Sublevación inmóvil

Antonio Gamoneda, ‘Sublevación inmóvil’ y la Colección Adonáis

Portada del libro.

El ensayo ‘La poesía leonesa y la Colección Adonáis. Una historia revisada’, del joven investigador universitario leonés Sergio Fernández Martínez, que acaba de salir de imprenta en el sello Eolas ediciones, es el encargado de abrir la colección ‘Libros… A cuentagotas’, auspiciada por la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de León a través del programa es.pabila.

La obra propone un recorrido histórico por la Colección Adonáis de la mano de aquellos poetas leoneses que han supuesto un hito en las diferentes etapas de su catálogo, pero también del galardón homónimo. Pretende ser un modesto capítulo en la vasta historia de la literatura leonesa, entendida esta como un horizonte donde se recogen aquellos libros escritos en un lugar concreto, como es la provincia de León, y que incluye también a los autores vinculados a ella.

Esta es la primera página del capítulo dedicado a Antonio Gamoneda cuyo poemario Sublevación inmóvil fue uno de los finalistas del Premio Adonáis 1959 —otorgado a Francisco Brines por Las brasas—, y se publicó en 1960:

Primera página del capítulo dedicado a Gamoneda en el libro «La poesía leonesa y la Colección Adonáis», de Sergio Fernández Martínez.

Sinopsis del libro:

Este ensayo estudia la aparición de los poetas leoneses en la Colección Adonáis, fundada en 1943. Durante estos más de setenta y cinco años, la presencia de la poesía leonesa ha estado ampliamente representada no solo en esta colección histórica, sino también en el premio homónimo, uno de los más importantes del país, al que concurren poetas menores de treinta y cinco años. El catálogo de Adonáis, institución imprescindible en el acervo cultural español, ha abierto las puertas a escritores de diferentes generaciones, tanto noveles como consagrados, y ha acogido las más variadas tendencias líricas. En su evolución, relacionada con el canon poético más actual, algunos de los autores de León han aportado obras decisivas. A lo largo de esta revisión hay también espacio para las sorpresas, los misterios y los enigmas que, además de provocar ciertos giros inesperados en la literatura leonesa, proponen un estimulante recorrido historiográfico. La presencia de Leopoldo Panero en el jurado del primer Premio Adonáis, las relaciones entre poetas durante la posguerra, las diatribas de la revista Espadaña con la Colección, la primera publicación de Antonio Gamoneda, el flamante triunfo de Juan Carlos Mestre, la sorprendente irrupción de ocho leonesas en el catálogo o la reciente victoria de Alba Flores Robla son algunas de las líneas de un mapa donde se anudan, de manera formidable, el pasado y el presente de la historia literaria leonesa.

Ernesto Escapa sobre ‘Descripción de la mentira’ de Gamoneda / «Crónica de un estrago moral» (1978)

Reseña de ‘Descripción de la mentira’ de Ernesto Escapa, publicada en 1978.

«DESCRIPCIÓN DE LA MENTIRA», DE ANTONIO GAMONEDA

CRÓNICA DE UN ESTRAGO MORAL

Por ERNESTO ESCAPA
[Artículo-reseña publicado en la pág. 4 de INFORMACIONES de las ARTES y las LETRAS, el 5 de octubre de 1978]

«¿Recordáis a Don Quijote vencido, camino de su aldea, cuando, durmiendo en el campo, una piara de cerdos le pasa por encima? Nunca busco en Don Quijote más de lo que Cervantes dice; pero, a pesar mío, veo ahí una imagen de lo que con el poeta hacen los críticos». (Luis Cernuda)

Ernesto Escapa.

A nadie puede extrañar que mi comentario se inicie con una señal de alerta hacia el descuido con que la crítica ha dejado pasar este libro auténticamente excepcional. Ya se entiende que esta circunstancia no constituye ninguna condena, sino el mejor aval para acercarse a cualquier lectura realmente «nueva». En este sentido, la historia de la literatura es una dama lo suficientemente vetusta como para ahorrarnos mayores explicaciones. En todo caso, y aunque la cuestión no deje de ser puramente doméstica, ofrece evidente interés semejante puntualización, porque la razón última de ese descuido radica en la propia condición innovadora del libro. Se trata de un vasto poema cuya originalidad pone en entredicho al intermediario habitual y exige del crítico una lectura activa, sin anteojeras, una respuesta de lector inquieto. ¡Algo tan difícil!

