El niño que persigue a GAMONEDA

Antonio Gamoneda en una fotografía de Jesús F. Salvadores (Diario de León).

Antonio Gamoneda en una fotografía de Jesús F. Salvadores (Diario de León).

[Reproducimos un artículo publicado en Diario de León el 5 de mayo de 2016].

Por VERÓNICA VIÑAS

A Gamoneda siempre le ha perseguido la niñez. Partiendo de esa premisa y del encargo de hacer una antología que la editorial Calambur encomendó a su hija Amelia —profesora de Literatura Francesa y autora de ensayos como Marguerite Duras. La textura del deseo— llega ahora Niñez. El autor de Lápidas, «sin escurrir el bulto», prefiere ceder todo el protagonismo del libro a su hija. «Fue ella quien escogió los textos que estaban en otro contexto y los ordenó a su manera, que no es casual, sino siguiendo un proyecto significativo. Seguramente, no sólo ha buscado mi niñez», asegura el premio Cervantes leonés.

«El editor me propuso hacer una antología de mi padre y yo decidí el asunto y el enfoque», cuenta Amelia. «Hablar de la niñez de mi padre tenía sentido no sólo porque soy su hija, sino porque tiene suficientemente escrito y porque es una época que ha marcado su poesía y su vida». Y se remonta la autora de Niñez a la abuela, la mujer que huyendo de la Guerra Civil recaló en un León terrible y represivo con un pequeño que vería desde el balcón de su casa del Crucero desfilar a los presos camino del campo de concentración en que se convirtió San Marcos. «La niñez de mi padre era, en su boca, una colección de escuetas escenas… Para ella su hijo era un absoluto sin adjetivos, un ser blanqueado como un ángel por el amor materno», anticipa en el prólogo.

Amelia monta un sistema de recurrencias que permiten al lector deslizarse de unos textos a otros, de Lápidas a Edad o Un armario lleno de sombra. La hija de Gamoneda tira de un hilo que le conduce hasta «esa desconocida niñez» del padre.

Reconoce que hay episodios en Un armario lleno de sombra de los nunca había tenido noción. «Quiero decir que, desde el punto de vista de la información, mis ventajas de hija-antóloga son más limitadas de lo que cabría suponer». A pesar de conocer profundamente tanto al hombre como al escritor, ha hecho Amelia otro descubrimiento: «Hay más reflejos de él en mí de lo que esperaba».

La autora ha dividido el libro en tres partes: Manos, balcones (manos de la madre y balcones del niño que se asoma al mundo), donde hay más atmósferas que episodios; El resplandor en la sombra, que alude al recuerdo siempre presente que la niñez tiene en la vida adulta del poeta; y En otro pensamiento o la permanencia del poeta en los seres amados.

Portada de la antología "Niñez" (Calambur Ed.).

Portada de la antología “Niñez” (Calambur Ed.).

 

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