“El abrazo contrario”, un libro de poemas de Rafael Saravia con frontispicio de Gamoneda

El próximo jueves 28 de septiembre, en el Palacio del Conde Luna (León), se presentará el libro de poesía “El abrazo contrario” (Bartleby Editores), del escritor leonés Rafael Saravia, en el que se incluye un frontispicio (o prólogo) de Antonio Gamoneda. En la presentación, a las 20,15 horas, intervendrán Rafael Saravia, Antonio Gamoneda y Juan Carlos Pajares.

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Fragmento de una entrevista del periodista Emilio Gancedo con el poeta Rafael Saravia:

E. G. —¿Qué supone para usted que Gamoneda haya hecho el frontispicio de ‘El abrazo contrario’?

R. S. —Antonio Gamoneda es uno de los referentes en mis lecturas de todos los tiempos. Ha sido junto a poetas como Vallejo, Claudio o Valente un pilar que soporta mucho de lo que yo entiendo por escritura total. El hecho de conocerle, compartir inquietudes y abrazar una amistad con él, ha supuesto algo importantísimo para mí. Este frontispicio es un regalo que me enriquece y emociona a partes iguales. Muestra la gran generosidad de Antonio y su espíritu combativo a pesar de —o precisamente por— la ironía y sus fronteras.

(Tomado de “La poesía es un gran acto de insurgencia”, una entrevista de Emilio Gancedo con Rafael Saravia en Diario de León  publicada el 3-9-2017)

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Gamoneda, invitado a la Feria del Libro de Pereira (Colombia), del 3 al 8 de octubre de 2017

Más de 30 escritores de Risaralda, Colombia y el mundo participarán desde el 3 al 8 de octubre en la tercera edición de la Feria Internacional del Libro de Pereira “Paisaje, Café y Libro”, que se celebrará en el Centro de Convenciones Expofuturo.

Como en anteriores ediciones, la feria contará con la presencia de destacados escritores a nivel mundial, nacional y local. Para este año están invitados los escritores internacionales Antonio Gamoneda (España), Gabriela Aleman (Ecuador) y Rodrigo Rey Rosa (Guatemala). Por Colombia acudirán escritores reconocidos como Alfredo Molano, Jorge Franco, William Ospina, Pilar Quintana, Gilmer Mesa, entre otros.

Pereira es un municipio colombiano, capital del departamento de Risaralda. Es la ciudad más poblada de la región del eje cafetero y la segunda más poblada de la región paisa, después de Medellín. Está ubicada en la región centro-occidente del país, en el valle del río Otún, en la Cordillera Central de los Andes colombianos.

El presupuesto para esta tercera edición de la Feria del Libro será de 200 millones de dólares, y se espera la asistencia de 12.000 espectadores.

Más información:

“Hay una luz que camina”, un texto de Juan Carlos Mestre para el libro “Veo la luz” de Amando Casado y Antonio Gamoneda

Una de las fotografías de Amando Casado, con fragmento poématico de Gamoneda, en el libro “Veo la luz”.

Portada del libro.

VEO LA LUZ
Amando Casado (fotografías)
y Antonio Gamoneda (fragmentos poemáticos)
Eolas Editorial, León, 2011

Nota: El volumen incluye, a modo de prólogos, textos de Juan Carlos Mestre, Luis Grau Lobo, Eloísa Otero y Roberto Castrillo. El libro también se acompaña de un DVD, “Veo la luz en el Camino”, con fotografías de Amando Casado, fragmentos poemáticos recitados por Gamoneda y música de Senén García García de Longoria.

