tsotsil

Un texto de Antonio Gamoneda sobre la poeta Ámbar Past en la revista mexicana “La Otra” (2014)

Ámbar Past,
cantos y conjuros

[“El gran poeta español Antonio Gamoneda, premio Cervantes de Literatura, envía esta nota exclusiva para La Otra en la que nos habla de la palabra florida que habita en esta también poeta de origen estadounidense pero con residencia en el mundo indígena de Chiapas, Ámbar Past.”]

AMBAR PAST EN SU POESÍA Y EN LA FRATERNIDAD TSOTSIL

Por ANTONIO GAMONEDA
[Texto publicado en la revista mexicana de poesía “La Otra” el 14 de agosto de 2014]

Ámbar, Ámbar Past. Quizá de raíces polacas, quizá de nacimiento norteamericano, no lo sé bien. Sí sé, pude saber (hace ¿siete, ocho años?, en días en que Víctor Manuel Mendiola me tuvo invitado a un inolvidable festival poético en San Cristóbal de las Casas), otras causas, potencias y circunstancias de Ámbar.

Supe de la existencia de Ámbar y de la existencia de su poesía. No fue poco. Pero el tiempo (le estoy muy agradecido al tiempo por lo que a Ámbar Past concierne) me ha ido procurando otras emocionantes sabidurías. Algo quiero decir de  las tales antes de referirme a la más reciente poesía de Ámbar, que ésta, su más reciente poesía, es el motivo central, ya que no único, de este escrito. De este escrito que, libros aparte, creo que es el primero que en mi vida ofrezco a las prensas iberoamericanas.

Ámbar vive en San Cristóbal, donde coordina las humildes y magníficas ediciones del Taller Leñateros; del Taller que merece un serio estudio de su significación editorial –de su cultura editorial, podría decir–, y también una estimación más justa y retribuyente de su tarea. Ámbar vive en San Cristóbal, sí, pero hay que añadir velozmente que su vida se proyecta en los espacios chiapanecos en que es más evidente, asociada a la pobreza, una cultura propia, sagrada o mágica, me da lo mismo: Chalchihuitán, Huixtán, Pantelhó, Chamula… En estos y en otros pueblos semejantes, mujeres y hombres tsotsiles son poseedores de la “palabra florida”, de los conjuros y cantos ofrecidos, que “alimentan” a los dioses y que los dioses corresponden protegiendo a los tsotsiles en su cada día. Así, la “palabra florida” existe y se canta “para que la lagartija no coma el frijol, para pedir la mano de una mujer, para que no venga el ejército, para que el murciélago no muerda al borrego, para no tener que robar…”. Hasta “para vender Pexi Cola” (sic). ¿Grotesco o maravilloso el sincretismo que dispone conjuros “para vender Pexi Cola”? El más inteligente y furioso creacionismo europeo no  alcanzaría una obra poética con grado semejante, que en las vanguardias europeas no están los dioses –incluidos el Dios o los dioses vétero y neo testamentarios– que sí están en la poesía tsotsil.

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