Hugo Padeletti redescubriendo a Gamoneda: “Es humano, profundo y bello” (2015)

Hugo Padeletti.

Haz un click para leer la entrevista completa con Hugo Padeletti en Clarín.com

Extracto de una entrevista con el poeta y pintor argentino Hugo Padeletti,
publicada en Clarín.com / Revista Ñ el 17/02/2015.

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* Fallecido a comienzos de 2018, días antes de cumplir 90 años, el poeta y pintor argentino Hugo Padeletti, (Alcorta 1928 – Buenos Aires 2018) le dijo a Ángel Berlanga en una entrevista: “A lo largo de mi vida he tenido distintos grados de inspiración. ¿A qué le llamo inspiración? A estados internos en que parece que la inteligencia, la sensibilidad, la memoria, se iluminan y suben un montón de escalones, que unas veces son más y otras menos”.

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Laurence Breysse-Chanet presenta en Madrid su libro “Redes azules bajo los párpados. Hacia el pensamiento rítmico de Antonio Gamoneda”

Presentación del libro:
Redes azules bajo los párpados.
Hacia el pensamiento rítmico de Antonio Gamoneda
de Laurence Breysse-Chanet.
Prólogo de Miguel Casado.
Paris, Éditions Hispaniques, 2018.

Lunes 8 de abril de 2019, 19:30 horas.
Sala de Juntas, Círculo de Bellas Artes, Madrid.
Estarán, junto a la autora, Antonio Gamoneda y Miguel Casado.

Laurence Breysse-Chanet es catedrática de literatura española en la Universidad de la Sorbona. Investigadora y traductora, su trabajo se ha dirigido a la poesía contemporánea en español; coordina en París el seminario interuniversitario PIAL (Poesía ibérica y de América Latina). Ha publicado En la memoria del aire. Poesía y poética de Manuel Altolaguirre (2005), y recibió en 2010 el Premio de traducción Nelly Sachs por su versión de Don de la ebriedad, de Claudio Rodríguez. También poeta ella misma, ha publicado Limons (Variations), en 2014.

Del prólogo:

“Mientras leo Redes azules bajo los párpados, el poderoso texto de Laurence Breysse-Chanet, pienso en el trabajo del crítico de poesía –en especial, del crítico de poesía contemporánea– y me viene una imagen: el crítico propone una vía propia para leer a un poeta, como las que abren los alpinistas en sus escaladas; quizá ya habían subido otros allí, o al menos habrían subido a los picos vecinos, pero el propósito es abrir una vía nueva para llegar a la cumbre: una ruta singular, con sus características de escalada, el grado de dificultad, el predominio de ciertas técnicas, los componentes renovados del riesgo (hacerlo en soledad o en grupo, en invierno o verano, con o sin oxígeno…). Una vez abierta la vía, la recorrerán seguramente otros, críticos y lectores, seguirán la propuesta con sus variaciones, sean rodeos o atajos, y sentirán por sí mismos la fuerza del lugar. No sé nada de montañismo, pero la imagen se me impone porque siento su precisión: hay en este libro una vía personal para leer a Antonio Gamoneda, una vía que no se había propuesto antes, y lo que podrá contemplarse desde ella, al recorrerla y reflexionar después, se mostrará también nuevo. Es seguramente lo máximo que puede decirse de un crítico.” / Miguel Casado

Carta abierta de Rodríguez Zapatero a Gamoneda (2007)

En esta fotografía tomada en 2007, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, junto a la ministra de Educación, Mercedes Cabrera, y el poeta Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2006, participan en los actos de la campaña “con-vive-con libros”, en la sede del Ministerio de Educación.

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[El 30 de abril de 2007, el diario El Mundo publicó esta carta de homenaje a Gamoneda escrita por el entonces presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, admirador confeso de Antonio Gamoneda y en concreto de su poema ‘Ferrocarril de Matallana’:]

Carta abierta a Antonio Gamoneda

Por JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO

Éste es un tren de campesinos viejos
y de mineros jóvenes. Aquí
hay algo desconocido.
Si supiésemos qué, algunos de
[nosotros
sentiríamos vergüenza, y otros
[esperanza.

