* En la RED

La poesía toma Vivanco

Antonio Gamoneda durante la lectura de sus poemas. Foto: Ó.S.J

Antonio Gamoneda consigue emocionar
con su poesía en Vivanco

Por ÓSCAR SAN JUAN
Publicado en larioja.com el sábado 17 noviembre 2018

BRIONES.—Con motivo de la VI Jornada Nacional de Poesía y Vino de la Fundación Vivanco en su afán por divulgar la Cultura del Vino a través de diversas manifestaciones artísticas, la Fundación Vivanco para la Cultura del Vino promueve estos encuentros poéticos que alcanzan este 2018 su sexta edición, en los que se pudo disfrutar de la poesía de Antonio Gamoneda.

Hombre de letras y amante de la cultura, fue descrito en su día, por el jurado que le concedió el Premio Cervantes 2006, como “esa voz nueva (…) que crea un sentido en la palabra y borra la anécdota para hacer poesía cargada de símbolos de difícil acceso”.

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Entrevista a Gamoneda de José Manuel López de Abiada (1990)

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Encontramos en la Red una interesante entrevista a Gamoneda, de José Manuel López de Abiada (Universidad de Berna, Suiza), datada en León, el 30-VIII-1990, y publicada en la página de ANALECTA MALACITANA ELECTRÓNICA (AnMal electrónica) / Revista de Filología de la Facultad de Filosofía y Letras (Universidad de Málaga). 

Fragmento de la entrevista: 

(…)

— ¿La reunión de casi toda tu obra en Edad es fruto de una iniciativa tuya?

Fue una iniciativa compartida. Antes de publicar Edad, me dan el Premio de Castilla y León. La Junta de Castilla y León en ese momento es socialista y me dicen que querían (ya se la habían encargado a Víctor García de la Concha) hacer una monografía sobre mi obra. Les dije que a mí eso me venía grande, y que además costaba mucho dinero. ¿Por qué con ese dinero (les dije) no hacéis una cosa: me apoyáis y aseguráis a alguna editorial buena la compra de una partida de libros que entregáis a las bibliotecas de los centros públicos de todas las provincias? Seguramente que con la mitad del dinero está arreglado. Y aceptaron. Entonces Cátedra aceptó. Tuve mucha suerte, porque tengo una cierta noticia de mí mismo sólo desde la reescritura de Edad, pues rescribí físicamente casi toda mi poesía y rompí un montón de cosas. Estuve buscando mi identidad poético-biográfica por la vía de la selección y la reescritura. No se trataba de quitar defectos (que los había): yo quería intentar que mi poesía se integrase en un solo discurso, que pudiera verse como un solo libro.

(…)

Diez poemas del ‘Libro del frío’ de Gamoneda traducidos a cuatro idiomas en la página alemana Lyrik -line

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Los maravillosos años 60

“Claudio Rodríguez, José Agustín Goytisolo, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma y Antonio Gamoneda le entregaron a España una estética que aún mantiene sus réplicas. Sin duda, una década a la que debemos repasar para comprender el XX y entender los umbrales de la nueva centuria”

[Reproducimos un artículo que el escritor, editor y analista político peruano Harold Alva ha publicado en su blog “Apuntes de Occidente”, en el diario peruano Expreso, el domingo 2 de septiembre del 2018]

Por HAROLD ALVA

En 1968 Antonio Cisneros publicó “Canto ceremonial contra un oso hormiguero”, Mirko Lauer “Ciudad de Lima”, Manuel Morales “Poemas de entrecasa”, Julio Ortega “Las viñas de Moro” y Antonio Cillóniz “Verso vulgar”, pero el 68 no significó únicamente la ruptura con una forma escritural que le abrió la puerta a un nuevo proceso, el 68 significó la irrupción de las fuerzas armadas encabezadas por el general Velasco quien instauró un régimen al que denominó gobierno revolucionario, periodo del que soy crítico respecto a la forma como se realizaron las reformas.

Los 60 fueron los años de Cuba y del Che, de la primavera de Praga, del movimiento hippie; años en los que la libertad fue una palabra que se podía tocar y nuestros jóvenes eran militantes de la utopía. En Estados Unidos floreció la Beat Generation (surgida a fines de los 40), aquel grupo de intrépidos muchachos cuyas propuestas marcaron el horizonte de los 60: Allen Ginsberg, William Burroughs, Jack Kerouac, Neal Cassady, Carl Solomon, Philip Lamantia, Gregory Corso, Peter Orlovsky y el legendario Lawrence Ferlinguetti, poeta y maestro de todos los editores.

Al otro lado del atlántico, la literatura había superado la dispersión de los poetas de la guerra civil, consolidado una promoción de poetas de la post guerra, fortalecido en los 50 una poesía social que agotadas sus fórmulas abrió una senda a la que denominaron poesía de la experiencia: si el drama exterior no les decía nada, parafraseando a Calvino, acudieron al drama interior y volvieron entonces a los viejos temas, los personalísimos: lo cotidiano, la infancia, el amor, el tiempo y con ellos Claudio Rodríguez, José Agustín Goytisolo, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma y Antonio Gamoneda, le entregaron a España una estética que aún mantiene sus réplicas. Sin duda, una década a la que debemos repasar para comprender el XX y entender los umbrales de la nueva centuria.

Poemas de “La prisión transparente” de Gamoneda, recitados por él mismo, en la fonoteca de poetas españoles “The Booksmovie”

“The Booksmovie”, la fonoteca que recoge la voz de los principales poetas españoles contemporáneos, ha incorporado una nueva grabación de Antonio Gamoneda a su archivo, en esta ocasión recitando poemas de su último libro, “La prisión transparente”.

