Amelia Gamoneda

Pequeña reseña de “Niñez” (2016)

Haz un click para leer el artículo entero en El País.

Tomado de  “Poetas de los cincuenta, al día” / Aunque muchos han concluido su obra, algunos de los integrantes de la última gran generación de clásicos del siglo XX siguen publicando, reticentes a pasar al panteón literario

Un artículo de ÁNGEL L. PRIETO DE PAULA publicado en El País el 16-VIII-2016

Antonio Gamoneda, Niñez. Unos cuantos temas adquieren en la poesía de Gamoneda dureza y densidad de verbolitos: pobreza, madre, piedad, tribulación, infancia. Y aunque él distingue la literatura, que se refiere a la realidad, de la poesía, realidad ella misma, los textos de Niñez proceden tanto de libros poéticos, en verso o en prosa, como de Un armario lleno de sombra, las memorias de los primeros años. El relato anecdótico de unos textos es quintaesencia en otros, pero todos soportan una intensidad que duele y no cede nunca.

Niñez. Antonio Gamoneda. Edición de Amelia Gamoneda Calambur. Madrid, 2016. 128 páginas. 15 euros.

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Portada de la antología “Niñez” (Calambur Ed.).

El villancico inédito de Gamoneda

Gamoneda de niño (hacia 1932).

Gamoneda de niño (hacia 1932).

Hace unos años, en una entrevista que Verónica Viñas le hizo a Antonio Gamoneda para Diario de León, el poeta reconoció ser el autor de un villancico que la periodista había aprendido de pequeña [este es el fragmento de la entrevista]:

[…] Verónica Viñas.—Aunque odio las Navidades, recuerdo un villancico precioso que me enseñaron en la escuela. Decía así:

«…Y un chiquitín charlatán,
puesto en la punta del pie,
se asoma y dice: José,
pónle tu capa,
que está nevando…»

¿Le suena?

Antonio Gamoneda.—Lo escribí hace 40 años porque una maestra de mis hijas, Ofelia, muy cariñosa, inteligente y católica, me lo pidió para cantarlo en familia.

[…]

Hablando de esto un día con Amelia Gamoneda, hija mayor del poeta, resultó que ella conservaba esta versión del villancico escrito por su padre, que reproducimos aquí:

Nevaba mucho en Belén
la noche que Dios nacía.
¡Qué bonito y que alegría,
pero qué frío también!

El niño estaba en el suelo
como una rosa desnudo.
¿Por qué no quiso si pudo
venir vestido del Cielo?

Dos ángeles tejedores
de prisa y muy buena gana
le están haciendo de lana
una nana de colores.

Y un chiquitín charlatán
puesto en la punta del pie
se asoma y dice: “José,
ponle tu capa, que están
dale que dale y no sé
cuándo cuándo acabarán”
.

Antonio Gamoneda

NOTA: Cuando las líneas anteriores se publicaron en la revista digital TAM TAM PRESS (el 25 de diciembre de 2014), apareció este comentario, con matices interesantes y emotivos de la profesora Ofelia Díaz:

“Yo soy Ofelia Díaz, la maestra a quien Antonio Gamoneda dedicó este villancico como felicitación en unas navidades cuando Amelita Gamoneda era mi alumna. Para completar el entusiasmo con que lo recibí, mis hijos me sorprendieron cantándolo la noche de Nochebuena. Ellos le habían puesto música. Y en las Navidades siguientes lo enseñé en clase y conseguí que Verónica Viñas –que también era mi alumna– con otra niña (creo recordar que se llamaba Isabel) lo cantaran a dos voces maravillosamente. Guardo un recuerdo precioso de aquel episodio y, por supuesto, conservo el original escrito a mano por Gamoneda con su afectuosa dedicatoria.
En la letra que aquí figura hay una palabra confundida. Aquí dice el niño estaba ”en el suelo” y el original dice: el niño estaba ”entre el hielo”.
Han pasado muchos años –ya tengo 92– y me alegra enormemente haber encontrado esto en Internet.”

