* En la RED

Lectura de “Un armario lleno de sombra”, por Francisco Daniel Medina (2011)

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Por FRANCISCO DANIEL MEDINA
en su blog: La escritura de los pájaros

“(…) En los últimos años han sido muy numerosos los libros que han abordado el período que muchos han calificado como el más oscuro y sórdido de la historia reciente de España. Cito Soldados de Salamina (Javier Cercas, 2001) o Los girasoles ciegos (Alberto Méndez, 2004) por poner dos de los ejemplos más sonados. Para más inri, ambos libros han sido llevados a la gran pantalla con adaptaciones, desde mi punto de vista, más o menos dignas y respetuosas con los libros. El primero fue adaptado por David Trueba y el segundo por José Luis Cuerda. (…) La cuestión es que parece evidente –y natural- el interés que el tema de la Guerra Civil suscita entre los españoles. En ocasiones, me parece casi mentira que las atrocidades que los de uno y otro bando han relatado pasaran hace tan poquísimo tiempo. (…)

(…) Es como si hubiese pasado el tiempo prudente para poder hablar acerca de nuestra cruenta guerra fratricida desde cierta distancia, con la perspectiva y el rigor histórico que aporta el transcurso de los años. Pues bien, después de todo lo comentado, quería decir que yo tenía ganas de leer especialmente un libro escrito por uno de los mejores poetas españoles vivos; me estoy refiriendo a Un armario lleno de sombra, de Antonio Gamoneda. Debo confesar que, al mismo tiempo, algo me alejaba y me acercaba al mencionado título. Por una parte, me resistía a leer algo de Antonio que no fuese poesía (poesía pura y dura), pero, por otra parte, tenía unas ganas irresistibles de conocer la experiencia de la guerra que había vivido el poeta ovetense. (…)”

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Bibliografía de Gamoneda en la página de la Agencia Literaria “Carmen Balcells”

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“Gamoneda vuelve a la guerra”, un artículo de Javier Rodríguez Marcos en El País (2009)

Caricatura de Antonio Gamoneda, por SCIAMMARELLA.

Gamoneda vuelve a la guerra

Una película y varios libros repasan la trayectoria del poeta y premio Cervantes

Por JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Publicado en el diario El País / Sevilla / 7 MAR 2009

“He aprendido que los poemas se escriben en cualquier parte, en los trenes, en los aeropuertos, en los hoteles…”. Lo dice Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) en un hotel, precisamente. En Sevilla. Ha pasado allí toda la semana, en un congreso titulado Factor humano en el que el premio Cervantes de 2006 dio una conferencia titulada El mundo del poeta. Todavía tardará en volver a León. El lunes estará en el Círculo de Bellas Artes de Madrid presentando Antonio Gamoneda. Escritura y alquimia, una coproducción hispano-argentina impulsada por el cineasta rioplatense Tristan Bauer –que en 1994 realizó un documental ya clásico sobre Julio Cortázar– y dirigida por Enrique Corti y César Rendueles.

El estreno del filme coincide además con la aparición de Extravío en la luz (Casariego), una edición de seis poemas inéditos con grabados de Juan Carlos Mestre, y con Iluminaciones. Antonio Gamoneda (RD Editores), un descarnado retrato del poeta y del León de la Guerra Civil firmado por el novelista Andrés Sorel.

La película se rodó en 2007 en los escenarios cotidianos de Gamoneda, sobre todo en su casa, pero también en los bosques por los que solía pasear antes de que un accidente –lo atropelló una furgoneta– le dejara “las tabas maltrechas”. “Un día, en el rodaje, pasé dos horas con los pies en la nieve”, recuerda el autor de Libro del frío, que considera que sale “demasiado” en su propio documental. “Otro fuimos a la casa en la que viví de niño, en el Crucero, el barrio obrero de León”.

Esa casa es, además, fundamental en Un armario lleno de sombra, unas memorias de infancia “nada gloriosas” que Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores publicará esta misma primavera. En un balcón del número 4 de la carretera de Zamora pasó Antonio Gamoneda sus primeros años en León: “No se me olvida el sabor del hierro oxidado. Al morir mi padre, mi madre aguantó poco en Asturias. Era asmática y los médicos le dijeron que se fuera. El clima la estaba matando. Yo tenía tres años cuando nos instalamos en la casa de mi madrina, mujer de un ferroviario”.

Todavía hoy Gamoneda es capaz de calcularle a su interlocutor la mejor combinación para viajar en tren. “En aquella casa los trenes eran los reguladores del tiempo. ‘Ya viene el correo de Galicia. Ahí pasa otro’, decíamos. Me impresionaba cómo se perdían en la chopera, la desaparición”. Con la Guerra Civil –”de la que tengo recuerdos más precisos que de cosas de hace 15 días”–, los trenes empezaron a llegar cargados de republicanos camino de la cárcel instalada en el hostal de San Marcos. Para evitar que los presos pasaran por la zona noble de la ciudad, detenían los trenes antes de llegar a la estación y los conducían bajo el balcón de Gamoneda.

“Aquel barrio”, apunta, “fue de los que más represión sufrió. Se oían los gritos de las mujeres a las cuatro de la mañana. Frente a mi casa había una viuda loca que se paseaba desnuda y gritando por la noche”.