Este texto de Juan Carlos Mestre es uno de los que aparecen incluidos en las primeras páginas del volumen:

HAY UNA LUZ QUE CAMINA

Por JUAN CARLOS MESTRE

Hay una luz que camina y está empapada por la velocidad de las lágrimas que le confidencia la sombra que marcha a su lado. Es la luz que coincide con el ángulo de la vibraciones donde la noche da su razón a la conciencia del sueño. Es entonces la luz insistente de los sueños la que entra en la mirada del otro, el que bajo el estallido de la tormenta, sobre los barros convivientes de su soledad, ante los hierros de la imaginación del futuro, hace visible la esperanza del antifilósofo y el fracaso del mágico. Es la luz abierta contra la penumbra que amenaza el encierro, la dignidad de los caminantes descalzos atraídos por algún tipo de pensamiento magnético.

Es la luz de la imposibilidad, por eso es también la luz de la creencia de cuanto no encuentra reposo: la propia búsqueda, las campanas de invierno donde aún resuenan las voces de los maltratados por la lógica del último siglo. Son las claridades que madura la luz, el fruto que justifica la inmovilidad del árbol y el pararrayos de los límites. Una luz hecha de substancias oscuras como el perdón que abre con sus llaves de lluvia las huellas hacia las nervaduras de la catedral o el castillo de naipes.

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“El pensamiento luminoso”, un texto de Eloísa Otero para el libro “Veo la luz” de Amando Casado y Antonio Gamoneda

Portada del libro.

VEO LA LUZ
Amando Casado (fotografías)
y Antonio Gamoneda (fragmentos poemáticos)
Eolas Editorial, León, 2011

Nota: El volumen incluye, a modo de prólogos, textos de Juan Carlos Mestre, Luis Grau Lobo, Eloísa Otero y Roberto Castrillo. El libro también se acompaña de un DVD, “Veo la luz en el Camino”, con fotografías de Amando Casado, fragmentos poemáticos recitados por Gamoneda y música de Senén García García de Longoria.

Este texto de Eloísa Otero es uno de los que aparecen incluidos en las primeras páginas del volumen:

EL PENSAMIENTO LUMINOSO

Por ELOÍSA OTERO

¿Cada instante del universo entraña su propia historia?

“La vida es un extraño viaje desde la inexistencia hacia la inexistencia” dice Gamoneda, el poeta de la luz, el mismo que afirma que él nunca sabe lo que sabe hasta que no se lo dicen sus propias palabras.

La realidad se puede descomponer en múltiples realidades simultáneas. Si la cámara es la pluma del fotógrafo, las fotografías son su voz y su mirada, lugar de encuentro. El fotógrafo capta el reflejo de algo que existió en algún punto del espacio-tiempo. Pero lo que queda de ese momento, su memoria impresa, no es más que el reflejo de la materia en un instante vital irrepetible y único.

Entre todos los caminos de la vida, hay uno que cuenta de verdad. En él las preguntas te llevarán mucho más lejos que tus pies, aunque calces botas de siete leguas.

Día tras día, mientras el dolorido cuerpo se abre al paso con el talón en pura boja, cada instante se suma a su relato. De noche, bajo la luz de estrellas extinguidas hace miles de años, hay un algo intangible que aletea interfiriendo en la interpretación sentimental de las imágenes, desafiando al mero entendimiento sensorial.

Música, pálpito, huellas espectrales. Sobre el papel emulsionado emerge el alma contenida de la materia y de las cosas. Los petroglifos, antiquísimas piedras escritas, invitan a reinterpretar los derroteros.

Y en el camino surge, de pronto, la iluminación: este libro es el relato de una búsqueda, pero también la construcción de un pensamiento. Como Gamoneda, Amando Casado se extravía en la luz, tanteando otra verdad distinta a la que se ilumina en primer término, otra verdad contenida. (“La luz es para todos los hombres. / También la tierra lo será algún día. / Si tu pensamiento es libre como la luz / que tus manos sean generosas como la tierra”).

