* Ilustraciones

Ilustración de Patricia Gutiérrez para “Descripción de la mentira”

© Ilustración de Patricia Gutiérrez para "Descripción de la mentira" de Gamoneda. / continuidaddeloslibros.com

© Ilustración de Patricia Gutiérrez para “Descripción de la mentira” de Gamoneda. / continuidaddeloslibros.com

La artista y dibujante Patricia Gutiérrez ilustra así un fragmento de Descripción de la mentira, de Antonio Gamoneda, para la revista digital de cultura Continuidad de los Libros, dentro de la sección “El ilustre ilustrado”.

:: Fragmento de “Descripción de la mentira”

(…)

Las hortensias extendidas en otro tiempo  decoran la estancia más arriba de mi cuerpo.

He sentido el grito de los faisanes acorralados en las ramas de agosto.

Un animal invisible roe las maderas que también están más allá de mis ojos.

Y así se aumenta la serenidad y prevalece el olor de la mostaza que fue derramada por mi madre.

Yo convalezco en sábanas limpias que me preservan de los insectos y los cristales de mi infancia son causa de la imposición de luz que les antecede en muchos días desde que existió la solemnidad y la pureza.

En este espacio me he reunido con tu dulzura, la que traicionaste delante de mis ojos.

Ahora eres obsequioso y pacífico como el aceite se reserva para los agonizantes;

Ahora me contienes con tus manos y me descubres todos los gestos de tu rostro:

Tantas veces pusiste la boca sobre las heridas, tantas te desdijiste como una liebre tenebrosa…

Asediado por un azufre que no podías soportar en los alimentos,

¡tantas me recibiste en tu mirada y me participaste una escritura de carmines abrasados,

tantas te desplomaste en mi existencia…! Fue una época damnificada.

Tú invocabas al chamariz y hacías que los árboles se inclinasen sobre nosotros en tardes inmóviles mientras la policía escribía nuestros nombres.

Otros días cantabas poseído por el alcohol, que rebosaba azul sobre las mesas desgastadas por la lejía.

Una senda de aulagas conducía hasta tu casa donde siempre era invierno. ¡Ah cómo sentía tus dientes y cuánto tiempo te escuchaba, cómo esperaba tu desaparición amándote!

No me dejaste otra señal que tu rostro celebrado por el llanto de las mujeres.

A tu belleza se inclinaba la serenidad, viuda tuya desde hace mucho tiempo, vida expulsada de tus sábanas.

Eso fue cuando, atraído por el acónito, penetraste en sus cámaras;

Esto fue cuando comenzó el olvido.

(…)

ANTONIO GAMONEDA