* En la RED

Gamoneda en el Museo Vivanco: “Si mi obra ayuda a vivir a mis lectores, ya me siento muy recompensado”

Antonio Gamoneda en el Blog de Vivanco.

Antonio Gamoneda: “Si mi obra ayuda a vivir a mis lectores, ya me siento muy recompensado”

“¡Brindo por la justicia generalizada!”
Antonio Gamoneda, a sorbos

Por LALI ORTEGA CERÓN
[Publicado en el Blog de Vivanco: #CulturaDeVino, el 15 de diciembre de 2018]

El día ha amanecido frío en León. Apenas unas horas antes, Don Antonio Gamoneda ultimaba, envuelto en noche, algunas notas de sus escritos. Observar los poemas autógrafos del Premio Cervantes 2006 es aventurarse entre una suerte de jeroglíficos angulosos que permiten adivinar la excepcionalidad de uno de los poetas vivos más importantes de la última mitad del siglo XX. No en vano, este autor de 2 libros de narrativa, 12 de ensayo sobre arte y literatura, 5 audio o audiovisuales, 4 obras con compositores musicales y 45 libros poéticos, es Doctor Honoris Causa por 5 Universidades; Prix Européen de Littérature o Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, ambos otorgados también en 2006.

La edad mantiene activo a este escritor incansable, al que la desidia le deprime. ¡De momento no me va a tocar a mí, declara con ímpetu! Su voz es grave. Agradable. Naturalmente amable. Su sonrisa se adivina entre la cadencia melodiosa de sus frases, entre la musicalidad de un discurso atemperado y sincero en el que la ausencia de crispación, y rencor, se agradece en los tiempos que corren.

El ventanal del despacho de Don Antonio Gamoneda linda con un patio con algunos arbolillos “que consuelan mucho al verlos” y dos árboles hermosos: un poco común lauroceraso, de hoja perenne. Y un nogal. Le pregunto por su biblioteca, en la que supongo se encuentra el único libro que escribió su padre, Otra más alta vida, un poeta cercano al modernismo que falleció en 1932, cuando su hijo aún no había cumplido un año. Un huérfano marcado de por vida que, paradójicamente, aprendió a leer, a vivir, a escribir, con su padre entre las manos. “¡Ay la biblioteca! No es una maravilla, porque ordené los libros, pero repentinamente me dio un ataque de ciática.” Y se ríe… “Ahora están apilados, así que de ahí no se mueven.” Como yo, que trataría de evitar el ruido lejano de una segadora para no perturbar ni un solo matiz de esta conversación con Don Antonio Gamoneda: el escritor intenso que aún recuerda y que, si bien no tiene todas las respuestas, ofrece, entre sus pensamientos, un sereno abrigo ante lo inexplicable.

León, noviembre de 2018. ¿Qué le devuelve su mirada al exterior, al mundo?

Una gran inquietud. Un mundo vaciado, cómo lo podríamos denominar, de proyectos humanísticos y humanitarios. De unas conductas e ideologías que pueden ser las necesarias, pero que parece que no se ponen en marcha, sino todo lo contrario. Esa inquietud se crea ante mí y trato de decirme que el mundo está ciertamente en una actitud, en una disposición inquietante. Hay que confiar en que las generaciones jóvenes nos lo pongan un poco mejor.

¿Y qué ve en su interior, a sus 87 años?

Muchos recuerdos. Un horizonte delante de mí, sin dramatismo alguno, que no puede ser un horizonte con grandes distancias; ni mucho tiempo; ni mucho espacio. Soy un hombre mayor y sobre todo veo que hay muchos aspectos de mi vocación y de mi necesidad creativa que no he podido hacer en la vida. Y claro, trato de recuperar tiempo, cosa que no siempre se logra con frutos. En fin, es así. Y naturalmente mi actitud ante eso es una aceptación que no me lleve a la pasividad, a desentenderme de la vida, de la mía propia y de la de los que me rodean (y si me apuras, al de todos los humanos). Ni de mi vocación, claro.

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“El óxido desprendido de la boca”, un artículo de Rogelio Blanco en la revista ‘Epicuro’ (2018)

Antonio Gamoneda en la revista Epicuro.

