Textos de JUAN CARLOS MESTRE

Pereira, Gamoneda y Juan Carlos Mestre

Juan Carlos Mestre. Fotografía: Paco Rodríguez / La Voz de Galicia.

Juan Carlos Mestre. Fotografía: Paco Rodríguez / La Voz de Galicia.

[Entrevista con Juan Carlos Mestre, publicada el 26 de enero de 2016 en La Voz de Galicia]

JUAN CARLOS MESTRE:
“La poesía no es literatura; es, como dice GAMONEDA, un proyecto espiritual”

Por RODRI GARCÍA

El hijo del panadero cambió el pan por la poesía. «Para amasar había que madrugar mucho», bromeaba ayer Juan Carlos Mestre (Villafranca del Bierzo, 1957). El ganador del Premio Nacional de Poesía del 2009, con el poemario La casa roja, tiene claro que los causantes de su cambio fueron dos poetas, los dos Antonios: Gamoneda y Pereira. Mestre recitó anoche en A Coruña en el marco del ciclo Poetas Di(n)versos, junto con Miguel Mato Fondo (Ponteceso, 1953), poeta «e axitador cultural», decía Yolanda Castaño, anfitriona del encuentro celebrado en el Ágora. Mestre, con una amplia trayectoria como artista plástico, acompañó los versos con el acordeón.

-¿Cómo afronta un recital?

-Desde la perspectiva del azar. Lo primero es mirar a la gente, decirles: «¿A qué habéis venido?». En función de esa respuesta que te da el silencio uno intenta ser lo más discreto posible. Pertenezco a esa tribu de los que han renunciado a ejercer todo tipo de autoridad artística sobre los demás. Se piensa que la poesía nace del poeta y creo que es una de las grandes barbaridades extendidas por la cultura dominante. Para que un poema exista tiene que existir el poeta, sí, pero fundamentalmente el receptor, aquel que reconoce esas palabras como poemas. Para eso es necesario saber si en la sala hay gente que quiera ser poeta. Si solo están dispuestos a ser espectadores hay que llamar a un cantante.

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“Sucesos”, de ANTONIO GAMONEDA, con grabado de JUAN CARLOS MESTRE

Grabado de Juan Carlos Mestre para la carpeta "Extravío en la luz" de Gamoneda.

Grabado de Juan Carlos Mestre para la carpeta “Extravío en la luz” de Gamoneda.

SUCESOS

Cuando del corazón surge un grito amarillo
grandes sargas se extienden sobre rostros amados.
Me dicen que ya es tarde y que el pastor de sombras
es ahora obediente a manos invisibles.

En nosotros ha entrado una serpiente ciega.
Ya nadie ama ni sonríe.

Un huracán de signos avanza inútilmente.
Las últimas mentiras se disfrazan de invierno.

Alguien entra descalzo a la fosa de los números,
alguien está anudando las cuerdas del olvido.

Los hay que cantan lívidos al borde del suicidio
y los más silenciosos copulan sin esperanza.

Un paso más allá todo es inexistencia;
todo se explica en el no ser.

                                   Ya veo
la turba incandescente. Van a venir muy pronto
los reptiles del llanto.

Alguien está gritando cercado por la púrpura.
Alguien abre despacio la mirada sabiendo
que en su córnea se esconden las cifras terminales
y que su pensamiento
no es más que una costumbre que precede a la muerte.

En la calcinación, un perro sangra
rodeado de ausentes. Bajo miradas frías
el perro se convierte en azul para siempre.

Cunden fétidas rosas; sus pétalos cansados
descienden a mis manos. Silenciosas, se acercan
las madres que no olvidan.

Frutos enloquecidos
se unen a los restos desprendidos del fósforo
y a las últimas sílabas, a las incomprensibles

En la hora imposible despertará el durmiente;
como un cuchillo negro te mirarán sus ojos.
Vas a quedarte solo. Tu cuerpo tendrá frío
desnudo para siempre, desnudo hasta los huesos.

Acepta tu extravío, entrégate a la luz:
la luz es el comienzo de la causa invisible.

 ANTONIO GAMONEDA
[De la carpeta ‘Extravío en la luz’ (2009), con grabados de JUAN CARLOS MESTRE]

Discurso de JUAN CARLOS MESTRE en el Homenaje a Gamoneda de Villafranca del Bierzo (2008)

Homenaje a Gamoneda en la Fiesta de la Poesía de Villafranca del Bierzo (2008).

Homenaje a Gamoneda en la Fiesta de la Poesía de Villafranca del Bierzo (2008).

HOMENAJE a ANTONIO GAMONEDA
en la 42 FIESTA DE LA POESÍA
de VILLAFRANCA DEL BIERZO
(22 de Junio de 2008)

Discurso de JUAN CARLOS MESTRE
(que actuó como mantenedor)

Queridos vecinos y amigos de Villafranca, una mañana como la de hoy de hace cuarenta años yo era un muchacho que, apoyado en uno de estos árboles del jardín, escuchaba, sin entender exactamente lo que decían estas palabras: No sólo el grano blanco va al molino, también los granos negros del silencio; también se hace el pan se hace la vida, de los heroicos huesos de los muertos. Yo no sabía aún lo que era un héroe, pero el poeta que las pronunciaba se convirtió para mí, desde ese instante, en alguien que se acercaba a mi vida con algo conmovedor: palabras rozadas por el resplandor de otro mundo, monedas perdidas con las que no se podía comprar ninguna otra cosa que no fuese la intuición de un ángel, el valor simbólico de otra manera de estar en el mundo, la forma delicada de cuantos estrechamente vigilados por la locura, aún seguían pensando que volar era el resultado de una intensa pasión, nunca de su práctica.

Aquel poeta se llamaba Gilberto Núñez Ursinos, y yo decidí aquella mañana, ante la luz de su joven resplandor, parecerme en algo a su sombra. Yo tenía doce años, junio de 1969, y fui su amigo hasta la primavera de 1972, en que decidió, voluntariamente, abandonar la republica de la imaginación donde vivía, cuando al otro lado del río sólo había pequeñas casas blancas llenas de palomas, gatos y flores que algún día fueron las semillas del paraíso. Fue el primer poeta que conocí, era amado por mucha gente de este pueblo, no menos que lo que él quería a los humildes, a los soñadores, a los que hablaban solos por la calle y pensaban que la vida carecía de sentido sin resistencia al mal. Vivía sólo, con un gato al que llamaba Parsifal, y un aparato de radio con el que aprendía idiomas sintonizando emisoras extranjeras. Un milagro que sólo sucede una vez cada cincuenta años cuando pasa sobre los valles el cometa de la iluminación y convierte en vino de dulzura la amargura de los pozos.

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