He dicho, Poeta, que ‘Ferrocarril de Matallana’ es el mejor poema que he leído. Elijo, lo que, en este caso, es tan difícil como escribirte, en poco menos de dos folios, todo lo que quiero compartir contigo y con toda la ciudadanía leonesa en esta hora de inmensa alegría en la que, ya para siempre en la historia de los grandes acontecimientos culturales, eres Premio Cervantes, nuestro Premio Cervantes. Me gustaría que nuestros paisanos sintieran que estaban allí, acompañándote el día 23 de abril, en Alcalá de Henares, la casa familiar del inmortal autor del Quijote, oyéndote hablar de la pobreza como raíz, como entraña de la Poesía. La Pobreza tiene mucho que ver con el Amor y con la Solidaridad, así nos lo han enseñado filósofos y poetas; así, querido Antonio Gamoneda, nos lo ha enseñado a sentir, con convencimiento, nuestra tierra. Retomo estos versos de ‘Ferrocarril de Matallana’ y me dirijo a ti desde mi condición de presidente del Gobierno de España, agradeciéndote la coherencia moral, la valentía, y afianzando el cariño y la admiración que te tengo.

Es cierto que ‘en este tren’ de la vida conviven campesinos viejos, mineros jóvenes, personas que arriesgan su presente por un futuro de incertidumbre pero que, en tal sueño, ven una breve luz (¿tu ‘última flor ante el abismo’?); también están los hombres y las mujeres que, incluso, ignoran que tienen derecho a esa luz. Lo decías en el discurso del Premio Cervantes: la penuria tiene múltiples caras; por eso es tan necesaria la Poesía, para mostrar que la esperanza emanada de la posibilidad humana de imaginar y actuar, alumbra allí donde la miseria, en todas sus facetas, quiere imponerse como único destino.

La Poesía es un faro porque su cuerpo está constituido de la materia del sueño de la esperanza. Y ese sueño, déjame que me valga de tus afortunadas palabras, es tan ‘increíble’ como ‘cierto’.

Siempre dices, con la carga de profundidad simbólica y humana que te caracteriza, que aprendiste a leer en el único libro que había en tu casa, el libro cuyo autor, tu padre, era también Antonio Gamoneda. Lectura desde la orfandad, Antonio, que acabó siendo una cruenta experiencia social más allá de ti, en la que saberte un hombre huérfano de esperanza en tu ciudad, en tu país, en tu universo, hizo que despertaras —ésas son las lecciones impagables de los padres y de los maestros— al convencimiento de que la injusticia sólo trae dolor innecesario, tristezas y humillación.

Aprender a leer guiado por el mapa que trazan las palabras poéticas es estar aceptando un punto de vista en la existencia que exige tanta responsabilidad como empeño. Yo aprendí de ti, Maestro Gamoneda, que con el tren se aleja algo que es cierto aunque no puede ser pensado; es algo mío y no me pertenece. Está dentro y fuera de mi corazón: se llama Justicia, se llama Solidaridad. Se llama Verdad que, para hallarse, debe comenzar porque la mentira, que aleja a los seres humanos de la libertad y los hace temerosos, sea descrita.

Creo que el mejor modo de darte las gracias por tanta sabiduría como has ido dejando en tus libros, como has de seguir dejando mucho tiempo, es leerte, es invitar a que te lean. Ahora que, además, se da la circunstancia entrañable de que el poeta Antonio Gamoneda es ya, para el mundo, Premio Cervantes desde León: León universal, como nuestro Poeta.

“El León de Antonio Gamoneda”, un artículo de Dasso Saldívar (2000)

Gamoneda en el patio de su casa.

El León de Antonio Gamoneda

La memoria y la obra del poeta Antonio Gamoneda, Premio Nacional de poesía en 1988, tienen sus claves profundas en un largo viaje a través de su ciudad, León. Éste es un recorrido por una ciudad y un poeta, guiados ambos por el silencio.

Por DASSO SALDÍVAR *
Publicado en El País, el 22 de agosto de 2000

El día en León es un asunto que se decanta claramente en el cielo. Puede amanecer con niebla o con nubes, pero hay una brocha invisible que trabaja sin descanso hasta que, hacia las tres o cuatro de la tarde, fija en el firmamento un azul perfecto y sedante. Es el momento en que todo, todo lo que cabe dentro del día, queda como transfigurado. Uno se pregunta entonces si es esa luz o es el tiempo aposentado, o las dos cosas a la vez, lo que le confiere una belleza diáfana y serena a la milenaria ciudad de León. En algunos de sus libros, Antonio Gamoneda ha venido dejando avisos para caminantes: Si de la suave mano de la noche / llegas a este lugar, oh caminante, cuida tu corazón. Yo te lo aviso / porque el aire peligra de belleza.

