apenas ocupa un párrafo, donde no se habla de golpe militar. Cuando lean «Un armario lleno de sombra», ¿no cree que pensarán que es pura fabulación?

-Como no es mi libro el único que se ocupa de eso y existe una enorme documentación, esos niños estarán en una parecida situación a los que tienen ahora 20 años y a los que la Guerra Civil, en cierto modo, recae en su conocimiento y en sus posibilidades ideológicas -que no son muchas- como las guerras con los visigodos… Para ellos es algo que pertenece a un pasado lejano. Pesará poco en su conciencia, pero de ahí a pensar que es pura fabulación hay gran distancia. Nuestra Guerra Civil está muy documentada, aunque los documentos sean sentenciosos. Ahí está la obra de Secundino Serrano, que es un estudioso que deja poco margen para que los jóvenes piensen que he instrumentado una fabulación.

-Puede resultar fácil desenmascarar a los extraños, pero también habla de su familia sin paliativos. Dice: «Mi padre fue un morfinómano…».

-Me he planteado un reencuentro conmigo mismo y con quienes son causa de que llegase a existir. Me lo he planteado en términos no de crueldad o exhibicionismo, pero tampoco sin paliativos o edulcorantes; y eso en lo que se refiere a mis antecesores, a mí mismo y a aquellas personas de un entorno que se da en una época muy difícil. Aunque no disfruté diciéndolo, si hago unas memorias no es para mentirme a mí mismo, sino para reencontrarme con el pequeño canalla que yo fui. Quiero decir lo bueno y malo del cinturón social que me rodeaba, con los hechos por delante y, desde luego, sin intentar ni ennegrecerlos ni salvarlos de la negritud.

-Escribe que en la guerra, en León el pan era negro; y en Oviedo, aún peor, era amarillo, y le produjo hepatitis…

-Sí, el de Asturias estaba dominado por el maíz y era prácticamente venenoso.

-¿Recuerda cómo sabía?

-Me imagino que si por un milagro de temporalización alguien me trajese aquellos bollos los reconocería como el pan de la guerra.

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Aparece una esvástica en la casa donde Gamoneda pasó su niñez en León (2009)

La esvástica fue pintada en la placa colocada en la casa donde vivió Gamoneda de niño. Foto: Cuevas / Diario de León.

El poeta pide que no se borre
la esvástica pintada en su casa

Noticia publicada en Diario de León el 21 de enero de 2009:

Antonio Gamoneda pidió ayer que no sea borrada, al menos durante un tiempo, la esvástica pintada sobre la placa conmemorativa que el Ayuntamiento había instalado en la casa en la que el poeta pasó su niñez, «para que quede constancia de que aún hay seres en los que anida el rencor y la crueldad del fascismo». «Todavía hay gente capaz de significar su existencia trazando cruces gamadas», lamentó el escritor. La placa con uno de sus versos había sido colocada en la fachada de la casa donde residió, el número 6 de la calle Doctor Fleming, (León) y hace alusión a los presos que veía pasar camino de San Marcos. «No vi regresar a muchos, quizás a ninguno», dijo. «Aún hoy, cercanos a nosotros, minoritarios espero, existen hombres y mujeres cuyo entendimiento de la vida lleva consigo la sinrazón, la crueldad histórica, el entendimiento antidemocrático y antisocial que caracterizaba el nazismo y fascismo», expresó.

‘Humo’ / Un poema de “Otra más alta vida”, el libro del padre de Antonio Gamoneda

Antonio Gamoneda
Otra más alta vida.
Madrid, Imprenta Helénica, 1919.
Primera edición.
El autor es el padre del actual poeta del mismo nombre.

HUMO

I

Sobre el hogar, la abuela dase prisa
a poner leña que la llama abrasa.
Por la ventana abierta se divisa
al viejo Invierno que entre nieves pasa.

Las llamas del hogar sueños suscitan,
y es tan dulce el suspiro de los leños
cuando chisporrotean y crepitan,
que evocan lo más bello de los sueños.