El óxido desprendido de la boca

Por ROGELIO BLANCO MARTÍNEZ

[Publicado en la revista Epicuro que dirige Aurelio Loureiro, el 15 de diciembre de 2018]

En 1931 nace Antonio Gamoneda en Oviedo. En 1934, huérfano de padre, se traslada a la ciudad de León.

Hijo único, llega junto a su madre a la capital leonesa para habitar con la necesidad material y la condición asmática de la madre, situación que se agrava en el clima de violencia prebélico del momento.

Con los escasos recursos disponibles más un libro, Una más alta vida, escrito por su padre y sobre el que el niño, “Toñín”, aprenderá a  descifrar y unir letras, a leer; la familia ocupará una vivienda en la Carretera de Zamora de la ciudad del Bernesga.

Con lo que aporta la madre, modista por cuenta propia, sobrevive la familia. Entre la necesidad y el miedo, entre la pobreza y la muerte “yo nací a la conciencia en 1936. Desde mis balcones podía verse la represión (…), los preparativos, los miedos, los gritos de los familiares, la sangre en la calle”. Tras el óxido de las barras protectoras del balcón del domicilio familiar observa las cuerdas de presos que con paso cadencioso,  cabizbajos, avanzan hacia la cárcel instalada en San Marcos y, muchos, al exterminio. El niño “Toñín” conoce la humedad del terror, el frío de la aniquilación en una España; en la que, al decir de Miguel Hernández, abundan más los ríos de sangre y las sementeras de cadáveres que las cosechas de trigo. Las cuerdas de hombres destilaban olor a grisú y a tierra estercolada, eran mineros y agricultores que caminaban como rebaño de corderos al ara del sacrificio. Su delito era, en la mayor parte de los casos, defender la libertad y una República legítima.

“Las lágrimas del cerebro discurren por el corazón”, nos dice Leonardo Da Vinci y será desde este espacio desde el que arranca la sensibilidad creadora de Antonio GamonedaLa memoria, la brega contra el olvido y el reconocimiento de que lo que no alcanza la tradición, es poesía, o  una manifestación inquietante que pregunta. Y toda pregunta reverbera una inquietud y la expresión de una intimidad. “Mi tipología de escritos –declara– ha de ser la que pueda darse en la suma de unos componentes históricos y biográficos que son, más o menos, los siguientes: la pobreza familiar, escasa escuela pública y contemplación inocente de la crueldad y la miseria moral de la guerra y de la posguerra militarizada (…) las lecturas nada selectas; trabajos desde la niñez en niveles inferiores. Estos son los niveles culturales primarios. A continuación, con la vocación poética ya descubierta, estudios accidentales y lecturas tirando a imprevisibles, nada de viajes educativos, y jornadas laborales de doce horas, menos los domingos que sólo hacíamos tres”.

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La poesía toma Vivanco

Antonio Gamoneda durante la lectura de sus poemas. Foto: Ó.S.J

Antonio Gamoneda consigue emocionar
con su poesía en Vivanco

Por ÓSCAR SAN JUAN
Publicado en larioja.com el sábado 17 noviembre 2018

BRIONES.—Con motivo de la VI Jornada Nacional de Poesía y Vino de la Fundación Vivanco en su afán por divulgar la Cultura del Vino a través de diversas manifestaciones artísticas, la Fundación Vivanco para la Cultura del Vino promueve estos encuentros poéticos que alcanzan este 2018 su sexta edición, en los que se pudo disfrutar de la poesía de Antonio Gamoneda.

Hombre de letras y amante de la cultura, fue descrito en su día, por el jurado que le concedió el Premio Cervantes 2006, como “esa voz nueva (…) que crea un sentido en la palabra y borra la anécdota para hacer poesía cargada de símbolos de difícil acceso”.

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Entrevista a Gamoneda de José Manuel López de Abiada (1990)

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Encontramos en la Red una interesante entrevista a Gamoneda, de José Manuel López de Abiada (Universidad de Berna, Suiza), datada en León, el 30-VIII-1990, y publicada en la página de ANALECTA MALACITANA ELECTRÓNICA (AnMal electrónica) / Revista de Filología de la Facultad de Filosofía y Letras (Universidad de Málaga). 

Fragmento de la entrevista: 

(…)

— ¿La reunión de casi toda tu obra en Edad es fruto de una iniciativa tuya?

