Poemas de Gamoneda

Un poema de “Cecilia” en la antología “Niñez”, de Antonio Gamoneda

Temes mis manos

pero a veces sonríes y te extravías en ti misma

y, sin saberlo, extiendes luz en torno a ti

y yo adelanto mis manos y no llego a tocarte; únicamente

acaricio tu luz.

ANTONIO GAMONEDA
(Poema extraído de la página 118 de la antología “Niñez”, y que a su vez pertenece al libro “Cecilia”)

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Portada de la antología “Niñez” (Calambur Ed.).

 

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Poema de Gamoneda para “Luz en la sombra”, un libro de ALDEM (2007)

Portada del libro.

Fragmentos
De “Canción errónea”. Inédito, 2007
Antonio Gamoneda

Amo mi cuerpo; sus vértebras hendidas
por aceros vivientes, sus cartílagos
abrasados, mi corazón ligeramente húmedo
y mis cabellos enloquecidos
en tus manos. También
amo mi sangre atravesada por gemidos.

Amo la calcificación y la melancolía
arterial, y la pasión del hígado
hirviendo en el pasado, y las escamas
de mis párpados fríos.

(…    …    …    …    …)

Amo mi cuerpo incomprensible
y su miseria clínica. Estoy vivo.

(Poema de Antonio Gamoneda publicado en Luz en la Sombra,
libro colectivo testimonial sobre la Esclerosis Múltiple,
con textos de autores leoneses,
editado por ALDEM, la Asociación Leonesa de Esclerosis Múltiple.
León, 2007)

Un poema de “Canción errónea”

Portada de “Canción errónea”.

— — —

Amé. Es incomprensible como el temblor de los álamos. Estoy extraviado pero yo sé que amé.

Yo vivía en un ser y su sangre se reunía con mi sangre y la música me envolvía y yo mismo era música.

Ahora,

¿quién es ciego en mis ojos?

Unas manos pasaban sobre mi rostro y envejecían lentamente. ¿Qué fue vivir entre heridas y sombras? ¿Quién fui en los brazos de mi madre, quién fui en mi propio corazón?

Únicamente he aprendido a desconocer y olvidar. Es extraño.
Todavía el amor
habita en el olvido.

(Del libro Canción errónea.
Pág. 53. Barcelona, Tusquets, 2012)

“¡ah!” / Un poema de Gamoneda en el libro colectivo “Cultura y Trabajo”

Portada del libro “Cultura y trabajo”.

[Poema de Antonio Gamoneda incluido en el libro colectivo “Cultura y Trabajo”, editado por el Ateneo Cultural Jesús Pereda (CCOO), impreso en León, 2017]

¡ah!

Nos vigilan subalternos políticos vinculados a presidencias blancas, asistidas éstas por subsecretarios muy dóciles.

Ah de las presidencias,

ah de los subsecretarios, ah de los subalternos.

Correlativamente,

ah de los arpegios bursátiles y de los sodomitas eclesiásticos y de los minis­terios engalanados con suicidas colgantes, ah

de los inquilinos humanos.

Pensándolo bien, pensándolo,

ah de los viernes y de los domingos y de la congregación

de plusvalía y llanto.

Ah de los ancianos que se orinan, y de las multinacionales enfermas, y de mi abuela Clara, guarnicionera, viu­da sollozando

ante el Gran Panadero.

Ah de los pensadores eméritos y de las comadronas pretéritas,

ah de los párrocos.

Pensándolo mejor, pensándolo,

ah también de mis hijas y de sus cámaras fértiles y de sus hombres perdidos y de sus hombres hallados,

ah de los tris­tes huesos de mi amor tan amado.

Ah

de los mendigos insurrectos.

Y finalmente y pensándolo aún mejor, ah de las manos de mi padre y de las manos de mi madre, ambas cuatro asistidas por coleópteros ciegos.

Y más finalmente aún, apenas, mínimamente,

ah también de mi corazón ya amarillo,

inútilmente
cansado.

Gamoneda recita el “Blues de la escalera”

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Antonio Gamoneda recita en este vídeo de la página Argonautas Creativos el poema “Blues de la escalera”.

Palabras para Gamoneda de Clara Janés

[Artículo publicado en el número 4 de la revista Minerva, editada por el Círculo de Bellas Artes de Madrid en 2007, dentro del dossier dedicado a Antonio Gamoneda

Clara Janés.

Clara Janés.

He tirado al abismo el hueso de la misericordia; no es necesario cuando el dolor es parte de la serenidad, pero la lucidez trabaja en mí como un alcohol enloquecido.
Sé que las uñas crecen en la muerte. No
baja nadie al corazón. Nos despojamos de nosotros mismos al expulsar la falsedad, nos desollamos y
no viene nadie. No
hay sombras ni agonía. Bien:
no haya más que luz. Así es
la última ebriedad: partes iguales
de vértigo y olvido.

–Arden las pérdidas, Viene el olvido (1993-2003)

Por CLARA JANÉS

Arroja Gamoneda los dados definitivos de su ciencia en este poema, y los números son palabras inapelables. Con el primero nos sitúa en la sabiduría más hispana, arrastra ante nuestros ojos la frase de Séneca: «la misericordia no considera la causa, sino el infortunio; la clemencia va unida a la razón». Rotundo concepto que enlaza con el siguiente dado, que cae sobre la palabra «serenidad». Ésta participa de la razón y le permite abarcar el dolor. Después, un «pero» hace saltar el número: «lucidez», bajo su aspecto socavante –para Cioran es precisamente la lucidez lo que desfonda al espíritu–, siendo, con todo, aquello a lo que no podemos renunciar.

(más…)

“Un bosque se abre en la memoria…” / Gamoneda en Palabra Virtual

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