La anciana, que cesó de poner leña,
con su tranquila voz de lugareña
la oración del reposo está rezando…

Aletea el susurro vago y tierno
del alma desolada del Invierno.
Ya se ha muerto el hogar; sigue nevando.

II

Una espiral de humo se levanta
del ego ya extinguido:
es el recuerdo que quedó de tanta
hoguera que la anciana hubo encendido.

El frío de la noche va filtrando
las débiles paredes de la casa;
el cuerpo de la anciana se está helando
y en el hogar no queda ni una brasa.

Solloza el viento frío como un ente
que pidiera posada tristemente
de todos los hogares a la puerta…

¡Nunca he visto el dolor tan retratado
como en el rostro brujo y arrugado
de esta vieja infeliz, humilde y yerta!

III

Cuando en los buenos tiempos de ventura
eras gentil y hermosa, noble anciana,
y tenías un alma bella y pura
como la claridad de la mañana,

no dabas al decir de las consejas
que dicen las leyendas invernales
y al calor del hogar cuentan las viejas
en las dulces veladas paternales.

Tus ojos no veían
cómo se consumían
los leños del hogar, y yo presumo

que nunca habrás pensado que en la vida
cual la hoguera extinguida
todo a la postre se convierte en humo.

Antonio Gamoneda, poeta modernista y padre del inclasificable poeta Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), hacia 1918.

40 años de ‘Descripción de la mentira’ / “Palomas en el desván”, por Ernesto Escapa

Antonio Gamoneda en 30 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), México, en noviembre de 2016. © Foto: EFE/Ulises Ruiz Basurto.

EL TERRITORIO DEL NÓMADA

Palomas en el desván

Este diciembre acoge el cumplimiento de los 40 años de la publicación de “Descripción de la mentira”, del Cervantes Antonio Gamoneda (1931), uno de los hitos literarios de la Transición, que brotó a lo largo de 1976 en la Vega de Boñar… divergente

Por ERNESTO ESCAPA
Publicado en el suplemento El Filandón de Diario de León, el 10/12/2017

El propio poeta contó, en el preámbulo a su antología Sólo luz (2000), cómo en un paseo de cavilación por el soto de Boñar, se le aparecieron «unas pocas palabras de timbre musical». Tenía entonces una casa conventual alquilada en La Vega, a la vera del Porma, hasta la que se acercaba los fines de semana con la familia en el tren de vía estrecha. En aquel lugar de sosiego, un Gamoneda severamente abatido por la perplejidad compuso Descripción de la mentira, que inaugura una poética singular y distinta en la lírica grupal española. No es una poesía de circunstancias, a pesar de su testimonio moral de la posguerra, porque no es figurativa ni tributaria de la realidad, sino que directamente la crea: sus versículos traducen la conciencia del autor en un largo poema trenzado en espiral con resonancias de salmodia. El conjunto, formado por 21 secuencias distribuidas entre hiatos de silencio, engarza el pálpito desolado de la memoria ante la perspectiva callada de la muerte. La conciencia del poeta se convierte en lenguaje, donde cristaliza su visión del mundo, de la experiencia individual y colectiva. El conjunto se organiza en movimientos que representan el vaivén de los recuerdos, encaminados hacia el sosiego de la muerte, que se representa como depositaria del resplandor y de la luz: «Sólo vi luz en las habitaciones de la muerte». Con ella dialoga «en los establos olorosos, hasta que lame dulcemente mis labios».

(más…)

“Otra más alta vida”, el libro del padre de Gamoneda

Antonio Gamoneda
Otra más alta vida.
Madrid, Imprenta Helénica, 1919.
19,5 x 13 cm. 201 pp. 1 h.
Primera edición.
El autor es el padre del actual poeta del mismo nombre.
Raro. Con algunas manchas de óxido en el papel y la cubierta posterior sucia.