Gamoneda sobre Jean-Louis Fauthoux: “ENTRE LA LUMIERE ET L’EAU”

"Luz". Papier. © Jean-Louis Fauthoux.

“Luz”. Papier. © Jean-Louis Fauthoux.

[Reproducimos, en francés y en español, uno de los textos de Antonio Gamoneda que acompañó la exposición LUZ – LUMIERE del artista Jean-Louis Fauthoux, en la localidad francesa de Pau, con motivo de la Fiesta del Libro celebrada en noviembre de 2010:]

PAPIER FAUTHOUX, COULEUR FAUTHOUX,
ENTRE LA LUMIERE ET L’EAU

Lorsque Jean-Louis Fauthoux trempe ses mains dans l’eau, la lumière entre en elle-même et révèle la multitude des pigments enfouis. C’est une fleuraison clandestine et bouillante dans la profondeur innommable.

Vers les mains humides les lumières avancent accompagnées des ombres. Les lumières avec leur charge de feu, les ombres avec leur tremblement nocturne Les atomes tournent dans leur discorde livide mais la paix survient, la paix des grisailles silencieuses et des bleus froids.

Incendie et paix dans les mains pulsatiles, incendie et paix sur les étamines sauvages. Tout est visible et lumineux dans la vertu de l’eau, de l’eau submergée dans son ignorance intime, libre et convertie sous les mains de Jean-Louis Fauthoux.

Un flamboiement inonde la cour. Turgescent, sur des cordes immobiles il déplie sa couleur intransitive, et la prononciation du crépuscule et la conduite de l’aube se concertent dans la même flamme.

Tout est vérité sur les grands papyrus, dans l’écriture violacée qui nomme l’inexistence et qui déroute les signifiés. Ah la folie qui tourne incandescente, ah le flamboiement sans cause!

Tout est vérité dans la déclinaison du pourpre. Tout est vérité : le singulier et le multiple, le conséquent et l’initial. Couleur, couleur, nombre immense, chiffre secret et évident.

Lorsque il trempe ses mains dans l’eau, l’impossible se modifie. Tout est certitude, tout luit en immanence existentielle. Couleur, couleur, cause incessante, somme en procès. Couleur, absence présente, plaie et conduite solaire.

Tout est lumière et tout est ombre : le faux est aussi véridique ; la mort, immortalité. Tout est lumière et tout est ombre, lointaine proximité. La lumière habite l’ombre. Il y a de la lumière dans la froideur attenante à l’éternité

                                vide.

ANTONIO GAMONEDA
Traduit en français par Amelia Gamoneda.

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Fauthoux y Gamoneda, en León, en 2009. © Fotografía: Eloísa Otero.

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‘Extravío en la luz’, un libro artístico con poemas de Gamoneda y grabados de Juan Carlos Mestre (2009)

Portada de "Extravío en la luz", de Gamoneda.

Portada de “Extravío en la luz”, de Gamoneda.

[En enero de 2009 salió de imprenta una preciosa edición del libro ‘Extravío en la luz’, con poemas de ANTONIO GAMONEDA, ilustraciones de JUAN CARLOS MESTRE y dos preámbulos de AMELIA GAMONEDA, publicado por Ed. Casariego. El libro se presentó el 28 de enero de 2009 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid con los autores. Se trata de una edición distinta de la carpeta que se presentó en la Escuela de Arte de Mérida unos meses atrás, en 2008.]

GAMONEDA PUBLICA ‘EXTRAVÍO EN LA LUZ’,
SU PRIMER POEMARIO TRAS EL CERVANTES

Por CARMEN SIGÜENZA
(Para la Agencia EFE)

Madrid, 15 enero 2009 (EFE).- Tras dos años de silencio poético, Antonio Gamoneda, colmado ya de premios, ha vuelto a la poesía con la publicación de “Extravío en la luz”, un libro artístico que incluye seis poemas inéditos y veinte grabados del ilustrador y poeta Juan Carlos Mestre.

