Mario Alberto Medrano González

García Valdés, Gamoneda, Gelman, «creadores de imágenes nacidas de la luz»

Por MARIO ALBERTO MEDRANO GONZÁLEZ
[Artículo publicado en el diario mexicano Excelsior, el 30 de agosto de 2019]

Por un instante detuve mi lectura sobre escritoras argentinas, a la que regresaré en la próxima colaboración, porque volví al poema, volví a la frase poética, volví al breve/intenso verso. Desde hace semanas que me es imposible abandonar a Olvido García Valdés (España, 1950), poeta cuyo nombre es origen y destino de la poesía que me interesa. (…)

(…) Hallo en la poesía de Olvido García la misma vena que en autores como Antonio Gamoneda y Juan Gelman, aunque no pasada por el pesimismo de ellos. Sí por su gran fuerza creadora de imágenes nacidas de la luz, de los espacios habitados por el sol, por lo cristalino del agua, “Estabas en mi casa/ y eras más clara de lo que fuiste/ y también era clara la penumbra/ de aquella habitación”. (…)

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«La poesía nunca llega después», un artículo sobre la poesía y la vejez de Mario Alberto Medrano

«Tanto Masoliver como Gamoneda, Tomás Segovia y Gelman representan el gran potencial que la vejez otorga a la voz de un poeta»

El viernes pasado tuve la oportunidad de platicar con el poeta Juan Antonio Masoliver Ródenas, el catalán experto en literatura mexicana y latinoamericana. El motivo central de la entrevista fue hablar de su nuevo libro de poesía, La negación de la luz. Pero la conversación no se quedó en los límites de esas páginas, sino que la llevamos a otro nivel, el de la creación misma. Masoliver fue tajante al decir que ésta era su primera obra de vejez, éste el momento único e inalterable en el que podía escribir de lo que ahora escribe: la conciencia de lo que vivió y de lo que ya no vivirá. En suma, la presencia de la muerte.

Por MARIO ALBERTO MEDRANO GONZÁLEZ
Artículo publicado en el diario mexicano Excelsior, el 15 de octubre de 2017

Esta reflexión se interna en el proceso de la creación, de una creación nunca tardía. Lo dicho por el autor de Paraísos a ciegas me llevó a pensar en aquellos escritores que han publicado su mejor obra llegados los últimos años de vida. Goethe, acaso el más representativo, el escritor mefistofélico, de personajes salvajes, lúdicos, perversos, sujetos llevados por la libido a una juventud inaplazable.

Uno de los creadores que mejor representa esta condición es el español Antonio Gamoneda. Lo más entrañable de su producción poética viene en su última edad. El Libro del frío, pieza capital entre su biblioteca personal, fue publicado cuando el poeta contaba con 61 años. Desde ese momento, Gamoneda volcó toda la inquietud lírica en la vejez: “Hay un anciano ante una senda vacía. Nadie regresa de la ciudad lejana; sólo el viento sobre las últimas huellas. Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento”.

La constante alusión a la soledad y a la finitud hacen de Gamoneda uno de los máximos representantes de esa práctica poética. Una fórmula con venenos que no siempre dañan: “Vengo del metileno y el amor; tuve frío bajo los tubos de la muerte”. El nacido en Oviedo emprende una caminata parsimoniosa a la muerte. En Cecilia, publicado en 2004, ya con 73 años cumplidos, dedicado al nacimiento de su nieta, el español se maravilla de un descubrimiento trascendental: su nieta viene de la inexistencia, mientras que él va a parar hacia allá. Es precisamente la vejez, ese espacio temido por otros tantos, como Borges, por ejemplo, que Antonio Gamoneda puede escribir con tal control y conocimiento de su voz poética, de sus capacidades como ser humano y como escritor.

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«Descripción de la mentira», por Mario Alberto Medrano González

Por MARIO ALBERTO MEDRANO GONZÁLEZ
[Articulo publicado en el diario mexicano Excelsior, el 9 de junio de 2017]

En 1977, después de 17 años de silencio editorial —en 1960 apareció Sublevación inmóvil—, Antonio Gamoneda volvía a las librerías con una nueva obra: Descripción de la mentira. En 2007, a treinta años del surgimiento poético, yo lo leía por primera vez. Este 2017, el poemario de Gamoneda cumple cuarenta años de vida. La fecha sólo es un pretexto para volver a hablar sobre el poeta español.

Leer Descripción de la mentira es mirar un oleaje. Me explico. Este extenso poema es una arquitectura de versos largos, la mayoría de ellos llenos de imágenes, metáforas y un lenguaje de sintaxis quebrada, incluso difícil; por otro lado, el poeta construye versos largos, mas no versículos, con afirmaciones y sentencias: es en estos donde se encuentra cifrada la parte social y de denuncia y reflexión de este poema, y al mismo tiempo son los más emotivos.

Esta marea poemática es una alusión al hastío: “Yo sí supe qué fue la destrucción y me alimenté con yerbas escondidas y mastiqué mi nombre y conviví con las apariciones”. El yo poético es una constante, nunca se esconde, está de frente y recibiendo. Y su palabra ha logrado que nos apartemos de la indiferencia y, de alguna manera, del olvido. A pesar de que “el olvido es mi patria vigilada”. De Descripción de la mentira no sólo se puede elogiar su construcción rítmica y de pensamiento. El flujo mental tiene una ingeniería lingüística y retórica exquisita.

Por los versículos de Gamoneda pasan la hipálage, la sinestesia, la deixis temporal y espacial, como se ve en las preguntas finales del poema —»¿Qué lugar es éste, qué lugar es éste? ¿Cómo estás aún en mi corazón?» y  «¿Qué  hora es ésta, qué yerba crece en nuestra juventud?»—, la repetición, las aliteraciones y la constante pregunta poético-retórica que lanza el poeta para un tú, ése que no existe ante sus ojos.

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