“Otra más alta vida” (1919)

“Le cuenta Antonio Gamoneda a Jesús Marchamalo en su libro Donde se guardan los libros, que de niño, en su casa, solo había un libro. Al leer esto me sentí triste por el pequeño Gamoneda. Su madre le contaba de los libros que su padre tuvo en su biblioteca, libros dedicados por Valle-Inclán y Rubén Darío. Una madre cuenta a un hijo historias de una biblioteca, historias de los libros perdidos de su padre. Gamoneda dice que aprendió a leer de ese único libro, un libro que escribió su papá, un poemario: Otra más alta vida. El título parece toda una declaración de intenciones. Un solo libro puede transformar cualquier vida en otra más alta vida. Gamoneda aprendió la magia de esa alquimia que es la lectura de aquel solo libro. Me lo imagino imaginando la casa llena de los libros que su madre le contaba, le imagino juntando letras, palabras y frases hasta llegar a los versos que le han convertido en el poeta que es. Un solo libro, otra más alta vida. (…)

Vuelvo al pequeño Gamoneda. Ese Otra más alta vida, ese poemario de su padre, fue su único nutriente durante la grisura de los fríos días de la guerra. Más allá de la cantidad de libros está la calidad de los lectores. Leer es un querer, es un deseo apasionado por ser iluminado y discutido. Es sentarse ante otros con el propósito de ver de otra manera. En estos momentos en los que las posturas para todo se enconan y se van a los extremos, la lectura ha de ser experimentada como una vuelta al equilibrio en todo lo que se discute. Hay un sistema al que le conviene los polos porque el equilibrio y la sana discusión de lo que nos pasa se clausura, no hay término medio, eso le viene bien a los que no desean que nos resolvamos.

Otra más alta vida es posible por medio de los libros. Bradbury acierta en su pesadilla al llenar el vacío dejado por los libros con personas que contienen esos libros. Al final, los libros vinculan, terminan por acercarnos. Verbo encarnado, dice el Evangelio, la palabra hecha persona. Otra más alta vida es posible, salgámosle al encuentro por medio de un buen libro.”.

Pedro CrenesOtro lunes, revista hispánica de cultura. (Octubre, 2014)

“Antonio Gamoneda y León”, un artículo de Pérez Chencho

Pérez Chencho, en una foto de Diario de León.

Antonio Gamoneda y León

[Este artículo de opinión se publicó en Diario de León el 3 de diciembre de 2006, en “El balcón del pueblo”, la sección de opinión del periodista Juan F. Pérez Chencho (fallecido en marzo de 2008), con motivo de la concesión a Antonio Gamoneda del Premio Cervantes 2006.]

Por JUAN F. PÉREZ CHENCHO

EL BRILLO de los metales es más luminoso que nunca. Estos días parece que se ha escrito ya todo de Antonio Gamoneda, Premio Reina Sofía de poesía iberoamericana y Premio Cervantes, el más alto galardón de las letras españolas. Sin embargo, aún queda mucho por decir sobre Gamoneda y León. Porque Gamoneda comenzó su andadura literaria como el más joven colaborador de la revista Espadaña , cuyo bracero esencial era Victoriano Crémer, bajo la protección humanista y vigilante del cura Antonio González de Lama. Pero muy pronto se convirtió en lo que sigue siendo hoy: el principal agente cultural de León. Gamoneda y León son indisociables, como el mar y el cielo. Alentó y orientó en su juventud, allá por las últimas bocanadas del 60, a muchachos de entonces como Luis Mateo Díez y José María Merino, promotores de Claraboya . Otra generación con Julio Llamazares, Ildefonso Rodríguez y Ernesto Escapa en primera línea, también le reconocen como su primer maestro. E igualmente, la nueva generación de jovencísimos poetas, como Luis Artigue y los del Club Leteo, se han puesto bajo su protección y magisterio. Por el medio, Gamoneda también ha hecho otras cosas. Ya se sabe que el poeta es un hombre como todos los demás, y por añadidura, compone versos. En los primeros años de la década del 70 organizó las bienales de pintura de la Sala Provincia, que alcanzaron repercusión nacional. Y en esos mismos años aturdidos y aquietados promevió el premio de poesía «Provincia» o la revista Tierras de León.