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“Antonio Gamoneda: Poética de la pobreza”, un artículo de Antonio Rey Hazas

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“ANTONIO GAMONEDA: POÉTICA DE LA POBREZA”.  Así se titula un artículo de Antonio Rey Hazas publicado en “Tropelías. Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, 21 (2014)”. Su autor explica, en la primera nota a pie de página, que “estas páginas que siguen son apenas el esbozo de un proyecto mucho más ambicioso y extenso sobre la poética de la pobreza que, a mi entender, preside buena parte del quehacer lírico de Antonio Gamoneda, y para cuya realización cabal necesito más tiempo y, obvio es decirlo, la colaboración del poeta. En principio, por tanto, me limito a trazar algunas líneas maestras del trabajo, a la luz de Cervantes“.

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Gamoneda en Nápoles (recortes de prensa)

Antonio Gamoneda. Fotografía: Fernando Sanz-Santacruz.

El pasado 8 de noviembre de 2017, Antonio Gamoneda protagonizó en el auditorio del Instituto Cervantes de Nápoles (Italia) una clase magistral, en forma de conferencia, sobre la naturaleza de la poesía. Le acompañaron los hispanistas Augusto Guarino y Marco Ottalano.

Estas son algunas reseñas en diarios y otros medios italianos sobre la visita de Gamoneda a Nápoles:

Un poema de Gamoneda para el poeta Gaspar Moisés Gómez

Me recojo

a mi soledad irreparable y me confirmo:

Ciertamente,

no hay nada en mí que creer, nada que cantar.

Canta tú, Moisés; canta, Obstinado.

Entra incesante a tu llaga profunda; crea incesante

la verdad en ti.

Y recuérdame.

ANTONIO GAMONEDA

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Gaspar Moisés Gómez Pérez, abogado y poeta, falleció el pasado 2 de noviembre de 2017, a los 90 años de edad, en León, donde vivía desde su juventud, después de una larga enfermedad.

En este enlace se pueden escuchar algunos poemas del libro “Cerrado exilio”, de Gaspar Moisés Gómez, recitados por su gran amigo Antonio Gamoneda, gracias al cual este pequeño poemario pudo ser editado en Luxemburgo en octubre de 2016, hace ahora un año.

Para escuchar, hacer click en:

Gaspar Moisés Gómez y Antonio Gamoneda en una imagen tomada en mayo de 2015 en el Musac. Foto: E. Otero.

“La poesía nunca llega después”, un artículo sobre la poesía y la vejez de Mario Alberto Medrano

“Tanto Masoliver como Gamoneda, Tomás Segovia y Gelman
representan el gran potencial que la vejez
otorga a la voz de un poeta”

El viernes pasado tuve la oportunidad de platicar con el poeta Juan Antonio Masoliver Ródenas, el catalán experto en literatura mexicana y latinoamericana. El motivo central de la entrevista fue hablar de su nuevo libro de poesía, La negación de la luz. Pero la conversación no se quedó en los límites de esas páginas, sino que la llevamos a otro nivel, el de la creación misma. Masoliver fue tajante al decir que ésta era su primera obra de vejez, éste el momento único e inalterable en el que podía escribir de lo que ahora escribe: la conciencia de lo que vivió y de lo que ya no vivirá. En suma, la presencia de la muerte.

Por MARIO ALBERTO MEDRANO GONZÁLEZ
Artículo publicado en el diario mexicano Excelsior, el 15 de octubre de 2017

Esta reflexión se interna en el proceso de la creación, de una creación nunca tardía. Lo dicho por el autor de Paraísos a ciegas me llevó a pensar en aquellos escritores que han publicado su mejor obra llegados los últimos años de vida. Goethe, acaso el más representativo, el escritor mefistofélico, de personajes salvajes, lúdicos, perversos, sujetos llevados por la libido a una juventud inaplazable.

Uno de los creadores que mejor representa esta condición es el español Antonio Gamoneda. Lo más entrañable de su producción poética viene en su última edad. El Libro del frío, pieza capital entre su biblioteca personal, fue publicado cuando el poeta contaba con 61 años. Desde ese momento, Gamoneda volcó toda la inquietud lírica en la vejez: “Hay un anciano ante una senda vacía. Nadie regresa de la ciudad lejana; sólo el viento sobre las últimas huellas. Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento”.

La constante alusión a la soledad y a la finitud hacen de Gamoneda uno de los máximos representantes de esa práctica poética. Una fórmula con venenos que no siempre dañan: “Vengo del metileno y el amor; tuve frío bajo los tubos de la muerte”. El nacido en Oviedo emprende una caminata parsimoniosa a la muerte. En Cecilia, publicado en 2004, ya con 73 años cumplidos, dedicado al nacimiento de su nieta, el español se maravilla de un descubrimiento trascendental: su nieta viene de la inexistencia, mientras que él va a parar hacia allá. Es precisamente la vejez, ese espacio temido por otros tantos, como Borges, por ejemplo, que Antonio Gamoneda puede escribir con tal control y conocimiento de su voz poética, de sus capacidades como ser humano y como escritor.

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