Información relacionada:

 

Una entrevista con Gamoneda en “Oculta Lit”

Antonio Gamoneda:

“Los premios no han definido un canon literario nunca”

Una entrevista escrita por IVÁN GONZÁLO ROGRÍGUEZ
publicada en ocultalit el 12 junio, 2018

Cuando se cruza el río Bernesga por primera vez y has visto Boston Legal, te das cuenta: en escasos kilómetro y medio, León está tomada por juristas y procuradores. Es como asistir a un Infinity war del derecho, pero en lugar de desvanecerse se multiplican. Si no tuviese una amiga en un despacho de abogados con sede en la ciudad no se me habría ocurrido, lo reconozco. Irónicamente, una vez allí deseé tener dinero para contratar uno. Cualquiera hubiese preferido un litigio en la Audiencia Nacional que intentar presentarse a través de un telefonillo mientras, a escasos metros, un martillo hidráulico convierte el pavimento en Choco crispis. Una vez dentro de aquella casa, una figura me recibe con tos seca mientras teclea torpemente en el ordenador. El desorden de los montones de libros desperdigados por el cuarto dice: «Soy el saqueador de la biblioteca de Alejandría», la mano extendida hacia mí dice: Antonio Gamoneda.

—Pues esto ya está grabando, Antonio. Hablemos de Prisión transparente. Tengo entendido que el poema homónimo es una versión más larga que la que se publicó en edición limitada.

—No, al contrario. Más breve, lo que ocurre es que del poema La prisión transparente que he mostrado, es posible que haya una tercera, o una cuarta versión. El poema inicial fue más breve, el anterior es más largo, el tercero es algo más breve… No solamente recortes, sino transformaciones internas. ¿Por qué? Si mi sistema celular no es ahora el mismo que hace un año, ni siquiera que hace un día, y se ha transformado, la realidad de ese poema está también en movimiento. Cualquier poema publicado forma parte del pasado, si se recupera ese poema, necesariamente ya no es el mismo.

—¿Por qué se han publicado las Mudanzas en este volumen cuando no existe una correlación con las dos secciones previas?

—Por error. No tenía que haberlas publicado. Pero mi momento era ese: tenía Prisión transparente, tenía los otros poemas, tenía mudanzas y lo junté todo. Hay una cierta realidad y no sé si honestidad en comunicar eso. Ahora, como concepto de libro es un error. La noción y la idea que se tiene de un libro es mucho más unitaria y las mudanzas no tenían que haber estado allí.

—Antes de comenzar la entrevista, le comentaba que su poesía deja entrever una cierta vinculación o coincidencia con rasgos del expresionismo, particularmente con Georg Trakl.

—Debes notar que a Trakl, hace menos de 20 años que lo conozco de verdad. Hace 20 años yo tenía 67 y había escrito algo. Lo otro es esa correspondencia que hemos atribuido a las culturas simultáneas, a la simultaneidad. Es decir, entraría como cualquier otro de los alemanes, en toda mi época anterior en una analogía desconocida por mí. Luego ya no puedo decir lo mismo cuando empecé a leer e incluso a hacer versiones de Trakl.

—Resulta curioso que a lo largo de su obra no haya una presencia explícita de poesía amatoria.

—Creo que en todos mis libros hay poesía de amor. Otra cosa es que sea explícitamente de amor, es decir, que yo haya proyectado hacer un poema de amor. En ese sentido no hay tal poesía amatoria como proyecto. Salvo Cecilia, mi nieta, que es un libro entero. Porque yo entiendo que en la poesía no caben proyectos. Cecilia es un brote subjetivo que, si se racionaliza y se convierte en un proyecto, tiene muchas posibilidades de no ser poesía. Y en ese sentido no hay poesía amatoria, política o poesía temáticamente definida de ningún tipo.

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Entrevista a Gamoneda en la Cadena SER: “La poesía me permite comprender la vejez”

Antonio Gamoneda, en su habitación de trabajo. Fotografía: Alejandro Nemonio.

“La poesía me permite comprender la vejez”

Antonio Gamoneda abre las puertas de su céntrica casa de León para hablar sobre la poesía, sus proyectos y su relación con un nuevo momento de su vida al que no termina de acostumbrarse

Por ENRIQUE G. POZO
[Entrevista realizada días antes de que Gamoneda se fuera a Perú, para recibir el Honoris Causa por la UCV, y emitida en la SER (Radio), el 22-4-2018]

El patio es ordenado –la sombra de un edificio que se levanta húmedo y ocre, ventanas grandes– y tiene la quietud de una vigilia de años. A un lado, zarzas que trepan, salvajes, el muro de piedra; al otro, un busto de acero sin pupilas y con surcos en la cara, como un simulacro que da cuenta del paso furioso del tiempo. El hombre, apoyado en un alféizar, asegura que aquel busto con su rostro envejece al mismo ritmo que él.

La casa está en el centro de León, a metros de la catedral. Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) sube a su despacho, atraviesa un pasillo lleno de libros, y alcanza la sala donde escribe, trabaja y escucha flamenco. “Nunca he trabajado con música. Pero desde hace algunos años escucho algo de flamenco por una cosa espantosa que tengo, acúfenos”, confiesa; y se lía un cigarrillo con una agilidad profesa y automática.

Antonio fuma un cigarrillo tras otro, escribe y duerme cuatro horas. Tiene ochenta y siete años y escribe. Ahora prepara el discurso con el que recibirá la distinción de Doctor Honoris Causa en Perú, a donde viajará dos dos días después. Porque Antonio tiene agenda de diplomático y serenidad de poeta; y es profundamente perfeccionista. “Llevo días con el discurso y no me termina de convencer”.

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