“Publicar un libro de poesía cada año era una imprudencia, aunque la verdad es que en estos dos últimos años no he podido trabajar, porque me ha faltado tranquilidad. Eso sí, he terminado las memorias de mi infancia, las he acabado y entregado, y es posible que salgan en abril o mayo”, explica a Efe.

Y es que este poeta astur-leonés en los últimos años ha recibido toda clase de premios y se le ha requerido para toda clase de actos, lo que le llevó a un período de silencio poético.

Ahora, según recuerda en el prólogo con humor y ternura Amelia Gamoneda, hija del poeta, filóloga y crítica, gracias a una afonía que en los últimos meses mantuvo al poeta en silencio “entre los tumultuosos y verbosos encuentros a los que amablemente le obligan los premios recibidos”, Gamoneda ha vuelto a encontrar su voz.

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Crónica de la presentación de ‘Extravío en la luz’ en el CBA (2009)

El poeta Juan Carlos Mestre, el Cervantes leonés Antonio Gamoneda y su hija, Amelia, durante la presentación en el CBA.  Fotografía de RAQUEL P. VIECO

El poeta Juan Carlos Mestre, el Cervantes leonés Antonio Gamoneda y su hija, Amelia, durante la presentación en el CBA. Fotografía de RAQUEL P. VIECO

El invocador y existencial «Extravío en la luz»
llenó el Círculo de Bellas Artes

Amelia Gamoneda, hija del poeta, calificó de
«ruido de oficinista» la labor creativa del maestro

Por PACHO RODRÍGUEZ
para Diario de León (28 de enero de 2009)

Antonio Gamoneda presentó ayer en Madrid, en el Círculo de Bellas Artes, Extravío en la luz, un libro en el que comparte protagonismo con Juan Carlos Mestre, autor de los grabados que incluye la publicación, y con su hija Amelia, que escribe un cercano prólogo que hace aún más especial este poemario editado por Casariego. Y Madrid, una ciudad que adora a Gamoneda, respondió con un lleno absoluto de la sala María Zambrano, en un edificio que es el epicentro cultural de la capital, y ávido de la poesía invocadora y existencial del poeta.

Con tanto afecto, el poeta leonés dio paso a su socarronería y se quejó, y lo que logró fueron las sonrisas y hasta risas de los asistentes, que descubrieron el lado más cercano del autor de obras ya emblemáticas como ‘Arden las pérdidas’ o ‘Libro del frío’. Pero como de lo que se quejaba era del exceso de cariño, lo que hubo en sus palabras fue agradecimiento encubierto. Esa satisfacción le vino de palabras como las pronunciadas por su hija, quien deleitó a la concurrencia al contar que, «en mi memoria de siempre, es un hombre que escribe. O, mejor dicho, un hombre que trabaja con la escritura». Y lo ilustró de una manera bien descriptiva: «Su ruido de escritor es el de un oficinista», afirmó. Un ruido que asoció generacionalmente «al sonido de las máquinas bordadoras» como el que hacía con ese trabajo su abuela.

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La antología ‘Sílabas negras’ y sus apartados temáticos

Portada de "Sílabas negras", de Gamoneda.

Portada de “Sílabas negras”, de Gamoneda.

La antología de Antonio Gamoneda ‘Sílabas negras’ (XV Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Ed. Universidad de Salamanca, 2006), en edición de Amelia Gamoneda y Fernando R. de la Flor, agrupa los poemas de Gamoneda en distintos apartados temáticos. Cada apartado lleva un pequeño texto introductorio de su hija Amelia Gamoneda Lanza:

ESFERA

El territorio de la intimidad es esférico: vientre, madre, familia, casa, sartén, pan, vasijas, cántaros, cuencos, pozos, cucharas. Y, en la memoria, el estrato afectivo se ahorma en envoltura: la cabeza en el hueco de unas manos, el rostro y el mundo en él circunscrito, la bombilla y su halo amarillo, los pechos y “sus círculos amoratados”, el “cinturón de álamos”, “las habitaciones cóncavas”, los armarios. La biografía íntima es una bio(e)sfera.

