Malos recuerdos

Nacer en otra especie

Portada de la antología "Naciendo en otra especie" (Plaza & Valdés / Capital Animal).

Portada de la antología «Naciendo en otra especie» (Plaza & Valdés / Capital Animal).

OPINIÓN / VILANOS

Nacer en otra especie

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el 24 de julio de 2016 en El Día de León)

“La vergüenza es un sentimiento revolucionario”. Con esta cita de Karl Marx encabeza Antonio Gamoneda un poema estremecedor, titulado “Malos recuerdos”, perteneciente a su libro “Blues castellano”. Este poema, en el que Gamoneda expone sus sentimientos ante algunos comportamientos vergonzantes de su infancia —como maltratar a una perra o robarle a un soldado la carta de su madre—, se ha convertido en emblema de la antología de poesía que ha realizado la plataforma “Capital animal” para concienciar sobre los derechos de los animales.

La antología —que a su vez lleva por título otro verso del poeta leonés: “Naciendo en otra especie” (“Yo estoy naciendo en otra especie y el exterior es lívido”)— quiere ser “una respuesta a la violencia, a la vergüenza que supone el dolor infligido a los animales”, en palabras de Ruth Toledano y Marta Navarro García, encargadas de la edición. Pero va más allá. Como escribe Navarro, “la historia nos ha demostrado que con los animales practicamos la dominación y la discriminación hasta convertirlos en propiedad, al igual que antes hicimos con personas de otras etnias, de otro credo o de otro género”.

(más…)

El poema “Malos recuerdos”, emblema para la antología de “Capital Animal”

Detalle de ‘Perro semihundido’, una de las pinturas negras de Goya.

Detalle de ‘Perro semihundido’, una de las pinturas negras de Goya.

“MALOS RECUERDOS”

“La vergüenza es un sentimiento revolucionario”
Karl Marx

Llevo colgados de mi corazón
los ojos de una perra y, más abajo,
una carta de madre campesina.

Cuando yo tenía doce años,
algunos días, al anochecer,
llevábamos al sótano a una perra
sucia y pequeña.

Con un cable le dábamos y luego
con las astillas y los hierros. (Era
así. Era así.

                                          Ella gemía,
se arrastraba pidiendo, se orinaba,
y nosotros la colgábamos para pegar mejor).

Aquella perra iba con nosotros
a las praderas y los cuestos. Era
veloz y nos amaba.

Cuando yo tenía quince años,
un día, no sé cómo, llegó a mí
un sobre con la carta del soldado.

Le escribía su madre. No recuerdo:
“¿Cuándo vienes? Tu hermana no me habla.
No te puedo mandar ningún dinero…”

Y en el sobre, doblados, cinco sellos
y papel de fumar para su hijo.
“Tu madre que te quiere.”

                                         No recuerdo
el nombre de la madre del soldado.

Aquella carta no llegó  a su destino:
yo robé  al soldado su papel de fumar
y rompí  las palabras que decían
el nombre de su madre.

Mi vergüenza es tan grande como mi cuerpo,
pero aunque tuviese el tamaño de la tierra
no podría volver y despegar
el cable de aquel vientre ni enviar
la carta del soldado.

ANTONIO GAMONEDA
(Del libro «Blues castellano»)

(más…)