Habíamos llegado de la mano acaso más segura de la tarde, pero pronto nos dimos cuenta de que el peligro era mayor, pues el lugar donde más acecha la belleza y el silencio puede dejarlo a uno aturdido, es esa inmensidad sagrada de la catedral a las seis de la tarde, cuando el viajero se interna en un bosque gótico con sol propio que estalla en figuras multicolores. Luego, al anochecer, aquella euritmia de arbotantes, hastiales, botareles, ventanales, rosetones y pináculos se enciende por fuera en toda su plenitud, se eleva sobre la ciudad y se adueña de la noche.

Viéndola así, con su ingravidez y su palidez lunar, se hace evidente que la catedral es el gran espectáculo arquitectónico, estético y espiritual que llena el espacio de León y algo más: su ámbito sagrado y su sombra gótica bañan el espíritu de todos los leoneses.

Muy cerca, prácticamente a sus pies (en una prolongación de la Fundación Sierra-Pambley), vive Antonio Gamoneda, que se confiesa hechizado, y no sólo en sus versos, por el mejor gótico de España. Caminante inveterado de León, puede decirse que la memoria y la obra del poeta, y aun su misma sensibilidad, tienen sus claves profundas en un largo viaje a través de la ciudad. Un viaje que es multiforme en el tiempo y que le ha ido dejando estratificaciones diversas en su edad: Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento. (más…)

Soneto de Gamoneda, dedicado al Castillo del Temple, en un libro de fotografías de Ángel Marcos

Este soneto de Antonio Gamoneda, titulado “Castillo del Temple en Ponferrada”, se puede leer en el libro “Noches de piedras y lunas”, con fotografías de Ángel Marcos de castillos de la provincia de Valladolid.

En este libro –editado por la Diputación de Valladolid y presentado a primeros de febrero de 2019– las fotos se alternan con textos y poemas de autores como Rosa Chacel, Francisco Pino, Juan Carlos Mestre, Antonio Colinas, Clara Janés, Luis Alberto de Cuenca o los Premios Cervantes José Jiménez Lozano y Antonio Gamoneda, entre otros.

Portada del libro.

El Norte de Castilla, 6 de febrero de 2019.

Dos artículos de FRANCISCO GARCÍA JURADO sobre “Gamoneda y Dioscórides”

El facsímil del Dioscórides y la portada del “Libro de los venenos” de Gamoneda, donde podemos observar una ilustración compartida.

“Llegué la obra de Antonio Gamoneda gracias a una circunstancia concreta. Allá por el año de 1995, tuve noticia, mientras escuchaba un programa cultural emitido por Radio Nacional de España, de que se había publicado una bella y extraña obra titulada Libro de los venenos en la editorial Siruela. Se trataba de algo radicalmente extraño y diferente, en buena medida inclasificable dentro de los géneros literarios al uso, nada menos que una “corrupción y fábula” elaborada a partir de un antiguo libro de ciencia, y esta rareza me cautivó.

(…) Me resultó un hecho sumamente fascinante que un poeta a quien aún no conocía bien, Antonio Gamoneda, se inspirara en un viejo libro de medicina como éste para componer una extraña obra lírica que, al mismo tiempo, contiene ciertos elementos de literatura de bibliófilo. Este tipo de relecturas a partir de obras de la Antigüedad en clave de nuevas e inusitadas miradas ya lo han hecho anteriormente grandes autores como Jorge Luis Borges o Italo Calvino, que releen los textos de la Historia natural de Plinio el Viejo como si de un relato fantástico se tratara.

Según confiesa el propio Gamoneda, la razón de ser de esta obra vino impuesta por Jacobo Siruela, tras una conversación con el propio poeta acerca de estos raros y recónditos asuntos que terminan convirtiendo los antiguos nombres de venenos en pura poesía. (…)”

Fragmento de (haz un click:)  “Antonio Gamoneda y Dioscórides: antigua ciencia convertida en materia poética”, un artículo de FRANCISCO GARCÍA JURADO, catedrático de Filología Latina (Universidad Complutense de Madrid).

También puedes leer otro artículo del mismo autor:

Una niña ilustra “Nadie en la senda”, un pequeño poema de Gamoneda

Una niña (desconocemos su nombre) ilustró así el siguiente poema de Antonio Gamoneda:

Nadie en la senda

Hay un anciano ante una senda vacía. Nadie regresa de la
ciudad lejana; sólo el viento sobre las últimas huellas.

Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento.

(De Libro del frío, 1986-1992, 1998 y 2004)