PAÍS SIN RETORNO

Un país entregado a un tiempo de traición y destrucción convierte en rehén a su habitante; de ese país no se escapa ni se vuelve: interiorizado, deviene espacio mental, y en él, indefinidamente, el pensamiento es torturado, se subleve, cae en vergüenza y en melancolía. El hombre es el país, el hombre es también la distancia que vuelve a ambos irreconciliables.

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“A LA ESCUCHA” / Un texto de Amelia Gamoneda en la carpeta ‘Extravío en la luz’

Portada de la carpeta "Extravío en la luz", de Antonio Gamoneda.

Portada de la carpeta “Extravío en la luz”, de Antonio Gamoneda.

La carpeta Extravío en la luz, de Antonio Gamoneda, fue editada por la Escuela de Arte de Mérida en Marzo de 2008, con motivo del 75 aniversario del centro, en la preciosa colección que coordina el pintor Javier Fernández de Molina.

La carpeta incluye:

  • Un preámbulo con dos textos de la hija del poeta, AMELIA GAMONEDA –el que aquí transcribimos, ‘A la escucha’, y el titulado ‘Entre memorias’–.
  • 17 grabados del poeta y artista JUAN CARLOS MESTRE.
  • Seis poemas de ANTONIO GAMONEDA.

A LA ESCUCHA

Por AMELIA GAMONEDA

Quiere el uso que no haya consanguinidad ni parentesco entre presentador y presentado, o entre crítico y poeta, o entre exégeta y artista. La precaución, ya se sabe, tiene que ver con un prurito de objetividad que se deduce –supuestamente– de la distancia biológica o de la falta de una relación socialmente contratada entre ambos. Me pregunto si dicha distancia ha de ser también considerada indispensable para el caso básico del autor y su lector. Y lo hago, naturalmente, para llevar a un extremo algo ridículo todas estas prevenciones: sólo faltaba que yo no pudiera ser lectora de mi padre.

En realidad, la objetividad no es tan deseable. En la lectura de la obra de alguien o en su presentación o incluso en su estudio crítico, no son particularmente malvenidas las notas que delatan el conocimiento intenso o íntimo del autor, como tampoco se desdeñan las implicaciones afectivas confesadas que uno pueda tener con él o con su escritura. Esto hace tolerable e incluso conveniente que el oficio de presentador lo desempeñe un amigo del escritor, y no explica que siga pesando una inhabilitación para este cargo sobre quien posee vínculos amorosos o de parentesco; sólo queda pues una causa para este interdicto, y se llama pudor.

¿Qué pudor? El que nace de un equívoco: se supone que el consanguíneo o el vinculado por el afecto amoroso va a exhibir una intimidad desvinculada de la escritura, se supone que va a sentarse en la mesa de presentación como quien se sienta en el plató de un programa del corazón. Es mucho suponer. Más justo será reconocerle la mejor de las opciones, esto es: la de saber implicar el conocimiento de lo íntimo en su lectura de la obra del poeta. Acogiéndome a este supuesto, no voy a presentarles a mi padre, Antonio Gamoneda, voy a presentarles al poeta Antonio Gamoneda, que resulta que es mi padre.

Podría decir, en tono de chiste, que conozco a este poeta desde que nací, pero no es verdad: conocí entonces a la persona, pero al poeta no lo conocí hasta mi adolescencia, justo cuando él renacía como poeta, después de guardar silencio durante 500 semanas.