Descripción de la mentira*  se instala, con voluntad de transgresión, en las siempre inciertas fronteras entre la lírica y la épica. Integrado en esta corriente —galvanizadora, de una parte, de la mejor poesía contemporánea e insólita entre nosotros, fuera de las tentativas de Cernuda—, cuyas indagaciones pugnan por establecer un nuevo formato de poesía narrativa, el libro de Gamoneda se revela como testimonio de una perplejidad colectiva, vehiculando, en toda su diversidad y riqueza, algunas de las conjeturas morales más acuciantes de nuestro tiempo.

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La primera reseña de «Sublevación inmóvil» de Gamoneda se publicó en Brasil en 1962

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Recorte con la reseña publicada en Diario Popular de São Paulo (Brasil) el 29 de enero de 1962.

Sublevación inmóvil (escrito entre 1953-1959) está considerado como el primer libro publicado por Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) —aunque un libro juvenil, La tierra y los labios, ya hubiera visto la luz en 1949 en la colección “Verbo”, de Alicante—.

Con esta obra, el poeta quedó finalista del premio Adonais —junto a Enemigo íntimo, de Antonio Gala; mientras que el premio lo obtuvo Francisco Brines con Las brasas—. La primera edición, editada por la colección Adonáis en 1960, estaba formada por 26 poemas. 

Gamoneda recordaba que la primera reseña del libro no salió publicada en España, sino en un diario de Brasil. En su día, no sabe cómo, Victoriano Crémer tuvo noticia de ella, y le hizo llegar el recorte, que el poeta guardó entre sus muchos papeles, y allí permaneció olvidada, hasta hoy. La reseña, que reproducimos sobre estas líneas, apareció hace unos días ordenando carpetas en su estudio.

La anotación manuscrita al margen dice:

M. LIMA SOUSA – DIARIO POPULAR – 29/1/62 – SÃO PAULO

Victoriano Crémer, en su día (¿hacia 1960-1961?), sobre «Sublevación inmóvil» de Gamoneda

Homenaje a Victoriano Crémer por su centenario. León, 16-XII-2006. En la imagen: Gamoneda, Crémer y Pereira. © Fotografía de PEIO GARCÍA, para la agencia ICAL

[Nota de E. O.: Este texto firmado por Victoriano Crémer, y sin fechar, se conserva entre los papeles de Antonio Gamoneda, escrito a máquina sobre un papel de calco grande y fino, casi un papel de seda, un tanto arrugado. Le pregunté a Antonio si ésta fue la primera reseña o crítica de su primer libro, «Sublevación inmóvil», y me respondió que no, que la primera reseña que recuerda apareció en una revista de Brasil que le llegó a Crémer, y que éste le enseñó en su día. En cualquier caso, este texto de Crémer tiene que ser una de las primeras reseñas de «Sublevación inmóvil», escrito con toda probabilidad en aquel tiempo, 1960 o 1961. No sabemos dónde se publicó, o si fue leída por la radio. Transcribimos el texto:]

SUBLEVACIÓN INMÓVIL.—Por Antonio Gamoneda
Colección Adonáis. Madrid, 1960

Andan hirviéndonos ideas antiguas sobre la crítica, cuando llega a nuestras manos un libro de versos: Se titula «Sublevación inmóvil», y su autor es Antonio Gamoneda, buen compañero de navegaciones líricas. Pero hemos de rechazar todo vínculo de amistad, pues que nos disponemos a hablar sinceramente sobre este libro primero, con el que se presenta a la alta sociedad española de la Poesía.