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“Placer sin esperanza” / Reseña de “Esta luz. Poesía reunida (1947-2004)” / Por Eduardo Moga (2005)

Placer sin esperanza

Por EDUARDO MOGA
(Reseña del libro Esta luz. Poesía reunida (1947-2004), de Antonio Gamoneda, publicada en la revista Letras Libres el 28 febrero 2005)

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) es, junto con Manuel Álvarez Ortega, el mejor poeta español vivo. Su irrupción en la poesía española se produjo tardíamente, con la publicación de Descripción de la mentira en 1977, aunque su definitiva consagración no llegó hasta mediados de los años ochenta, con la concesión del Premio Castilla y León de las Letras en 1985 y la publicación de Blues castellano (1982), Lápidas (1987) y, sobre todo, Edad (1987), una primera y decisiva recopilación de su poesía, en edición de Miguel Casado. Aparece ahora Esta luz. Poesía reunida (1947-2004), en la que, a lo compendiado en Edad, se añaden los poemarios mayores que Gamoneda ha publicado desde entonces: Libro del frío (1992), Arden las pérdidas (2003) y Cecilia (2004), así como sus “mudanzas”, esto es, reelaboraciones propias de textos ajenos —de Nazim Hikmet, Trakl o Mallarmé, entre otros—. El epílogo, extenso y ejemplar, de Esta luz corre de nuevo a cargo de Miguel Casado, uno de los mejores conocedores de la poesía gamonediana, y a él hay que acudir para identificar algunos de sus rasgos esenciales: su carácter autobiográfico, que explica su impregnación social y su compromiso obrero y antifranquista; y su condición de poesía brotada de la conciencia de la muerte.

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“Un armario lleno de sombra”, de Antonio Gamoneda, por Eduardo Moga (2009)

Portada de “Un armario lleno de sombra”.

Un armario lleno de sombra,
de Antonio Gamoneda

Por EDUARDO MOGA
(Reseña publicada en la revista Letras Libres, el 31 de julio de 2009)

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) ha cultivado poco la prosa: sólo Libro de los venenos (1995), una enjundiosa y polifónica recreación de un antiguo tratado farmacológico, y El cuerpo de los símbolos (1997), un conjunto de escuetas pero clarividentes reflexiones sobre poetas y pintores. Un armario lleno de sombra es, en rigor, su primer proyecto narrativo, aunque sea ajeno a la ficción, como reconoce el propio Gamoneda, y lo invada, a menudo, el pensamiento poético. Se trata de una autobiografía de la infancia, que comprende desde los primeros recuerdos hasta que cumple catorce años, ese periodo auroral en que se acumulan los acontecimientos raigales y se define la personalidad. Aunque Un armario lleno de sombra es un relato –así lo define su autor en varias ocasiones–, sus conexiones con la poesía de Gamoneda son evidentes. De entrada, contiene sucesos que han inspirado poemas en muchos de sus libros, y sobre todo en Lápidas (1986), cuya tercera sección es una autobiografía lírica. Los barrios, oficios y personajes que recorren este poemario asoman ahora despojados de su sustancia lírica y expuestos con la austeridad informativa de quien contempla y transcribe. En Lápidas dice Gamoneda: “Se iluminan pómulos, lágrimas negras de ferroviarios”; y en Un armario lleno de sombra: “Sobre su rostro, vi lágrimas negras; lágrimas de ferroviarios”. También menudean las remisiones explícitas a lo escrito en sus libros de poesía: al describir a las viejas vendedoras de la plaza del Grano, de León, Gamoneda señala: “Entrada la tarde (así lo digo de ellas en Lápidas), ‘recobraban el fardo inútil para regresar, madres del miércoles, al país desolado de los censos’”; un poco más adelante, identifica a alguien llamado Jorge Pedrero como “el vigilante de la nieve”, es decir, quien da título y sostén a la segunda sección de Libro del frío (1992). Me parece advertir en este constante y deliberado hermanamiento entre su relato y su poesía la voluntad de ejemplificar lo que ha expuesto en El cuerpo de los símbolos a cuenta de la condición de poeta irracional que, perezosa o despectivamente, le han endilgado algunos. Gamoneda sostiene que el presunto hermetismo de sus poemas se corresponde estrictamente con lo real: “La realidad es simbólica y yo soy un poeta realista, porque los símbolos están verdadera y físicamente en mi vida. […] Cuando digo: ‘esta casa estuvo dedicada a la labranza y la muerte’, hay aparición de símbolos, sí, pero sucede, además que esta casa estuvo realmente dedicada a la labranza y la muerte”. Los símbolos en la poesía de Gamoneda son disémicos, tal como los ha definido Carlos Bousoño en Teoría de la expresión poética: “Aquéllos en los que, además del sentido irracional, oculto para la mente [hay] otro sentido, éste lógico: el manifestado, de un modo directo o indirecto, por su literalidad”.