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Gamoneda y Cadenas, dos poetas con una alta conciencia de la dignidad humana

Gamoneda y Cadenas firmando libros tras su recital en León.

Gamoneda y Cadenas firmando libros tras su recital en León.

[Reproducimos la presentación de Rafael Cadenas y Antonio Gamoneda que realizó la periodista Eloísa Otero antes del recital que ambos poetas ofrecieron en León, el pasado jueves 26 de mayo de 2016. El acto formaba parte de la gira que el poeta venezolado Rafael Cadenas ha realizado por España, tras recoger el 19 de mayo en Granada el premio internacional de poesía Federico García Lorca. El recital tuvo lugar en el Club de Prensa de Diario de León, organizado por Abanca.]

Por ELOÍSA OTERO

Buenas tardes. Es un privilegio tener aquí a dos poetas con una alta conciencia de lo que es la dignidad humana, dos poetas pacíficamente revolucionarios, combativos y resistentes, sin miedo, y por lo tanto de alguna manera incómodos, que han ido conformando sus trayectorias desde la marginalidad.

Ambos aparecen recogidos en “Las ínsulas extrañas”, una exquisita antología de poesía en lengua española del siglo XX, que empieza con Juan Ramón Jiménez y Pablo Neruda y termina con el español Ángel Campos Pámpano y el mexicano Jorge Esquinca.

Y hacia la mitad del libro, en el que los poetas están colocados por edad, por año de nacimiento… pues ahí están, casi juntos, Rafael Cadenas, que nació en 1930, y Antonio Gamoneda, que nació en 1931.

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El niño que persigue a GAMONEDA

Antonio Gamoneda en una fotografía de Jesús F. Salvadores (Diario de León).

Antonio Gamoneda en una fotografía de Jesús F. Salvadores (Diario de León).

[Reproducimos un artículo publicado en Diario de León el 5 de mayo de 2016].

Por VERÓNICA VIÑAS

A Gamoneda siempre le ha perseguido la niñez. Partiendo de esa premisa y del encargo de hacer una antología que la editorial Calambur encomendó a su hija Amelia —profesora de Literatura Francesa y autora de ensayos como Marguerite Duras. La textura del deseo— llega ahora Niñez. El autor de Lápidas, «sin escurrir el bulto», prefiere ceder todo el protagonismo del libro a su hija. «Fue ella quien escogió los textos que estaban en otro contexto y los ordenó a su manera, que no es casual, sino siguiendo un proyecto significativo. Seguramente, no sólo ha buscado mi niñez», asegura el premio Cervantes leonés.

«El editor me propuso hacer una antología de mi padre y yo decidí el asunto y el enfoque», cuenta Amelia. «Hablar de la niñez de mi padre tenía sentido no sólo porque soy su hija, sino porque tiene suficientemente escrito y porque es una época que ha marcado su poesía y su vida». Y se remonta la autora de Niñez a la abuela, la mujer que huyendo de la Guerra Civil recaló en un León terrible y represivo con un pequeño que vería desde el balcón de su casa del Crucero desfilar a los presos camino del campo de concentración en que se convirtió San Marcos. «La niñez de mi padre era, en su boca, una colección de escuetas escenas… Para ella su hijo era un absoluto sin adjetivos, un ser blanqueado como un ángel por el amor materno», anticipa en el prólogo.

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“Niñez”, una antología poética de Gamoneda realizada por su hija Amelia

Portada de la antología "Niñez".

Portada de la antología “Niñez”.

La antología poética “Niñez”, de Antonio Gamoneda, está a punto de llegar a las librerías, de la mano de la editorial Calambur, con selección de poemas y prólogo a cargo de Amelia Gamoneda Lanza, hija del poeta.