Gamoneda situó a los servicios culturales de la Diputación en una altura que nunca han vuelto a alcanzar. En la actualidad es patrono de la Fundación Sierra-Pambley, que cumple una función indispensable en la vida cultural leonesa. En resumen: los últimos 40 años de la vida cultural leonesa no se entenderían sin la participación activa de Gamoneda. Y por eso, además de por su obra poética, León debe rendirle un sentido homenaje. Ya es «honoris causa» por nuestra Universidad; el Ayuntamiento va a nombrarle Hijo Adoptivo, y la Diputación a otorgarle la Medalla de Oro de la Provincia. Correcto. El brillo de los metales no va a ser cegador para Gamoneda. Lo merece. Y además tiene unas cejas que son como toldos para poner sombra en el escaparate. Sobre su obra también podría pensarse que está casi todo escrito. Pero aún hay novedades. Por ejemplo, el mejor estudio sobre la obra de Gamoneda es una tesis leída hace pocos meses en la Universidad de León por Carmen Palomo. Será publicada en fechas próximas. Antonio Gamoneda forma parte del paisaje urbano de León, especialmente en los alrededores de la Catedral, donde los angelotes de piedra se abrazan a las columnas. Pero sobre todo forma parte del paisaje espiritual e íntimo de todos los leoneses que durante estos años hemos tenido el placer y el privilegio de disfrutar de su amistad. Seguirá igual. El Gamoneda escéptico, profundo y universal no va a cambiar. Le llamé el viernes, cuando regresaba en tren a su ciudad. Una llamada de felicitación, sin más. Cuando le digo: «Un abrazo muy fuerte, Antonio», me respondió: «Gracias, Pérez Chencho; pero que el abrazo no sea muy fuerte, ya que tengo dos hernias discales». Es el Antonio de siempre.

“Ausencia”, un poema de Amelia Gamoneda

Amelia Lobón, madre de Antonio Gamoneda. © Foto: Archivo familiar.

Amelia Lobón, madre de Antonio Gamoneda, en los años 90. © Foto: Archivo familiar.

AUSENCIA

Años estuvo ausente del espejo, pero una imagen definitiva viajaba extraviada en su cabeza. Por eso pedía exactas las horquillas, la tirantez del cabello.

Era ya muy tarde y aún reconocía a las nietas que la rodeaban en la fotografía; sonrió diciendo sus nombres, volvió a sonreír y preguntó entre el desconcierto y la ternura: ¿y quién es esta viejecita?

Frente al azogue gastado de tus ojos, en la transparencia de ese olvido, ahora desenredo lo turbio, peino el desasosiego.

AMELIA GAMONEDA LANZA

[Poema publicado en el libro ‘Los ojos que vieron el siglo: Nuestros Abuelos’. Museo de Salamanca. El Encinar: Brujazul, 1998.]

Poema ‘Cuerda de presos’ en la placa de la casa donde Gamoneda pasó su infancia en León

Gamoneda y su esposa, María Ángeles Lanza, bajo la placa en la casa de la calle Dr. Fleming (León). Foto: Jesús / Diario de León.

Gamoneda y su esposa, María Ángeles Lanza, bajo la placa en la casa de la calle Dr. Fleming (León). Foto: Jesús / Diario de León.

Sucedían cuerdas de prisioneros; hombres cargados de silencio y mantas. En aquel lado del Bernesga los contemplaban con amistad y miedo. Una mujer, agotada y hermosa, se acercaba con un serillo de naranjas; cada vez, la última naranja le quemaba las manos: siempre había más presos que naranjas.

Cruzaban bajo mis balcones y yo bajaba hasta los hierros cuyo frío no cesará en mi rostro. En largas cintas eran llevados a los puentes y ellos sentían la humedad del río antes de entrar en la tiniebla de San Marcos, en los tristes depósitos de mi ciudad avergonzada.

ANTONIO GAMONEDA
Del libro ‘Lápidas’ (1977-1986)

Este es el poema que figura en la placa de la casa donde pasó su infancia Gamoneda, en el nº6 de la Avenida Dr. Fleming de León.

