Ruth Toledano

Valente y Gamoneda en el primer número de la revista de poesía «La alegría de los naufragios» (1999)

La portada.

Náufragos alegres

Por RUTH TOLEDANO
[Este artículo apareció en la edición impresa de El País, el viernes 10/09/1999]

Cuántas veces hemos temido hundirnos para siempre bajo este mar de asfalto e impostura, insignia de este buque encallado en la meseta que, con la proa mirando a Francia desde el decorado de astilleros de la Plaza de Castilla y con la popa al aire tantas veces tórrido que se condensa en Atocha como una letanía magrebí, muchas tardes parece contagiar a su pasaje de la extenuación del estatismo. Madrid se diría anclada por su prosaico peso de ediles almiranticios de dorado botón y de vulgares grumetes de rebelión tosca: «Puta», puede leerse en el pedestal de La Violetera, horrendo mascarón que jamás hubiera querido para sí Pablo Neruda y mucho menos para su Isla Negra. Hasta ahí, sin deriva, hasta esa roca bisilábica parecía llegar la dialéctica realidad de nuestro urbano naufragio. Afortunadamente, no. Pues hay en Madrid quienes intuyen que el mapa de nuestra deriva brilla al sol como una piel salpicada de gotas que contienen todas las imágenes que el pensamiento pueda hacer posibles y que se formula en versos como en olas dice sus frases el mar. Son los alegres náufragos, los que saben que nuestra mirada puede seguir leyendo las metáforas que escribe el horizonte infinito y que es, precisamente, el naufragio el más ancho trayecto, aquél donde encuentran los ojos el espacio más amplio. Por eso su alegría, la alegría contestataria y lúcida del pensamiento, de quien es la poesía la mejor compañera.

Mano a mano van pensamiento y poesía en la revista La alegría de los naufragios, cuyo primer número, que ha aparecido recientemente en Madrid y que publica Huerga y Fierro, es como un pequeño bote salvavidas que cuelga alegremente del oxidado casco de este buque encallado que es nuestra prosaica ciudad, la de la («Puta») Violetera que nada tiene que ver con esa «tradición de lo moderno» que «profundiza en un diálogo infinito con el presente y el futuro», como declara el editorial de su primer número. El editorial habla de infinito y también de tradición y futuro, pretendiendo mirar la realidad como debe mirarse: con la ancha perspectiva de un náufrago cuyo horizonte es amplio. Porque tradición, la mejor tradición, son ya los poetas José Ángel Valente o Antonio Gamoneda (capitanes de los de verdad, de los que nunca abandonan su barco). La tradición que queremos en Madrid, no la de toscos grumetes de la palabra. Si empiezan a hablar aquí Valente o Gamoneda, junto con tantos otros poetas que forman la alegre tripulación de este número, es que el futuro puede por fin estar a la vista. Que ellos hablen en Madrid me parece un acontecimiento de orden cívico, de intervención ciudadana, concepto muy poco practicado actualmente y que se confunde con una exasperante e inútil sarta de respuestas políticas de profesión a una exasperada e inútil sucesión de quejas y ruegos de corte vecinal. Los pensadores y los poetas, por su parte, lo que hacen es preguntas a la sociedad, para establecer así un diálogo necesario, para profundizar en una realidad que no acaba en la desesperante zanja, para hacer que también la ciudad piense y que se conozca y que pudiera contestarse. Hacen falta poetas en la ciudad. Digo poetas universales, no burdos bardos de barrio. Poetas de los que saben que el drama de la fealdad, de la incompetencia, de la especulación, del encallamiento, es sólo producto de una visión ramplona y vana de la superficie del mundo. Si los políticos municipales atendieran, si entendieran un discurso que va mucho más allá de la horrenda fuente, del absurdo túnel, del botón de ancla, quizá fuera posible que la ciudad se convirtiera en un espacio más culto, más subjetivo, más abierto, más proclive a dar credibilidad a las visones creadoras del pensamiento, ese que sabe, por ejemplo, que La Violetera, aparte del «Puta» que reza desde hace unos días la pintada de su pedestal, es «Regresora», «Horrible», «Ridícula». Pero, como dice José Ángel Valente: «La relación del escritor con la órbita del poder, de lo político, podría estar sujeta a un simple lema: Ubi nihil vales, ibi nihil voles. Lo que en lengua llana cabría trasladar así: Donde nada vales, nada quieras».

Yo saludo, con la alegría del náufrago, la aparición de este mar de palabras, simplemente porque añade visión a nuestro horizonte, porque lanza poemas no como si fueran un arma cargada de un futuro inmediato, sino como si fuera un armador que pudiera recomponer un buque hundido por el peso sin futuro de incomprensibles y idílicos ripios. Y a través de un conocimiento poético de la realidad podríamos, como también dice Valente, «modificar nuestros sistemas de percepción y expresión». Lo que se entiende por futuro.

Índice del nº 1 de la revista ‘La alegría de los naufragios’.

Gamoneda inspira el título de la antología Capital Animal: «Naciendo en otra especie»

...

La antología de poesía Capital Animal estará pronto impresa, y se presentará en La Casa Encendida de Madrid el miércoles 8 de junio de 2016 a las 19 horas. Su título, Naciendo en otra especie, se inspira en un verso de Antonio Gamoneda: «Estoy naciendo en otra especie / y el exterior es lívido». La presentación contará con una acción poética coral, a modo de letanía, basada en el libro La tierra prometida, de Chantal Maillard, quien será su voz principal.

La antología Naciendo en otra especie, publicada por Plaza&Valdés, cuenta con poemas de casi cincuenta poetas: Jesús Aguado, Marta Agudo, Teresa Agustín, Noni Benegas, Miguel Ángel Bernat, Dionisio Cañas, Iñaki Carrasco González, Miguel Casado, Laura Casielles, Alejandro Céspedes, Antonio Colinas, Jordi Doce, Rafael Doctor, Patricia Esteban Erlés, Enrique Falcón, Antonio Gamoneda, Concha García, Alberto García-Teresa, Olvido García Valdés, Laura Giordani, José Antonio Llera, Esperanza López Parada, Chantal Maillard, Juan Carlos Mestre, Luna Miguel, M. Cinta Montagut, Marta Navarro García, Antonio Orihuela, María Antonia Ortega, Eloísa Otero, Katy Parra, Ana Pérez Cañamares, Cecilia Quílez, Esther Ramón, Inés Ramón, Jorge Riechmann, Xisco Rojo, Ada Salas, Iván Sáinz-Pardo, Juan Carlos Suñén, Ruth Toledano, José Tono Martínez y Julieta Valero. La selección de los poemas ha estado a cargo de Ruth Toledano y Marta Navarro García.

Como explica Ruth Toledano, «en esta emocionante antología, Marta Navarro García y yo hemos tenido la enorme satisfacción de sumar voces diversas: unas, de un compromiso explícito con el sufrimiento que los humanos infligen a los otros animales; otras, cercanas a ellos a través de una relación siempre fascinante».

Hace ya unos meses que la plataforma “CAPITAL ANIMAL” impulsada por Ruth Toledano, Rafael Doctor Roncero y Concha López escogió el poema “Malos recuerdos” de Antonio Gamoneda, perteneciente a su libro “Blues castellano”—escrito entre 1961 y 1966 pero que no vio la luz hasta 1982 por problemas de censura—, como emblema de esta antología, que se inscribe dentro de una campaña de reflexión y concienciación sobre los derechos de los animales no humanos y el sufrimiento que les infligimos en forma de tortura y muerte.

(más…)