El libro de Antonio Gamoneda es mucho más que ese primer libro de poemas, arrancado de la sumisa ineditud por la prisa natural de un poeta joven. Estamos convencidos que la diana propuesta por el autor queda mucho más alta y más lejana que la que podría acogerse a la estricta geografía nacional. Es un libro sin fronteras.

«Sublevación inmóvil» ha ido haciéndose con lentitud, con dolor, aunque no con espasmos de angustia fingida. Para llegar a esta realidad ya compuesta, la obra sufrió revisiones despiadadas, lecturas apasionadas y hasta corrió la inevitable aventura de un Concurso Nacional, en el que destacó tan claramente que queda vista para la mejor de las sentencias: la de su publicación.

No se trata, pues, de un libro apresurado, de unos versos pugnaces que quieren salir, sea como sea. Es un Cuaderno sereno, denso, apretado y estremecido, en el que están evidentes supremas implicaciones de la Poesía eterna: la Belleza, la Verdad, la Justicia… Una Belleza que no supone una posición esteticista, sino que fundamenta una aspiración humana. Una Verdad que trasciende del paisaje, de las cosas, y que se entrega, con la alegría de la pureza, al deseo de los hombres; mas no al deseo instintivo, primario, sino al conocimiento reflexivo, transcendente. Y una Justicia tan proporcionada, tan armoniosamente concebida, que es como una Gran Patria; como una única y deseada Patria, en la que están contenidas la Verdad, la Belleza, la Libertad…

Oh, si, España,
España es también una tierra.
Pero la tierra solo no es un país:
un país es la tierra y sus hombres.
Y un país solo no es una patria;
una Patria es, amigos, un país con justicia.

El lenguaje de Antonio Gamoneda, a fuerza de extremar sus recursos expresivos y dejarlo en la más doliente y fina carne viva, parece desprovisto de retórica. Pero ¡qué difícil retórica es la suya! La palabra, en los versos de Gamoneda adquiere toda su intensidad, toda su fuerza comunicativa. Elimina voluntariamente la perífrasis y va directamente a la almendra dura de lo que necesita expresar. Dice por ejemplo:

«Hay que ser muy hombre para soportar la belleza»

y sin más, sentimos en el alma la gravitación magnífica de la belleza. O añade:

«Eterno al sol, después de mucha tierra deshabitada de pájaros, surge un pueblo»

y sin otros medios, la llanada abrasada se inventa un pueblo para nosotros… Que esta austeridad conceptual no invalida la potencia del mensaje, lo demuestra cómo en cada poema el alma del lector se siente aprisionada, cómo se detiene, cómo vuelve sobre los pasos de la lectura.

Aquí hay un poeta. Nosotros ya le conocíamos, pero faltaba este testimonio impreso para que el nombre de Antonio Gamoneda se imponga decididamente en el índice más calificado de la poesía española de los últimos años.

Acaso estemos en igual tormento.
Un dios caído en el dolor es tanto
como el dolor si sobrepasa el llanto
y se levanta contra el firmamento.
Un dios inmóvil es un dios sediento
y a mí me cubren con el mismo manto.
Yo tengo sed, y lo que yo levanto
es la impotencia del levantamiento.
Oh que dura, feroz, es la frontera
de la belleza y el dolor; ni un dios
puede cruzarla con su cuerpo puro.
Los dos estamos por igual manera
a hierro y sed de soledad, los dos
encadenados contra el mismo muro.

VICTORIANO CRÉMER

Antonio Gamoneda y Victoriano Crémer en 2006.

«Sublevación inmóvil», el blog de Andrés González Andino que rinde homenaje a Gamoneda

Haz un click para ir al blog…

El madrileño Andrés González Andino rendía así homenaje al poeta Gamoneda, de cuyo primer libro, «Sublevación inmóvil» (Adonáis, 1960), tomó el nombre para el blog de poesía que mantuvo entre diciembre de 2008 y enero de 2013. Sobre estas líneas, la primera entrada del blog.

Lectura de «Sublevación inmóvil» de Gamoneda, por Julia Barella

[Este artículo de Julia Barella se publicó en Tropelías. Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, 21 (2014), págs. 44-50.]

