Canción errónea

Poema de Gamoneda para “Luz en la sombra”, un libro de ALDEM (2007)

Portada del libro.

Fragmentos
De “Canción errónea”. Inédito, 2007
Antonio Gamoneda

Amo mi cuerpo; sus vértebras hendidas
por aceros vivientes, sus cartílagos
abrasados, mi corazón ligeramente húmedo
y mis cabellos enloquecidos
en tus manos. También
amo mi sangre atravesada por gemidos.

Amo la calcificación y la melancolía
arterial, y la pasión del hígado
hirviendo en el pasado, y las escamas
de mis párpados fríos.

(…    …    …    …    …)

Amo mi cuerpo incomprensible
y su miseria clínica. Estoy vivo.

(Poema de Antonio Gamoneda publicado en Luz en la Sombra,
libro colectivo testimonial sobre la Esclerosis Múltiple,
con textos de autores leoneses,
editado por ALDEM, la Asociación Leonesa de Esclerosis Múltiple.
León, 2007)

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Un poema de “Canción errónea”

Portada de “Canción errónea”.

— — —

Amé. Es incomprensible como el temblor de los álamos. Estoy extraviado pero yo sé que amé.

Yo vivía en un ser y su sangre se reunía con mi sangre y la música me envolvía y yo mismo era música.

Ahora,

¿quién es ciego en mis ojos?

Unas manos pasaban sobre mi rostro y envejecían lentamente. ¿Qué fue vivir entre heridas y sombras? ¿Quién fui en los brazos de mi madre, quién fui en mi propio corazón?

Únicamente he aprendido a desconocer y olvidar. Es extraño.
Todavía el amor
habita en el olvido.

(Del libro Canción errónea.
Pág. 53. Barcelona, Tusquets, 2012)

Gamoneda recita poemas de “Canción errónea” en la fonoteca “The Booksmovie”

Haz un click para acceder a la fonoteca de poesía “The Booksmovie” y poder escuchar a Antonio Gamoneda recitar poemas de su libro “Canción errónea”.

Reseña de “Canción errónea” en la revista de poesía Paraíso

...

[Reseña publicada en el nº 10 (2014) de la revista de poesía “Paraíso”, coeditada por la Diputación de Jaén y la Universidad de Jaén]

GAMONEDA, ANTONIO: CANCIÓN ERRÓNEA
Barcelona, Tusquets, 2012.

Por GUILLERMO FERNÁNDEZ ROJANO

Pocas ideas relevantes sobre la obra de Antonio Gamoneda pueden decirse ya, tras los estudios realizados a tanta profundidad por Miguel Casado en Edad (Madrid: Cátedra, 2006), por Juan M. Molina Damiani («Sombras en la nieve», Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, n. 206, Jaén: año LVIII, julio/diciembre 2012) y, sobre todo, la tesis doctoral de José Antonio Expósito Hernández (La obra poética de Antonio Gamoneda, Madrid: Universidad Autónoma, 2004), referencias necesarias para comprender la cosmogonía del poeta leonés, en cuyo último libro, Canción errónea, oímos el timbre de voz que tal vez quedó definitivamente afinado en Descripción de la mentira y Lápidas. Lo que no quiere decir que en su obra anterior no estuvieran los elementos y los temas primordiales contenidos en Canción errónea, expresamente enunciados por el propio autor al comienzo del libro. La letra inicial mayúscula parece concederle carácter de mito más que de tema, pues su poesía ha transformado la palabra en sustancia que se hace conciencia al ser pronunciada: «Luz, Otras luces, Límites, Imposibilidades, Insistencias, Contradicciones, Fiestas fúnebres, Causas ciegas, Extravíos, Causas lingüísticas, Indiferencia, Negaciones, Olvido, Ira, Agonía, Madera, Poemas con nombre, Pérdidas». Faltan Frío, Amarillo, Mirada, Extrañeza. La extrañeza de la mirada como valor supremo del acto poético, inevitable para colapsar o sacudir a quien ha decidido convertirse en cómplice. «Vivir es extrañeza», escribe dos veces en el segundo poema. René Char escribió: «Desarrollad vuestra / extrañeza legítima». Hemos observado con delectación cómo conceptos de naturaleza material han evolucionado hasta convertirse en símbolos. Solamente un ejemplo: «Madera». Desde Pasión de la mirada, donde la madera del nogal, como materia, es herida de misericordia por la luz, comienza su proceso de transformación de palabra a sustancia poética, de la representación al alma de la cosa: «Yo quiero oír la música sistólica o, no sé, ver algo, ver, por ejemplo, la última madera, su ausencia de temblor ante el abismo» símbolo de un momento, de un chasquido imperceptible ante la extinción. Como el mismo poeta introducía en la tercera parte de Sublevación inmóvil con palabras de Malraux: «Ir del signo a la cosa significada es profundizar en el mundo».