Avanzamos aquí un extracto del prólogo:

“MITOLOGÍA ÍNTIMA”

Por AMELIA GAMONEDA LANZA

La niñez es un tiempo mítico personal donde se origina el yo capaz de hablar de sí mismo, donde su prehistoria cede el paso a una historia que le concierne. Contar la propia infancia reconstruye hacia atrás el tiempo, echa el ancla en el pasado, en un cierto mundo físico, mental y afectivo. Pero, como todo mito, la niñez pervive más allá de su momento, impregna la vida entera, y contarla supone también un modo de hablar del presente. Cuando, además, quien relata es de nuestra misma sangre, buscamos en esa narración algún efecto de espejo: la niñez tiene entonces un poder performativo que sobrepasa a su relator y se adentra en el futuro, reforzando así los lazos de la herencia biológica. Estos tres tiempos de palabra en torno a la niñez organizan esta antología.

En nuestra cultura, la voz autobiográfica de la infancia suele estar precedida de otras más antiguas. Y en lo que respecta a mi padre, el relato fue transmitido en primer lugar por la voz de una abuela que se dirigía a sus nietas. Mi abuela –a quien la guerra había hecho perder todos los bienes materiales y muchas de las relaciones que la vinculaban a su familia– nos presentaba los contenidos de su memoria personal como entregándonos un secreto en custodia. Poca cosa más poseía. No sé si contaba bien, pero sí sé que dramatizaba sus relatos como si los reviviera. No buscaba entretenernos: nos sobrecogía con su palabra repetitiva y a menudo elíptica, que no siempre entendíamos. Creo que narraba más por necesidad que por gusto: no recuerdo que nos contase cuentos infantiles.

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Amelia Gamoneda sobre Antonio Gamoneda

...

“(…) En mi memoria de siempre mi padre es un hombre que escribe; o mejor dicho, es un hombre que trabaja, que trabaja en la escritura. Escribe con todos los músculos, reconcentrado, tachando con decisión, rompiendo enérgicamente los papeles, y luego pulsando las teclas –de las máquinas antes mecánicas y hoy del ordenador– hasta desgastar sus mecanismos. Su ruido de escritor es el de un oficinista, el del oficinista que fue, el del obrero y su máquina; en mi memoria imaginaria, este ruido se prolonga hacia atrás en el tiempo y se confunde con el de las máquinas de bordar que mi abuela pedaleaba incansablemente en una galería. Algunas noches, en la casa de mis padres, el ruido de las teclas no se interrumpe más que durante tres o cuatro horas; pienso entonces si mi padre no le estará haciendo compañía a mi abuela, pienso si este oficio de escritura, ejercido así, con ese apremio, con ese esfuerzo, con esa necesidad, no habrá recibido su ritmo de esa experiencia familiar del trabajo, de esas noches de la infancia de mi padre en las que él tampoco acertaba a percibir cuándo se paraban las máquinas de bordar de mi abuela. (…)”

AMELIA GAMONEDA
(Fragmento extraído del texto titulado ‘Entrememorias’ que Amelia Gamoneda leyó en el Festival de la Palabra, Universidad de Alcalá de Henares, el 18 de abril de 2007)

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Noticia biográfica de ANTONIO GAMONEDA LOBÓN

Antonio Gamoneda. © Fotografía: Fernando Sanz-Santacruz.

Antonio Gamoneda. © Fotografía: Fernando Sanz-Santacruz.

Antonio Gamoneda nació en Oviedo en 1931. A los tres años, ya huérfano de padre (de su mismo nombre, poeta en la órbita del modernismo que publicó un solo libro, ‘Otra más alta vida’, en 1919), se trasladó con su madre, Amelia Lobón, a León, única ciudad en la que ha querido vivir, primero en el principal barrio obrero –y campesino– de la ciudad, que siguen llamando de El Crucero. Para sus ojos infantiles el barrio fue un observatorio “privilegiado” de la represión llevada a cabo por los nacionales durante la guerra civil y la inmediata posguerra.