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“Metonimia”, un artículo de José Antonio Llamas sobre el encuentro con Gamoneda en el Museo de la Minería de Sabero

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El poeta leonés José Antonio Llamas ha publicado este artículo en La Nueva Crónica tras el encuentro con Antonio Gamoneda que tuvo lugar en el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León (ubicado en la localidad leonesa de Sabero), el pasado 18 de agosto de 2017, moderado por Ernesto Escapa, dentro del programa promovido por la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León “Los Mejores de los Nuestros”.

Metonimia

Por JOSÉ ANTONIO LLAMAS

José Antonio Llamas.

Yo no sé lo que es la metonimia, declaraba Antonio Gamoneda, en el MSM de Sabero la tarde del viernes, 18 de agosto, cuando Ernesto Escapa le recordaba sus primeros logros literarios en aquel León de mediados del pasado siglo, cuando era tan difícil compaginar poesía y verdad y los escritores recurrían a toda clase de recursos a guisa de trampas intentando burlar la pericia de una censura brutal.

Las dificultades de ‘Blues castellano’ coincidieron con la revista Claraboya (1963-1968) en cuyas páginas iban apareciendo anticipos que eran como trallazos que resonaban en la oscuridad. Agustín Delgado, diez años más joven, fustigaba el panorama literario y denunciaba la poesía oficial, acomodaticia y falta de alma, que abundaba hasta el hartazgo y proponía como modelos a quienes ya nada tenían que decir. César Vallejo era y seguiría siendo un modelo a seguir, como declara Gamoneda en el turno de ruegos y preguntas posterior.

Pero llegó 1977, y en la ‘Descripción de la mentira’ el poeta quiso y supo ir por derecho hacia una escritura limpia, nacida del claro manantial de la voluntad de denuncia de la opresión. «Estamos en un momento de confidencias. Los años de plomo terminaron por pasar. Pero mi vocación de pobre y provinciano no ha cedido un punto, y aquí estoy». Las 89 pts. de 1945 como meritorio en Banesto y los juegos florales para poder bailar con la reina de la fiesta y llevar a casa cuatro perras para ayudar a la madre costurera fraguaron un poeta comprometido con la realidad. También otro de los grandes leoneses, Ramón Carnicer, hubo de pasar su etapa de meritorio. Los tiempos eran así.

«Primero la vida y luego la poesía». Pero, lo más grande estaba por llegar, y Escapa lo va desgranando mientras la tarde se va apoderando de las altas naves de la vieja herrería de San Blas, en la que el cronista vio combates de lucha libre y Julio Llamazares jugaba al baloncesto con 25 años de por medio y con la obra del maestro Gamoneda instalada ya en el reconocimiento general. ‘Edad’, ‘Descripción de la mentira’, ‘El libro de los venenos’.

¿Y, en qué andamos ahora, maestro? En el segundo libro de memorias, que sigue a ‘Un armario lleno de sombras’ y que abarca desde el primer día de trabajo hasta el último día de soltero. 170 folios llevamos ya. Y el público, que abarrota la sala, le tributa una larguísima ovación que él recoge con la galanura de un Don Juan que ha bailado con la Reina de verdad. ¿Y, de la metonimia, qué?

Qué voy a decirte, Llamas, que tú no sepas ya.