Bajo esta cita de su libro ‘Lápidas’, la placa explica que en esa casa del barrio leonés del Crucero vivió su infancia el poeta Gamoneda, entre 1934 y 1941. El propio escritor comentó en noviembre 2007, poco antes de descubrir la placa, lo siguiente:

«En esta lápida se da un fragmento de un poema mío que (lo que son las casualidades) pertenece a un libro titulado ‘Lápidas’. Y también es cierto que en esta casa de la carretera de Zamora, en el segundo piso, viví mi infancia, y desde ese balcón veía una panadería que ya no está. Esto es un honor y motivo de agradecimiento serio. Pero este honor es secundario, pues desde mi punto de vista la importancia de la placa es que es el primer testimonio física y moralmente presencial en la ciudad de León (y puede que en España) de un hecho que se relata en la misma; y es que desde las vías y en dirección a San Marcos, muchos días largas cuerdas de presos atados de tres en tres caminaban en dirección a ese penal. Este testimonio del carácter de aquella represión es lo que tiene importancia, tanto para mí como para León, importancia mucho mayor que el honor que se me otorga. Muchas gracias por esta placa en mi nombre y en el de todos los leoneses».

Una larga entrevista con Gamoneda en la revista ‘Campo de Agramante’ (2008)

[Entrevista publicada en la revista Campo de Agramante. Nº 10, Otoño-Invierno de 2008. Una publicación de la Fundación Caballero Bonald, Jérez de la Frontera, Cádiz]

ANTONIO GAMONEDA: “EN LA POESÍA ES EL LENGUAJE EL QUE GENERA PENSAMIENTO”

UNA CONVERSACIÓN LARGA Y CON PAUSAS SOBRE SU POESÍA

Por TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO y ELOÍSA OTERO

Si todo escritor es ya un espacio en sí mismo –un espacio alzado y acotado con palabras–, hablar del espacio real donde se desenvuelve la vida habitual de Antonio Gamoneda se hace aún más obligado, en especial cuando se ha conocido su casa, a un paso de la propia catedral de León pero con una vocación claustral que deja al visitante una sensación definitiva de apartamiento, de insólita lejanía que pone al exterior menos inmediato y de espaldas, y que encaja muy bien con esa voluntad personal de retiro, de “retracción”, a la que tantas veces se ha referido el poeta. Y es que una vez abierta la estrecha puerta verde y traspasado el pequeño patio –casi un imprevisible estanque de cemento con una pequeña lágrima de arriates, un microcosmos vegetal y la majestad de un árbol caballero, un lauroceraso, que se asoma a la calle por encima de la tapia– pareciera que se ha evaporado por ensalmo el ritmo de afuera para entrar en otra clave vital, la de quien nunca se dejó sujetar del todo por las supuestas obligaciones civiles de un poeta de ciudad. O “un poeta de barrio”, como él mismo ha querido decir más de una vez. Todo sigue, pues, ahí afuera a la mano, sí, pero ya tan lejos…

Esta es la crónica de una entrevista discontinua, un si-es-no-es de hilván frágil, una conversación llena de poros, abierta y enterrada entre sucesos –viajes, ausencias, desencuentros de fechas– que no ayudaban a terminarla fácilmente. Como la propia escritura de Gamoneda, se hizo necesario revisar más de una vez lo recogido en las grabadoras para de nuevo reacomodarlo, imantarlo en el presente. Todo comenzó a finales de julio y sólo se acabó de resolver totalmente en diciembre. Ya este juego de desajustes —la luz, el frío, los propios avatares del entretanto, los nuevos episodios viajeros contados como divertimentos que rompían cualquier gravedad— ha hecho que todo se inunde de cierta irrealidad. Escuchar en la grabadora a las puertas del invierno una algarabía de aves y campanas alborotadas del verano contribuyó asimismo a ello.

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“A LA ESCUCHA” / Un texto de Amelia Gamoneda en la carpeta ‘Extravío en la luz’

Portada de la carpeta "Extravío en la luz", de Antonio Gamoneda.