Pasó fugazmente por la enseñanza primaria en la escuela pública, y cumplidos los diez años y viviendo ya en una zona más céntrica, empezó a cursar, gratuitamente, el bachillerato en un colegio religioso del que se autoexpulsó antes de terminar el tercer curso.

Al día siguiente de cumplir catorce años empezó a trabajar como meritorio y recadero en el hoy extinguido Banco Mercantil. Permaneció en la condición de empleado de banca, atravesando distintas categorías, durante veinticuatro años.

Desde los diecisiete, estuvo en la política clandestina hasta los días de la llamada Transición, sufriendo la desaparición –asesinato, suicidio, accidentes, locura, envilecimiento– de la práctica totalidad de los compañeros de grupo.

Mantuvo relación amistosa, sin ser parte del equipo, con los poetas editores de las revistas “Espadaña” y “Claraboya”. El poema más antiguo que conserva fechado es de 1947.

Mª Ángeles Lanza, esposa del poeta, con sus hijas Ana, Ángeles y Amelia (hacia 1978).

Mª Ángeles Lanza, esposa del poeta, con sus hijas Ana, Ángeles y Amelia (hacia 1978).

Terminó “por libre” los estudios medios. En 1960 se casó con María Ángeles Lanza (tiene tres hijas y una nieta: Amelia, Ana, Ángeles y Cecilia).

Antonio Gamoneda hacia 1965. Foto: José Núñez Larraz.

Antonio Gamoneda hacia 1965. Foto: José Núñez Larraz.

En 1969, abandonó la banca privada y pasó a crear y dirigir los servicios culturales de la Diputación Provincial. La tarea no era fácil, intentaba hacer una cultura progresista con el dinero de la dictadura. Fue privado de su condición de funcionario, y posteriormente recontratado, mediando sentencia judicial.

Desde 1979 hasta su jubilación en 1991, fue director gerente de la Fundación Sierra-Pambley, creada en 1887, impulsada por Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate y Manuel Bartolomé Cossío, como una especie de apéndice de la Institución Libre de Enseñanza orientado a la educación de campesinos y obreros. De esta fundación ha sido, hasta hace unos años, miembro del Patronato.

De poesía ha publicado hasta ahora unos diecisiete libros. Buena parte de ellos ha sido traducida a distintos idiomas (francés, portugués, sueco, árabe, hebreo, neerlandés…). Ha participado, con lecturas, poemas y conferencias, en cursos y encuentros de instituciones y universidades de toda España y países de Europa, América, África y Asia.

Una fotos del 23 de abril de 2007, día en que el poeta recogió el Premio Cervantes.

Una fotos del 23 de abril de 2007, día en que el poeta recogió el Premio Cervantes.

En 1985 fue Premio Castilla y León por la escritura realizada hasta la fecha; en 1988, Premio Nacional de Literatura por su libro ‘Edad’; posteriormente, Premio de Literatura de la Comunidad de Madrid 2005; Prix Européen de Littérature 2006; Premio Reina Sofía de Literatura Iberoamericana 2006 y Premio Cervantes 2006, por el conjunto de su obra en estos cuatro últimos casos. En 2009 recibió el Premio Quijote de las Letras Españolas.

Honoris Causa por la Universidad de León, año 2000 (en la foto, con Antonio Pereira).

Honoris Causa por la Universidad de León, año 2000 (en la foto, con Antonio Pereira).

Se le ha concedido también la Medalla de Oro de la ciudad de Pau, la Medalla de Plata del Principado de Asturias, el Premio Leteo, la Medalla de Oro de la Provincia de León y la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid, entre otros reconocimientos. También es Hijo Adoptivo de León y de Villafranca del Bierzo.

Es Doctor Honoris Causa por la Universidad de León, por la Universidad Autónoma de Santo Domingo-Primada de América (República Dominicana), por la Universidad Autónoma del Estado de México, por la Universidad Babeș-Bolyai de Cluj-Napoca (Rumanía) y por la Universidad César Vallejo (Perú).

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