Elena Medel

‘La canción del solitario’, por ELENA MEDEL (2007)

Elena Medel.

Así arranca ‘La canción del solitario’, lectura de Elena Medel; un texto que sirve de epílogo a la nueva edición de ‘Blues castellano’ –Bartleby Editores, Madrid, 2007– de Antonio Gamoneda:

«Alguien te observa. Escucha cómo alguien, tras de ti, sigue –e imita– tus pasos, cómo se acerca –»yo sentí su mirada en mi vida»–, cómo alguien acaba entrando en ti, siendo tú, contando pulsaciones, marcando el ritmo de tus pensamientos. Es el comportamiento de la poesía de Antonio Gamoneda: habita al lector, que la interioriza, desentraña y reescribe con una lectura que no zanja la aproximación, sino que permite que se expanda. De esta forma, el lector no se limita a ejercer como ‘espectador’ de lo leído, sino que se convierte –en cierto modo– en ‘coautor’ del poema. Se trata de una poética abierta en cuanto a su recepción e interpretación: el poema nace, para Gamoneda, con la escritura, pero sólo vive con la lectura ajena, convirtiéndose verdaderamente en poema a los ojos y reflexión de otros. Comprendemos que la poesía se transforma, entonces, en un acto de generosidad: respira a través del lector, sin etiquetas ni restricciones. El propio Gamoneda no es ajeno a este proceso, puesto que para abordar sus poemas tras la escritura –con independencia del tiempo que medie entre ambos pasos– abandona el papel clásico de ‘autor’, convirtiéndose en ‘lector’ y ‘reinterpretando’ y –por tanto– ‘reescribiendo’ de manera incansable. (…)».

Con Elena MEDEL en la última página de ‘EL PAIS’ (2007)

Los escritores Antonio Gamoneda y Elena Medel. Fotografía: LUIS MAGÁN / El País.

[Reproducimos el artículo publicado el 20 de agosto de 2007 en la última página del diario EL PAIS, en la sección estival ‘CONSAGRADOS Y NOVATOS’]

Clásicos en el hipermercado

Elena Medel, de 22 años, descubrió la obra del último Cervantes en un centro comercial

Por J. RODRÍGUEZ MARCOS (EL PAIS, 20/08/2007)

«Libro de versos muy malos. En ellos campa un sentido de resentimiento con toques de ateísmo». Antonio Gamoneda y Elena Medel leen el informe que la censura redactó en noviembre de 1968 a propósito de ‘Blues castellano’, el poemario más comprometido del escritor leonés. En esa fecha, la poeta cordobesa, de 22 años, ni había nacido, pero hace unos meses fue ella la que escribió un epílogo para ese libro cuya condena por parte de la «sección de ordenación editorial» contemplan ahora los dos. Lo hacen en la exposición dedicada a Gamoneda que acoge en León la Casa de Botines, diseñada por Gaudí. Es la tercera vez que se ven. La primera fue en la Residencia de Estudiantes, donde Elena Medel tiene una beca: «Un día bajaba a desayunar en pijama y allí estaba él. Subí corriendo a ponerme unos vaqueros».

La muestra es una especie de biografía en tres dimensiones. Está ‘Otra más alta vida’, el libro con el que Gamoneda aprendió a leer, y que había escrito su propio padre. También están su primer poema, las medallas y honores, las cartas y los libros dedicados por los amigos: Tàpies, Chillida o Herberto Helder, «el poeta europeo vivo que más me interesa», apostilla él. Además, cuadros de su colección acompañados de poemas manuscritos con su espinosa letra. «¿Que si he pintado alguna vez? Nunca he sabido pintar ni el humo de un tren».

La casa de Gamoneda no está lejos, pero hay dos paradas antes de llegar. La primera, en una bodega para tomar un vino. La segunda, en el bar Miserias para comer. «Yo estoy a régimen», aclara el poeta mientras saca una batería de pastillas y da cuenta de un plato de verdura sin quitar ojo a las morcillas que ha pedido el resto de la mesa. Hace cuatro años lo atropelló una furgoneta. Resultado: 15 días de hospital y un perpetuo problema de espalda que sólo se mitiga perdiendo peso.

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