GAMONEDA. LECTURA DE SUBLEVACIÓN INMÓVIL

Por JULIA BARELLA
Universidad de Alcalá

Resulta difícil situar generacionalmente al poeta Antonio Gamoneda, sobre todo si atendemos a sus propias declaraciones en las que afirma, por ejemplo, que la generación del 50 fue un invento hábil de Gil de Biedma. Además él ha reconocido en público que siempre ha escrito apartado de los círculos literarios, pues la poesía es «un asunto que se resuelve en soledad».

En el caso de poetas como Juan Eduardo Cirlot, Julia Uceda, Antonio Gamoneda, Chantal Maillard, Pedro Casariego y tantos otros, el propósito clasificador no solo no es necesario, sino que además es imposible. A pesar de críticos y profesores, de editores o directores de colecciones de poesía, y de los antólogos, que tanto hemos disfrutado colocando a los escritores en casillas divididas por la edad, el sexo o el lugar de nacimiento, simplificando así el trabajo; hay poetas que se resisten a las clasificaciones y que brillan en nuestra historia de la literatura como islas con luz propia.

Los primeros poemas, recogidos en Sublevación inmóvil (escritos entre 1953 y 1959), sí podemos situarlos, a pesar de ir dando algún que otro bandazo, entre las dos tendencias literarias que protagonizaban entonces el ambiente cultural que rodeaba al poeta en la ciudad de León. Por un lado, vislumbramos el estilo existencialista y la temática de crítica social tan del gusto de la revista Espadaña, en la que Gamoneda ha colaborado (la revista desaparece en 1951); y por otro lado, un estilo inclinado hacia la belleza, el formalismo y el culturalismo, que pocos años después caracterizará a la otra revista leonesa, Claraboya (que empieza su andadura en 1963).

(…)

  • Puedes descargar el artículo entero desde AQUÍ

 

‘Sublevación’, un poema del libro «Sublevación inmóvil’, de Antonio Gamoneda

SUBLEVACIÓN

Juro que la belleza
no proporciona dulces
sueños, sino el insomnio
purísimo del hielo,
la dura, indeclinable
materia del relámpago.

Hay que ser muy hombre para
soportar la belleza:
¿quién, desde el miedo, separa,
hace tumbas distintas
para el pan común y la
música extremada?

Ay de los fugitivos,
de los que tienen miedo
de sus propias entrañas.
Si una vez el silencio
les hablase, ¿sabrían
respirar la angustiosa
bruma de los espíritus?
¿Cantarían su propia
conversión al espectro?

Y aquellos otros, estos
miserables amados,
justificados por el dolor:
advertid que tan sólo
a los perros conviene
crecimiento de alarido.

Algo más puro aún
que el amor, debe
aquí ser cantado;
en cales vivas, en
materias atormentadas,
algo reclama curvas
de armonía. No es
la muerte. Este orden
invisible
es
la libertad.

La belleza no es
un lugar donde van
a parar los cobardes.
Toda belleza es
un derecho común
de los más hombres. La
evasión no concede
libertad. Sólo tiene
libertad quien la gana.

Solicito
una sublevación
de paz, una tormenta
inmóvil. Quiero, pido
que la belleza sea
fuerza y pan, alimento
y residencia del dolor.

Un mismo canto pide
la justicia y la
belleza.
Sea la luz
un acto humano.
Se puede
morir
por esta
libertad.

— — —
* Del libro Sublevación inmóvil (1953-1959), de Antonio Gamoneda, publicado por Ed. Adonáis en 1960.

‘Pájaro del mundo’, un poema de Antonio Gamoneda

Cuadro S/T del pintor Juan Rafael.

Cuadro S/T del pintor Juan Rafael.

 

PÁJARO DEL MUNDO

Como un suave relámpago
como sonreír entre la luz.
Cabeza de claro fuego,
oro vivo, pájaro del mundo,
tú te vas siempre. Dejas
dorado el aire, ríes,
huyes siempre veloz.

Oh sed, secreto del hombre.