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“El idioma del estupor”, por Tomás Sánchez Santiago

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EL IDIOMA DEL ESTUPOR
(Una lectura de ‘Canción errónea’,
el nuevo libro de poemas de ANTONIO GAMONEDA)

Por TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO
(Publicado en octubre de 2012 en El Cuaderno 36, La Voz de Asturias)

Desde que apareciera Libro del frío en 1992, la escritura poética de Antonio Gamoneda ha llegado a dar en un discurso reconcentrado, acantonado en torno a ejes obsesivos que le proporcionan una irreductible densidad. Es esa densidad poética la que ha terminado por prevalecer sobre cualquier otro modo de previsibilidad en las expectativas del autor de Esta luz, y así lo quiere manifestar él explícitamente en los brochazos aclaratorios que adjunta en Canción errónea, su libro recién publicado: “sé que no faltan en el libro reiteraciones léxicas y fraseo recurrente, y tampoco expresiones, conceptuales o estrictamente poéticas, que están ya en mi poesía anterior. No he querido aliviar, por simples e hipotéticas razones “literarias”, esta circunstancia. La necesito así.”.

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Antonio Gamoneda: “Soy un indignado que disiente”

Antonio Gamoneda. Fotografía: El País.

Antonio Gamoneda. Fotografía: El País.

Antonio Gamoneda: “Soy un indignado que disiente”

El escritor leonés publica su primer libro de poemas después de la concesión del Premio Cervantes en 2006.

En ‘Canción errónea’ conviven la recapitulación del pasado con la preocupación por el presente

Por JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
(Entrevista publicada en El País, el 31 de octubre de 2012)

Premiar a un escritor es a veces una manera de impedirle escribir. Sobre todo si el premio es tan grande como el Cervantes, que en 2006 lanzó a Antonio Gamoneda —leonés nacido en Oviedo en 1931— a una vorágine de reconocimientos que parecía no terminar nunca. Tuvo, eso sí, tiempo de darle hace tres años el último vistazo al primer tomo de sus memorias —Un armario lleno de sombra (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores)— y de publicar, con grabados del poeta y pintor Juan Carlos Mestre, Extravío en la luz (Editorial Casariego), un adelanto del libro que acaba de publicar, Canción errónea (Tusquets), su primer poemario en ocho años y el primero después del galardón que estuvo a punto de sacarlo de la circulación. “Estaba hartísimo de viajar, cansado”, cuenta el poeta con la maleta al lado. Esta vez está en Madrid para participar en un acto de la Biblioteca Nacional junto a Mario Vargas Llosa y asistir después al patronato del Instituto Cervantes. A la espera de cambiar de hotel, recuerda: “Empecé a darme cuenta de que no trabajaba. Tenía algún apunte poco menos que inservible. En esas estaba cuando me invitaron a Pekín y al Tíbet. Consulté la altitud: imposible. Fue la ocasión de cortar. Y mira, apareció este libro, tengo prácticamente terminado otro más breve también con dibujos de Juan Carlos MestreLas venas comunales, se llama— y 100 folios que me convencen muy poco de la segunda entrega de las memorias”.

PREGUNTA. ¿Por qué no le convencen?

RESPUESTA. La musa, esa indecente, viene para mí más bien en la reescritura. La segunda parte de las memorias es muy complicada porque recoge desde el día siguiente a mis 14 años, cuando empecé a trabajar como recadero en el Banco Mercantil, hasta el día anterior a mi casamiento. Del año 1945 en adelante. Eran los tiempos de las clandestinidades y no quiero mentir, pero sé que hay verdades que a algunas familias les harían mucho daño. Con ese libro tengo un problema de conciencia que no sé cómo ventilar. Tiene que decírmelo la propia escritura: “Por aquí” o “déjalo”.

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“Canción errónea”, por Túa Blesa

Portada de "Canción errónea".

Portada de “Canción errónea”.

‘CANCIÓN ERRÓNEA’

(Publicado en El Cultural, de El Mundo, el 19/X/2012)

‘Canción errónea’
ANTONIO GAMONEDA
Ed. Tusquets. Barcelona, 2012. 153 páginas, 14 euros.

Por TÚA BLESA

Entre la inexistencia y la inexistencia, como en un lapsus, el tiempo de la vida. Tal es la concepción de la existencia que sustenta la palabra poética de Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), aunque hay que añadir que la significación de los términos no es demasiado estable, al menos si se atiende a, por ejemplo, estos versos: “Mi / existencia o / mi inexistencia. / Es / indiferente.” Si se habla así es porque “Todo es incomprensible” y es ésta una afirmación que se lee en Canción errónea y que se leía ya en Arden las pérdidas (2003) y antes aún en lo que era casi el final de Descripción de la mentira (1977): “Este relato incomprensible es lo que queda de nosotros”. No hay respuesta para la pregunta que plantea el porqué de la vida y, no habiéndola para ella, cualquier otra interrogación habrá de obtener una respuesta semejante. Los poemas de Gamoneda serían la respuesta a todas las preguntas aunque formulada como la imposibilidad misma de la respuesta y es de ahí, y de una conciencia que casi puede denominarse vivencia de la muerte –la poesía es arte de la memoria en la perspectiva de la muerte” escribió el poeta en uno de sus ensayos–, de donde nace su grandeza.

En 2004 se publicó Cecilia y también el volumen recopilatorio Esta luz. Ese tiempo de silencio, interrumpido por la publicación del libro de memorias Un armario lleno de sombras, viene a clausurarlo ahora Canción errónea, libro excelente, emocionante, como el conjunto de su obra, poeta como muy pocos.

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