Portada de la carpeta “Extravío en la luz”, de Antonio Gamoneda.

La carpeta Extravío en la luz, de Antonio Gamoneda, fue editada por la Escuela de Arte de Mérida en Marzo de 2008, con motivo del 75 aniversario del centro, en la preciosa colección que coordina el pintor Javier Fernández de Molina.

La carpeta incluye:

  • Un preámbulo con dos textos de la hija del poeta, AMELIA GAMONEDA –el que aquí transcribimos, ‘A la escucha’, y el titulado ‘Entre memorias’–.
  • 17 grabados del poeta y artista JUAN CARLOS MESTRE.
  • Seis poemas de ANTONIO GAMONEDA.

A LA ESCUCHA

Por AMELIA GAMONEDA

Quiere el uso que no haya consanguinidad ni parentesco entre presentador y presentado, o entre crítico y poeta, o entre exégeta y artista. La precaución, ya se sabe, tiene que ver con un prurito de objetividad que se deduce –supuestamente– de la distancia biológica o de la falta de una relación socialmente contratada entre ambos. Me pregunto si dicha distancia ha de ser también considerada indispensable para el caso básico del autor y su lector. Y lo hago, naturalmente, para llevar a un extremo algo ridículo todas estas prevenciones: sólo faltaba que yo no pudiera ser lectora de mi padre.

En realidad, la objetividad no es tan deseable. En la lectura de la obra de alguien o en su presentación o incluso en su estudio crítico, no son particularmente malvenidas las notas que delatan el conocimiento intenso o íntimo del autor, como tampoco se desdeñan las implicaciones afectivas confesadas que uno pueda tener con él o con su escritura. Esto hace tolerable e incluso conveniente que el oficio de presentador lo desempeñe un amigo del escritor, y no explica que siga pesando una inhabilitación para este cargo sobre quien posee vínculos amorosos o de parentesco; sólo queda pues una causa para este interdicto, y se llama pudor.

¿Qué pudor? El que nace de un equívoco: se supone que el consanguíneo o el vinculado por el afecto amoroso va a exhibir una intimidad desvinculada de la escritura, se supone que va a sentarse en la mesa de presentación como quien se sienta en el plató de un programa del corazón. Es mucho suponer. Más justo será reconocerle la mejor de las opciones, esto es: la de saber implicar el conocimiento de lo íntimo en su lectura de la obra del poeta. Acogiéndome a este supuesto, no voy a presentarles a mi padre, Antonio Gamoneda, voy a presentarles al poeta Antonio Gamoneda, que resulta que es mi padre.

Podría decir, en tono de chiste, que conozco a este poeta desde que nací, pero no es verdad: conocí entonces a la persona, pero al poeta no lo conocí hasta mi adolescencia, justo cuando él renacía como poeta, después de guardar silencio durante 500 semanas.

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Gamoneda cumple 85 años

Antonio Gamoneda. © Fotografía: Fernando Sanz Santacruz.

Antonio Gamoneda. © Fotografía: Fernando Sanz Santacruz.

Hoy, 30 de mayo de 2016, Antonio Gamoneda cumple 85 años.
¡FELICIDADES!

: : Poema

Aquel aire entre el resplandor y la muerte se hace sustancia que no alcanzan a borrar los días y los vientos. El contenido de la edad son estos lienzos transparentes.

Signos exactos e incomprensibles. Están en mí con el valor de una llaga; algunas cifras arden en mis ojos.

[Del libro “Lápidas”. Poema incluido en la antología “Niñez”]

Sobre ‘Un armario lleno de sombra’, por ERNESTO ESCAPA

Portada de "Un armario lleno de sombra".

Portada de “Un armario lleno de sombra”.