Mundo de secano. Centro.
Atados con amor a él
esperamos la muerte.
Pero la belleza azul
cruza lejos. Se va.
¡Cuánta sed, cuánta sed!

Oh confusión de luz
y cabellos y risa:
queda. La vida es
dura y nuestra.
Tú, Belleza,
baja a mi rostro, pon
en mis labios tu cuerpo.

 ANTONIO GAMONEDA
(De  ‘Sublevación inmóvil’. 1953-1959)

 

«A LA ESCUCHA» / Un texto de Amelia Gamoneda en la carpeta ‘Extravío en la luz’

Portada de la carpeta "Extravío en la luz", de Antonio Gamoneda.

Portada de la carpeta «Extravío en la luz», de Antonio Gamoneda.

La carpeta Extravío en la luz, de Antonio Gamoneda, fue editada por la Escuela de Arte de Mérida en Marzo de 2008, con motivo del 75 aniversario del centro, en la preciosa colección que coordina el pintor Javier Fernández de Molina.

La carpeta incluye:

  • Un preámbulo con dos textos de la hija del poeta, AMELIA GAMONEDA –el que aquí transcribimos, ‘A la escucha’, y el titulado ‘Entre memorias’–.
  • 17 grabados del poeta y artista JUAN CARLOS MESTRE.
  • Seis poemas de ANTONIO GAMONEDA.

A LA ESCUCHA

Por AMELIA GAMONEDA

Quiere el uso que no haya consanguinidad ni parentesco entre presentador y presentado, o entre crítico y poeta, o entre exégeta y artista. La precaución, ya se sabe, tiene que ver con un prurito de objetividad que se deduce –supuestamente– de la distancia biológica o de la falta de una relación socialmente contratada entre ambos. Me pregunto si dicha distancia ha de ser también considerada indispensable para el caso básico del autor y su lector. Y lo hago, naturalmente, para llevar a un extremo algo ridículo todas estas prevenciones: sólo faltaba que yo no pudiera ser lectora de mi padre.

En realidad, la objetividad no es tan deseable. En la lectura de la obra de alguien o en su presentación o incluso en su estudio crítico, no son particularmente malvenidas las notas que delatan el conocimiento intenso o íntimo del autor, como tampoco se desdeñan las implicaciones afectivas confesadas que uno pueda tener con él o con su escritura. Esto hace tolerable e incluso conveniente que el oficio de presentador lo desempeñe un amigo del escritor, y no explica que siga pesando una inhabilitación para este cargo sobre quien posee vínculos amorosos o de parentesco; sólo queda pues una causa para este interdicto, y se llama pudor.

¿Qué pudor? El que nace de un equívoco: se supone que el consanguíneo o el vinculado por el afecto amoroso va a exhibir una intimidad desvinculada de la escritura, se supone que va a sentarse en la mesa de presentación como quien se sienta en el plató de un programa del corazón. Es mucho suponer. Más justo será reconocerle la mejor de las opciones, esto es: la de saber implicar el conocimiento de lo íntimo en su lectura de la obra del poeta. Acogiéndome a este supuesto, no voy a presentarles a mi padre, Antonio Gamoneda, voy a presentarles al poeta Antonio Gamoneda, que resulta que es mi padre.

Podría decir, en tono de chiste, que conozco a este poeta desde que nací, pero no es verdad: conocí entonces a la persona, pero al poeta no lo conocí hasta mi adolescencia, justo cuando él renacía como poeta, después de guardar silencio durante 500 semanas.

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«Las músicas de GAMONEDA», por ILDEFONSO RODRÍGUEZ

El poeta y músico leonés Ildefonso Rodríguez.

El poeta y músico leonés Ildefonso Rodríguez.

[El siguiente texto fue leído, en una primera versión, en Buenos Aires, en el Instituto de Cooperación Iberoamericana (AECI), el 22 de noviembre de 2000. Y publicado en el número 2, primavera del 2001, de la revista «La Pecera», dirigida por el poeta Osvaldo Picardo, de la Universidad de Mar del Plata.