Fue una iniciativa compartida. Antes de publicar Edad, me dan el Premio de Castilla y León. La Junta de Castilla y León en ese momento es socialista y me dicen que querían (ya se la habían encargado a Víctor García de la Concha) hacer una monografía sobre mi obra. Les dije que a mí eso me venía grande, y que además costaba mucho dinero. ¿Por qué con ese dinero (les dije) no hacéis una cosa: me apoyáis y aseguráis a alguna editorial buena la compra de una partida de libros que entregáis a las bibliotecas de los centros públicos de todas las provincias? Seguramente que con la mitad del dinero está arreglado. Y aceptaron. Entonces Cátedra aceptó. Tuve mucha suerte, porque tengo una cierta noticia de mí mismo sólo desde la reescritura de Edad, pues rescribí físicamente casi toda mi poesía y rompí un montón de cosas. Estuve buscando mi identidad poético-biográfica por la vía de la selección y la reescritura. No se trataba de quitar defectos (que los había): yo quería intentar que mi poesía se integrase en un solo discurso, que pudiera verse como un solo libro.

(…)

Diez poemas del ‘Libro del frío’ de Gamoneda traducidos a cuatro idiomas en la página alemana Lyrik -line

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Los maravillosos años 60

“Claudio Rodríguez, José Agustín Goytisolo, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma y Antonio Gamoneda le entregaron a España una estética que aún mantiene sus réplicas. Sin duda, una década a la que debemos repasar para comprender el XX y entender los umbrales de la nueva centuria”

[Reproducimos un artículo que el escritor, editor y analista político peruano Harold Alva ha publicado en su blog “Apuntes de Occidente”, en el diario peruano Expreso, el domingo 2 de septiembre del 2018]

Por HAROLD ALVA

En 1968 Antonio Cisneros publicó “Canto ceremonial contra un oso hormiguero”, Mirko Lauer “Ciudad de Lima”, Manuel Morales “Poemas de entrecasa”, Julio Ortega “Las viñas de Moro” y Antonio Cillóniz “Verso vulgar”, pero el 68 no significó únicamente la ruptura con una forma escritural que le abrió la puerta a un nuevo proceso, el 68 significó la irrupción de las fuerzas armadas encabezadas por el general Velasco quien instauró un régimen al que denominó gobierno revolucionario, periodo del que soy crítico respecto a la forma como se realizaron las reformas.

Los 60 fueron los años de Cuba y del Che, de la primavera de Praga, del movimiento hippie; años en los que la libertad fue una palabra que se podía tocar y nuestros jóvenes eran militantes de la utopía. En Estados Unidos floreció la Beat Generation (surgida a fines de los 40), aquel grupo de intrépidos muchachos cuyas propuestas marcaron el horizonte de los 60: Allen Ginsberg, William Burroughs, Jack Kerouac, Neal Cassady, Carl Solomon, Philip Lamantia, Gregory Corso, Peter Orlovsky y el legendario Lawrence Ferlinguetti, poeta y maestro de todos los editores.

Al otro lado del atlántico, la literatura había superado la dispersión de los poetas de la guerra civil, consolidado una promoción de poetas de la post guerra, fortalecido en los 50 una poesía social que agotadas sus fórmulas abrió una senda a la que denominaron poesía de la experiencia: si el drama exterior no les decía nada, parafraseando a Calvino, acudieron al drama interior y volvieron entonces a los viejos temas, los personalísimos: lo cotidiano, la infancia, el amor, el tiempo y con ellos Claudio Rodríguez, José Agustín Goytisolo, José Ángel Valente, Jaime Gil de Biedma y Antonio Gamoneda, le entregaron a España una estética que aún mantiene sus réplicas. Sin duda, una década a la que debemos repasar para comprender el XX y entender los umbrales de la nueva centuria.

Poemas de “La prisión transparente” de Gamoneda, recitados por él mismo, en la fonoteca de poetas españoles “The Booksmovie”

“The Booksmovie”, la fonoteca que recoge la voz de los principales poetas españoles contemporáneos, ha incorporado una nueva grabación de Antonio Gamoneda a su archivo, en esta ocasión recitando poemas de su último libro, “La prisión transparente”.

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