UN ARMARIO LLENO DE SOMBRA

El Cervantes Gamoneda reconstruye su memoria de la infancia
en los años más hirientes y oscuros de la posguerra leonesa

Por ERNESTO ESCAPA

Hace más de un cuarto de siglo, el Premio Castilla y León de las Letras situó con acierto a Gamoneda entre el fundacional Delibes y el esencial Claudio Rodríguez. Después de varios libros y premios de renombre, dos décadas más tarde el Cervantes señaló a este autor de obra singular, cuya dicción no se parece a ninguna otra. Sin duda, uno de los grandes poetas del siglo veinte. Quizá por eso, y también por elección, su camino hasta aquí no ha sido fácil, sino todo lo contrario. Al cabo de medio siglo de ejercicio de un elevado oficio poético, cuando sonaron las trompetas del Cervantes su nombre todavía no figuraba en las páginas amarillas de los informativos. Luego los ha frecuentado más por traspiés funerarios con colegas que por el eco de una obra que ha seguido creciendo.

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‘Lumbre de Antonio Gamoneda’, por LUIS MARIGÓMEZ

El escritor y fotógrafo Luis Marigómez.

El escritor y fotógrafo Luis Marigómez.

(Texto leído en la Feria del Libro de Valladolid el 2 de mayo de 2005)

“LUMBRE DE ANTONIO GAMONEDA”

Por LUIS MARIGÓMEZ

El 27 de agosto de 1962, muere Leopoldo Panero. Acaba de  participar en el jurado que concede un premio de poesía de Astorga que recae en Antonio Gamoneda y hace saber eufórico, a sus compañeros, que acaban de encontrar un auténtico poeta.

Para entonces, Antonio Gamoneda tiene ya 31 años y lleva escribiendo poesía desde, al menos, 1947. En realidad, todavía falta algún tiempo para que realmente le descubran.

Nace en 1931, con la República, ese fogonazo que acaba nueve años después entre las ascuas de unas cenizas que queman todavía durante una larga época. Gamoneda es, como pocos, un hombre de su tiempo que trasciende su tiempo. Al año de nacer muere su padre, también poeta. Aprende a leer en los versos del libro de su padre, convirtiendo su ausencia en una representación íntima de presencia. El aire pestilente de la primera postguerra, la atmósfera podrida que enmarca y caracteriza el periodo de Franco y de la que todavía nos llegan, de cuando en cuando, efluvios, va a contener el espacio en el que empieza a desarrollarse su obra. “Arráncate la luz de la mirada”, dice uno de sus primeros versos. Los cadáveres que flotan en el Bernesga, las cuerdas de presos, el hambre, el vivir inmerso en todo tipo de miserias, forman la conciencia, la mirada atormentada del poeta. En la adolescencia, llega a “la convicción de que la poesía existe porque existe la muerte.”

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Amelia Gamoneda sobre Antonio Gamoneda

...

“(…) En mi memoria de siempre mi padre es un hombre que escribe; o mejor dicho, es un hombre que trabaja, que trabaja en la escritura. Escribe con todos los músculos, reconcentrado, tachando con decisión, rompiendo enérgicamente los papeles, y luego pulsando las teclas –de las máquinas antes mecánicas y hoy del ordenador– hasta desgastar sus mecanismos. Su ruido de escritor es el de un oficinista, el del oficinista que fue, el del obrero y su máquina; en mi memoria imaginaria, este ruido se prolonga hacia atrás en el tiempo y se confunde con el de las máquinas de bordar que mi abuela pedaleaba incansablemente en una galería. Algunas noches, en la casa de mis padres, el ruido de las teclas no se interrumpe más que durante tres o cuatro horas; pienso entonces si mi padre no le estará haciendo compañía a mi abuela, pienso si este oficio de escritura, ejercido así, con ese apremio, con ese esfuerzo, con esa necesidad, no habrá recibido su ritmo de esa experiencia familiar del trabajo, de esas noches de la infancia de mi padre en las que él tampoco acertaba a percibir cuándo se paraban las máquinas de bordar de mi abuela. (…)”

AMELIA GAMONEDA
(Fragmento extraído del texto titulado ‘Entrememorias’ que Amelia Gamoneda leyó en el Festival de la Palabra, Universidad de Alcalá de Henares, el 18 de abril de 2007)

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