Una nueva versión ampliada —el texto que reproducimos a continuación— se publicó posteriormente en la revista de Extremadura «Espacio/Espaço Escrito», dirigida por Ángel Campos, números 23 y 24, Badajoz, 2004;  en el dossier dedicado a Gamoneda y coordinado por Miguel Casado.]

LAS MÚSICAS DE GAMONEDA

Por ILDEFONSO RODRÍGUEZ

Cuando relacionamos poesía y música, más allá de la discusión teórica, y más allá de ser siempre una relación resbaladiza, deberíamos ante todo atender a los testimonios que de ella nos dan los propios poetas, sus modos de implicar los datos musicales en la escritura. Así, oigamos, para empezar, dos de esos testimonios, entre los muchos que podríamos mostrar, dos principios de autoridad.

Rubén Darío ha escrito a propósito de Unamuno: «En Unamuno se ve la necesidad que urge al alma del verdadero poeta de expresarse rítmicamente, de decir sus pensares y sentires de modo musical… Lo que resalta en este caso es la necesidad del canto».

Ahora Baudelaire: «¿Quién de nosotros no ha soñado, en sus días ambiciosos, con el milagro de una prosa poética, musical, sin ritmo ni rima, lo suficientemente flexible y dura como para adaptarse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones del ensueño y a los sobresaltos de la conciencia». Y en El poema del haschis, se lee: «La gramática, incluso la árida gramática, resulta algo así como un hechizo evocador; las palabras resucitan revestidas de carne y hueso; el substantivo, en su majestad sustancial; el adjetivo, ropaje transparente que lo viste y colorea como una veladura; y el verbo, ángel del movimiento, que da a la frase la oscilación».

Creo que la escritura de Gamoneda se funda en una poética de la circularidad, lo que en otro lugar he llamado memoria de la memoria. El lector sufre un vértigo, cree estar ante la inminencia de una revelación absoluta; pero ésta queda conjurada circularmente: es el relato de un suceso oculto que centellea, se transparenta, pero permanece innominado. ¿Dónde? «El palimpsesto de la memoria es indestructible», ha escrito Gamoneda. Circularidad de los gestos, casi podríamos decir un sistema de fractales. Por ejemplo: la palabra armario genera una imagen que se repite a lo largo de los años, adquiere la categoría de un símbolo (aunque se simbolice a sí misma, en el sistema poético de Gamoneda: el armario). En distintos libros hemos leído: «El dios que llora en mis armarios». «Dime qué ves en el armario horrible». O algo como: «No hagas incesto en los armarios, guárdate: albergan asma, atribución, espíritus, quizá días y alas desesperadas». Palabra, imagen, símbolo, el armario pronto reaparecerá con una centralidad decisiva, pues el libro de memorias en el que Gamoneda está trabajado parece que se titulará Un armario. Sombras. Y del mismo modo podríamos leer, por ejemplo, las palabras luz o miedo, fractales, dos nudos decisivos de esa trama o sistema poético al que me estoy refiriendo. Un pensamiento que procede por ondas expansivas, a partir de datos de repetición y variación. «Las ondas de un narcótico calmo», como escribió Mallarmé. Son leivmotivs, obsesiones: «La majestad obsede en círculos». Es el impulso de la repetición interior (repetición convulsiva), el retorno de lo mismo. Y es, también, la necesidad de las variaciones, la reescritura permanente. Ese gran impulso es de naturaleza musical, engendra música, mediante dos vías: las ondas del pensamiento poético, con núcleos obsesivos. Y ciertas palabras que aparecen casi como talismanes o conjuros.

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«De la quietud, un pájaro», un poema de ‘Sublevación inmóvil’

Una obra del pintor leonés Manuel Sierra.

Una obra del pintor leonés Manuel Sierra.

De la quietud, un pájaro,
a impulso de su canto,
pensativo se alza.

Y, de pronto,
ya no hay pájaro: lluvia,
cristal vivo, hacia arriba
crece.
Alguien tiende
su mano silenciosa,

alguien está diciendo
adiós, adiós sin palabras.

ANTONIO GAMONEDA
(De ‘Sublevación inmóvil’)